Unión pasó del cielo al infierno; la “rompió” en el inicio, pero se “quebró” en el final
Jugó un primer tiempo brillante, Independiente recobró vida en el final del primero y en el arranque del segundo, achicó el resultado, Merlos le dio un penal por un agarrón de los muchos que existen en todos los partidos y adicionó un tiempo exagerado en el final. Fue un partidazo. El resultado debió ser otro.
Cuesta creer lo que le pasó a Unión. Pasó de jugar un primer tiempo notable, marcando territorio y superioridad evidente sobre un Independienteconfundido, desbordado e insultado por su gente, a un final en el que no logró cerrar el partido. Merlos aportó lo suyo con un penal a Avalos de los muchos agarrones que existen en el fútbol y que los árbitros nunca cobran, para permitirle a Independiente que le quede vida, después de haber sufrido horrores en ese primer tiempo notable de Unión. Y luego, el tiempo que adicionó al reglamentario. Exagerado; y que le permitió a Independiente llegar a ese empate que no mereció de ninguna manera.
Fue paseo lo de Unión en el primer tiempo. Los hinchas de Independiente despidieron con insultos y silbidos a los jugadores, más allá de que el gol de Pusetto en el final lo dejó con vida, después de haber sufrido horrores ante la superioridad generalizada de Unión, que jugó una etapa inicial casi perfecta. Y si no alcanzó el calificativo de la perfección, fue porque en el cierre llegó ese gol de Independiente. Solamente por eso.
En todos los aspectos del juego fue superior Unión. Marcó claras diferencias físicas; recuperó la pelota y en dos o tres toques generó una jugada de ataque. Fue contundente. Marcó tres goles y uno que le anularon por una posición adelantada muy finita de Tarragona, que fue el encargado de pivotear y servirle la pelota a Palacios, que colocó la pelota junto al palo derecho de Rey. Era el 3 a 0 que le negó el VAR, luego del claro penal de Marcone a Profini (otra vez de gran partido) que convirtió Tarragona y el gol de Cuello, en una arremetida estupenda para empujar la pelota al fondo del arco luego de una buena jugada por derecha que no pudo ser resuelta por los defensores de Independiente, que dejaron la pelota sobre la línea del arco y no pudieron evitar que Cuello la empujara al fondo del mismo.
Es muy difícil quedarse con una figura cuando la figura fue el equipo. Sensacional lo de Unión por donde se lo mire, con una claridad conceptual y una convicción para imponerse que minimizó por completo a un Independiente superado, perdido y confundido. El tercer gol de Unión fue de una calidad excepcional por la manera en que se gestó. La inició Palacios, la siguió Profini colocando la pelota al espacio que se fabricó Del Blanco ante un descolocado Godoy, con una definición extraordinaria del lateral rojiblanco, picando la pelota ante la salida de Rey.
Foto: Juan Manuel Foglia
El 3 a 0 definía claramente lo que pasaba en el campo de juego; el “hipotético” 4 a 0 (por el gol anulado a Palacios) no estaba de más. El 3 a 1 con el que se fueron al descanso, redujo las cifras del resultado e instalaron una sensación de injusticia, dándole supuesta vida a un Independiente que se fue abucheado por sus hinchas, que apenas festejaron el gol y sentenciaron con el repudio la gran decepción. No fue solo culpa de Independiente. Hubo un claro mérito de Unión, que lo sometió en un primer tiempo de “película”.
Sin embargo, el fútbol tiene de estas cosas. Como para darle la razón a los que dicen que el fútbol es un estado de ánimo, porque en un abrir y cerrar de ojos, entre el gol de Pusseto en tiempo de descuento y el tempranero penal que le cobraron a Unión (empujón a Avalos de los que abundan en los partidos y generalmente no se cobran), llegó el 3-2 mentiroso que le dio ánimo a Unión. Ya la superioridad de Unión no se hizo tan evidente y la gente de Independiente dejó los insultos de lado, al menos por un rato.
Era una prueba de valor para Unión. Y en eso también respondió el equipo, porque la sensación de todos era que el 3 a 2, aún siendo a favor de Unión, era inmerecido. Por eso, el gol de Maizon Rodríguez fue el premio a la voluntad inquebrantable de la visita para seguir yendo al frente en búsqueda del arco de Rey. Y el uruguayo conectó de zurda un córner de Del Blanco, para poner el 4 a 2 que remarcaba la diferencia en el trámite que había entre uno y otro equipo. Diferencia que se achicó otra vez con una nueva jugada de pelota quieta y el cabezazo de Avalos para meter el 4 a 3.
Partidazo. Pero diferencia que no reflejaba lo que estaba pasando en el trámite.
Foto: Juan Manuel Foglia
Pasados los 25 minutos, Madelón metió las dos primeras modificaciones. Bruno Pittón entró para jugar de lateral por izquierda en lugar de Cuello, pasando Del Blanco al mediocampo hasta que no dio más, pidió el cambio e ingresó Fragapane. Ya por ese sector, el derecho del ataque de Independiente, empezaba a amenazar la presencia de Montiel. Otro de los que Madelón mandó a la cancha fue Solari, en lugar de un Palacios de gran trabajo. Y en los minutos finales, decidió el debut de Menossi por un ya cansado Tarragona, fortificando el sector central del mediocampo con tres volantes centrales.
No lo aguantó Unión. Mansilla tapó un mano a mano y parecía que en esa jugada se le terminaban las aspiraciones a Independiente. Sin embargo, Independiente se aprovechó del retroceso final de Unión y de la cantidad de minutos que había otorgado Merlos, para empatar el partido con un cabezazo de Fedorco desde lejos que se le metió por arriba a Mansilla.
Fue un partidazo con todas las letras, pero a Unión le quedó la amarga sensación de dos puntos perdidos. Haber jugado tan bien el primer tiempo, sacando una ventaja de tres goles en el resultado, no podía terminar como terminó: en un empate. Unión vio las dos caras del fútbol, la del floreo inicial con 45 minutos casi de lujo, y la desazón del final, cuando no supo o no pudo sostener el resultado a su favor, conformándose con un punto que desmerece el nivel que tuvo el equipo, sobre todo en el primer tiempo.