Córdoba está otra vez en el horizonte de Unión, igual que lo que ocurrió el sábado en Mendoza. En aquella oportunidad, en la caital cuyana, el recuerdo imborrable de aquel gol de Clotet que fue el principio de la gesta del 96, que aún permanece inmóvil en el recuerdo de los tatengues. Y esta pujante ciudad, que recibió al plantel rojiblanco en el mediodía de un domingo luminoso y plenamente otoñal, también forma parte de ese arcón de hitos queridos, porque en ese mismo 1996, Unión logró el ascenso en la noche de Alta Córdoba ante Instituto.
Unión jugó su mejor partido ante el peor rival y en el mejor momento
En un “mata mata” decisivo, de visitante, ante el equipo que más creció en el fútbol argentino (Independiente Rivadavia) y que llevaba 11 partidos invicto. En ese contexto, fue lo mejor que se le vio al Unión de Madelón. Pero la historia sigue.

Unión jugó el sábado, en Mendoza, el mejor partido del torneo de la Liga Profesional, en el momento indicado y ante el rival más complicado que le podía tocar. De aquella dependencia de un resultado, como era el de Defensa y Justicia ante Gimnasia de Mendoza para llegar a esta instancia final del torneo, Unión pasó a convertirse en un equipo fuerte, robusto, que defendió como debía defender, jugó el partido como lo tenía que jugar y fue todo lo contundente que en algún momento se le reclamó, más allá de que si algo no se le reprocha a este Unión de Madelón, es su propuesta ofensiva y también la buena cantidad de goles marcados.
Era todo en contra lo que tenía. Un rival agrandado, bien construido por Berti, con figuras desequilibrantes como Villa, Sartori, Arce y Matías Fernández, que arrastraba un invicto de 11 partidos, líder absoluto en el fútbol de Primera y ya clasificado para octavos de final de la Libertadores, con tres triunfos (todos juntos y en el debut copero) y un empate.
Había que hacer un partido casi perfecto
¿Qué debía hacer Unión?, un partido casi perfecto. ¿Qué hizo Unión?, un partido casi perfecto. Sobre todo, porque tomó al pie de la letra las dos cuestiones en las que no podía fallar: ser sólido defensivamente para que el rival (el más goleador del fútbol argentino), no lo sorprenda; y ser contundente arriba, desperdiciando lo menos posible. Y así fue el partido. Ni más ni menos. A diferencia de otros partidos, Unión tuvo la pelota menos tiempo que el rival. Pero supo cómo utilizarla y también cómo lastimarlo. Prueba evidente fue que cuando Tarragona, en el inicio del segundo tiempo, convierte el segundo, Unión había llegado tres veces al arco de Bolcato, pero le había marcado ya dos goles.
Cuesta encontrar, en este contexto, una figura que haya sobresalido sobre el resto. Los centrales jugaron muy bien todo el partido, Vargas se encargó bien de Villa y hasta se animó a pasar con decisión al ataque en dos o tres ocasiones, Del Blanco volvió a ser el jugador diferente aún “bancándose” a Matías Fernández, que se le puso adelante y en algunas ocasiones lo encaró con esa habilidad y rapidez que lo destaca. En el medio, el equipo empezó a crecer luego del vendaval mendocino del comienzo, a partir de que Mauro Pittón se adueñó del mediocampo, Profini tuvo pasajes muy buenos y un desgaste físico sin renunciamientos, más el aporte tremendamente valioso de los dos volantes laterales (otra vez Palacios en un muy buen partido y Cuello también, hasta marcando un golazo y sufriendo un claro penal que Lobo Medina ignoró).
Y arriba, ese voluntarismo tremendo de Estigarribia y Tarragona, que no tuvieron una buena semana porque estuvieron lesionados (¿o están?) pero no quisieron perderse el partido, aguantaron sin estar en un 100 por ciento (quizás ni siquiera en un 80) y Tarragona volvió a dejar en claro su gran importancia, porque se volvió a anotar en la red rival con una definición de alta calidad después de un pase fenomenal de Del Blanco.

Consultaba en el aeropuerto de Mendoza, antes de viajar a esta capital cordobesa, al “Moncho” Ruiz, uno de los colaboradores directos de Madelón, y le preguntaba si en algún momento del partido pensaron en armar línea de cinco, teniendo en cuenta la cantidad sideral de centros que llovían sobre el área de Mansilla. La respuesta no se dejó esperar: “Antes del partido lo veíamos como una posibilidad, en el partido no porque nos dimos cuenta enseguida que el equipo se acomodó bien cuando entró Corvalán y seguimos con cuatro”. ¿Qué hizo Madelón?, puso gente más capacitada para el juego aéreo defensivo (Corvalán) y mandó unos metros arriba a Del Blanco. “Veíamos que necesitábamos alguien que ‘rompiera’ con velocidad cuando salíamos de contragolpe. Y Mateo lo podía hacer”. De hecho así fue en la jugada del gol que le anularon y que iba a ser cobrado si Tarragona tocaba la pelota, por aquello que El Litoral explicó del “principio de inmediatez”.
El único de la zona A "con vida"
Unión fue el único club de la zona A que pasó a esta instancia de cuartos de final (los otros siete de estos cuartos de final son de la zona B). Y desde hace décadas (hay que remontarse a los viejos nacionales) que no consigue ingresar en esta fase de cuartos, aunque en el 78 fue semifinalista y en el 79 finalista (sus dos mejores actuaciones en Primera junto con el Metropolitano de 1978 en el que peleó el título hasta el final con Quilmes y Boca). Pero al margen de eso, Unión demostró cabalmente que ahora empezó “otro torneo”. El fútbol no es lógico, pero las localías valen y los antecedentes también. Unión hizo estragos con esto y superó – con justicia y merecimientos – a un rival que lo aventajaba en todo y que se había convertido en plenamente favorito en los papeles previos.
“El jugador de fútbol tiene miedo a tres cosas: a lesionarse, a perder y al fracaso”, me decía el licenciado Pablo Sucarrat, justamente el sicólogo del plantel de Belgrano, el rival de este martes a las 19. ¿A lesionarse?, Tarragona y Estigarribia no le tuvieron miedo y jugaron como si no tuvieran nada; ¿a perder?, evidentemente este equipo de Madelón juega con más ganas de ganar que miedo a perder; y eso es lo que le lleva a darse cuenta de que la gloria es demasiado tentadora como para andar deteniéndose en la posibilidad del fracaso. Y así juega.
Se viene Belgrano, sin un jugador clave como Passerini pero agrandado por haber ganado el clásico ante 50.000 hinchas que le gritaban en contra. Partidos son partidos, pero hay algo que Unión no debe perder de vista: que su forma de jugar lo trajo hasta esta instancia. Al estilo, le acomodó algunas formas, como crecer en solidez defensiva y no perdonar arriba. Con eso, le ganó al mejor equipo del fútbol argentino de la actualidad. Como dijo Madelón, parafraseando al propio Berti, “hay que creérsela”. Y con humildad, pero con firmeza, Unión se la cree.









