“Siempre quiero a un Unión que compita para arriba. El país está complicado y sé que el club también está complicado. Yo no me puedo poner en la billetera del club y pedir. Sé que Unión tiene mucho dinero por cobrar, pero que no se cobra. Llevo 254 partidos en Unión, la gente me conoce y yo los conozco. Ahora hay que pensar, hacer una autocrítica, mirar para adentro y reconocer los errores que pude haber cometido”, dijo Leo Madelón el viernes pasado en Rosario, todavía con el dolor de la eliminación muy fresco y a flor de piel. El fue responsable de que la gente se ilusione y, como habitualmente ocurre en el fútbol, cuando esa ilusión se desvanece con la derrota, llega inevitablemente la frustración por haberse quedado en el camino.
Unión, Spahn, Madelón y aquella frase de Berti: “Hay que creérsela”
Al técnico lo fueron a buscar, hace un año, para que salve la categoría. Clasificó en los dos torneos y en el último lo eliminó el campeón. Los últimos dos mercados fueron austeros, habrá que ver el que viene, con ventas que seguramente se producirán.

El fútbol tiene ese componente pasional que es imposible descartar. Y más que Madelón, el verdadero análisis lo debe hacer la dirigencia de Unión. Y lo primero que se debe preguntar Luis Spahn, el presidente que está a días de cumplir 17 años como principal dirigente del club, es qué se hizo bien, qué se hizo mal y qué está faltando para que la aspiración de llegar a lo más alto (que se supone que él la debe tener) no se haya podido concretar en tanto tiempo al frente de la institución.
A Madelón, Spahn lo fue a buscar cuando el proceso de Cristian González, enmarcado en un estadio de confusión generalizada del entrenador, había llegado a su fin y se despidió luego de aquel encuentro con Defensa y Justicia en Florencio Varela. Spahn lo fue a buscar porque era fines de abril o principios de mayo, se acercaban las elecciones, el panorama electoral era muy parejo con Desvaux y su gente, y la posición del equipo en la tabla anual resultaba extremadamente preocupante y peligrosa.
Un año que fue en ascenso, pero...
De allí en más, Madelón dirigió 42 encuentros. En los cuatro primeros no pudo ganar, ya que empató con Belgrano en el último partido del Apertura 2025, perdió con Palestino, con Mushuc Runa y empató con Cruzeiro en los de la Copa Sudamericana. Y recién allí pudo empezar el proceso de recuperación futbolística, sin tener la posibilidad de contar con una chequera abierta como la tuvo el Kily, medio año antes, para armar el plantel.
En el Clausura 2025, el equipo ganó 6 partidos, empató 7 y perdió 4. Sacó 25 puntos, salió segundo en la zona y quedó eliminado de local ante Gimnasia en los play off, cuando tenía una llave en la que luego debía chocar con Barracas Central y con Estudiantes, siempre jugando en condición de local. Cosechó el 49.01 % de los puntos. Pero lo más importante fue que cumplió con el objetivo de mantener la categoría, porque a eso lo fueron a buscar.
Luego llegó el Apertura 2026 y una campaña súper pareja: ganó 6, empató 6 y perdió 6. Sacó 24 puntos, que totalizaron el 44.44 % de eficacia. Entró octavo y le tocó jugar contra el mejor equipo del torneo: Independiente Rivadavia de Mendoza. Le ganó y metió un batacazo. Le alcanzó solo para eso. Después, la imagen se desinfló por completo y un Unión desteñido fue ampliamente superado por el equipo que, a la postre, fue campeón (Belgrano de Córdoba). Con los saldos y retazos fue a Rosario a enfrentar a Independiente. En 20 minutos lo liquidaron: dos goles de tiro libre y la expulsión de Maizon Rodríguez. Y chau Copa Argentina, un “karma” para Unión desde que la juega.
Los números totales dicen que Madelón, en esta última etapa, dirigió a Unión en 42 partidos, con 13 victorias, 17 empates y 12 derrotas, alcanzando el 44,44 por ciento de efectividad. Metió al equipo en los dos play off de los torneos que jugó en el plano local, consiguió el objetivo por el que lo fueron a buscar (salvar el año pasado la categoría), hizo de Unión un equipo competitivo pero con poco resto. Se notó demasiado este año, donde la grieta entre titulares y suplentes se hizo grande. A los once que entraban, se le podía agregar uno o dos más que aparecieron con una respuesta satisfactoria que hizo dudar al técnico. Por ejemplo, Ludueña aprovechó al máximo su momento y se metió en el equipo, dejando a Fascendini relegado al banco de suplentes, cuando el año pasado era un titular indiscutido en el esquema y la confianza del entrenador. Y el propio Madelón lo dejó traslucir, a esa grieta, cuando el viernes en Rosario dijo que el equipo había extrañado las ausencias de Estigarribia y Cuello.
Hay que "morir en el intento"
Madelón lo conoce muy bien a Spahn. Sabe cómo piensa y hasta donde está en condiciones de pedirle, de exigirle y de encontrar respuestas que lo satisfagan. Ser campeón, para clubes como Unión, no es un objetivo en sí mismo sino una aspiración. Pero para que esa aspiración tenga base, hay que hacer cosas que Unión, hasta ahora, no hizo. Está a la vista.
Madelón sacó a relucir, hace poco, una frase que no le pertenece y que la dijo Alfredo Berti, el técnico de Independiente Rivadavia: “Hay que creérsela”. Es posible que a todos, en Unión, les falte esa convicción para ir subiendo escalones y no quedarse a mitad de camino. Madelón mismo debe pensar, en este momento de reflexión, que si logró clasificar al equipo en dos ocasiones, una quedándose afuera en octavos y la otra llegando a cuartos, ¿por qué no pensar en que se puede pensar en algo mejor si esta vez estuvo tan cerca?









