Habló Madelón y también habló Tarragona. Técnico y capitán fueron breves aunque contundentes. Los dos pidieron disculpas, los dos entendieron la reacción de la gente (que podría haber sido peor si Defensa convertía alguna de las dos situaciones propicias del final del partido, que tapó Mansilla), los dos no buscaron excusas, aunque todavía subyace aquello de “plantel nuevo y jugadores que todavía se están conociendo”. Madelón dijo que ni renunciaba ni lo echaban, por lo que se encargó de echar por tierra cualquier especulación en cuanto a su continuidad: va a dirigir el partido con Riestra del lunes 19. Tarragona instó a “mirar cada uno para adentro y hacer una autocrítica” (¿sólo los jugadores o alguien más?), “bancó” a Madelón, calificó de “horrible” la situación y habló del objetivo de entrar entre los ocho del Reducido, algo que cada día parece alejarse más con tantos resultados negativos.
Unión, Madelón, Tarragona, charla grupal y el respaldo en el peor de los momentos
Técnico y capitán expresaron, para afuera, la sensación de culpa y compromiso unánime para revertir una situación delicada. Solo la espalda ancha del entrenador sostiene el duro momento y motiva la banca dirigencial.

Este fue, a grandes rasgos, el saldo de la jornada tan desapacible como negra que tuvo Unión ante un Defensa y Justicia que le ganó bien, que se aprovechó de las fragilidades que tiene este equipo, fue contundente y luego se cerró bien, mucho más cuando se quedó con un jugador menos por la expulsión de Sosa cuando faltaban algo más de 20 minutos (contando el descuento que otorgó Herrera).

Fue el partido con menor concurrencia de gente, muchos se fueron indiferentes y resignados, otros expresaron su ira y no se salvó nadie de la reprobación. Minutos después, en el mismo vestuario, Madelón se plantó ante los jugadores y una pregunta quedó flotando en el aire: “Muchachos, ¿soy yo el problema? Si es así, me lo dicen; si no, hagámonos más fuertes que nunca y tratemos de salir adelante. Estamos todos mal y dolidos, este club significa mucho para mí y también para ustedes. Unidos, es la única manera de salir adelante”, fueron, palabras más o menos, lo que el técnico expresó ante los jugadores, casi al mismo tiempo que la gente se iba masticando la bronca y la decepción por la nueva derrota.
Desde lo futbolístico, un montón de cuestiones para analizar en profundidad y que no encuentran solución. En los últimos tres partidos pasó exactamente lo mismo: a Unión lo liquidan en un abrir y cerrar de ojos. Independiente le hizo dos goles en tres minutos; Boca en un par de minutos más y Defensa y Justicia lo liquidó en dos jugadas consecutivas y separadas, también, de dos o tres minutos. A Independiente lo iba ganando y se lo dieron vuelta; con Boca iba perdiendo por la mínima diferencia y lo pulverizaron en ese final; con Defensa, en un partido parejo y con llegadas por parte de los dos (Unión tuvo dos mano a mano y un tiro libre en el travesaño mientras el partido estaba 0 a 0), el rival se encontró con dos chances que no desaprovechó. Y facturó.
Dio la sensación, en esa conferencia de prensa que fue monólogo, que apenas duró cinco minutos y en la que Madelón resolvió no contestar preguntas pero dijo todo lo que, seguramente, se le iba a consultar, que el entrenador eligió el atajo de no hablar demasiado, que el tiempo de las palabras se acabó, que había que cortar de cuajo con la usina de rumores que se iba a levantar en torno a su continuidad y que contaba con el respaldo dirigencial y también de sus jugadores.

La irregularidad se apoderó de este equipo. Pensar que Unión goleó a los dos equipos que son la sensación del torneo (Instituto y Sarmiento de Junín). Como viene ocurriendo desde hace 18 o 19 partidos, le convierten goles. Y el problema ahora, es que no los concreta en el arco rival. Se le mojó la pólvora a Tarragona, pero también el resto entró en ese apuro, imprecisión e impotencia de los malos momentos. Madelón comparó este momento con aquel que vivió en el 2018, que no fueron cuatro derrotas sino tres y allí llegó la recuperación. Cuatro derrotas solamente se acumularon cuando el técnico era Munúa (perdió tres y lo despidieron) y el interinato de un partido de Mosset hasta que tomó las riendas el Gallego Méndez.
Quedan cuatro partidos que aparecen complicados, en el horizonte, por esa fragilidad que muestra Unión, que hoy lo convierte en un equipo muy poco confiable. Riestra y Newell’s serán los de visitante, Estudiantes y Vélez los de local. El humor de la gente dependerá de los resultados, como siempre, aunque los objetivos se están desvaneciendo. Ya resulta una quimera la chance de la Sudamericana, por más que haya corrimientos y cupos liberados para los equipos que vienen debajo del que ocupa el décimo puesto (justamente Defensa y Justicia, su vencedor del viernes). Y clasificar para el Reducido también es una “empresa complicadísima”, salvo que los resultados se reviertan como Unión supo hacerlo cuando llegó muy presionado a aquel encuentro con Aldosivi en Mar del Plata, la tarde que encadenó la primera de las tres victorias consecutivas.
Las patas de la mesa deben estar más fuertes que nunca, porque, si no, se va a caer. Las tres principales son: dirigentes, cuerpo técnico y jugadores. La otra, la del hincha, la deben sostener las otras tres hasta que los resultados la afirmen.









