El penal que vio Penel para Unión, un
“offside” dudoso y el cambio de decisión
No fue, precisamente, la jugada en la que debió recurrir al VAR sino la clara infracción de Gill a Tarragona que el árbitro vio, pero que luego dio marcha atrás por un offside demasiado finito y discutible.
El excelente registro gráfico de Matías Pintos, que muestra el preciso instante de la infracción del arquero Gill a Tarragona. El asistente estaba decidido a cobrar un offside muy dudoso.
Julián Palacios armó la jugada por el “callejón del 8”, Cristian Tarragona se le abrió al costado y la habilitación de su compañero le llegó en forma perfecta. El delantero de Unión quiso dejar en el camino a Gill de San Lorenzo, enganchando hacia adentro y fue derribado, pero la pelota salió hacia donde estaba Cuello y el remate se estrelló increíblemente en el travesaño desde una inmejorable posición.
Ariel Penel venía siguiendo bien de cerca la jugada y no dudó en marcar la pena máxima, pero enseguida cambió la decisión y levantó el brazo decretando la posición adelantada de Tarragona, con la bandera levantada del juez de línea.
La jugada se revisó y el VAR le dio la derecha al asistente, pero la realidad fue que cuando la pelota partió de los pies de Palacios, la posición de Tarragona no era lo suficientemente clara para que el offside se convierta en indiscutido. Fue muy controvertida esa decisión, aunque lo que vio Penel fue muy clarito: la infracción de Gill sobre Tarragona existió y así lo puede testificar El Litoral con el excelente y preciso registro fotográfico de Matías Pintos.
Esta jugada fue, inclusive, mucho más clara a favor de Unión que la del penal que cobró Penel por una supuesta mano y el VAR lo llamó para que observe la jugada y llegue luego a la conclusión de que vio algo que no existió, por lo que decidió el bote a tierra con el que se reanudó el juego.
El árbitro Ariel Penel este viernes. Foto: Matías Pintos
La de Tarragona fue una de las ocho o nueve situaciones muy claras que tuvo Unión para convertir ese gol que se le negó durante los 90 minutos y que mereció largamente pero que no supo concretar en los hechos.
Y esa jugada se armó a partir de un jugador como Julián Palacios, que se convirtió, luego de Del Blanco, en el mejor jugador de Unión, aportando claridad, buen manejo de pelota y generosidad en el despliegue. Así lo vio Madelón, que esta vez no lo sacó apresuradamente ni fue el primer elemento de recambio, sino que lo aguantó hasta casi el final del partido, cuando ya las piernas no le respondían después de semejante sacrificio físico.