Hay lugares de Santa Fe que fueron pensados para el agua. Reservorios, bajos, bordes de ríos y terrenos que, ante una crecida o una lluvia extraordinaria, cumplen una función decisiva para evitar que el agua avance sobre las zonas habitadas.
Antes y después: así fue el avance de los asentamientos en zonas de riesgo hídrico de Santa Fe
Un informe compara imágenes satelitales de 2019 y 2025 y muestra cómo volvieron a ocuparse reservorios y sectores ubicados fuera de las defensas. En varios de esos lugares, las familias habían sido relocalizadas durante la década pasada.

Durante la década pasada, además, varios de esos espacios fueron liberados de viviendas. Familias que vivían allí fueron relocalizadas, se construyeron casas en terrenos más seguros y, en algunos casos, se realizaron obras para marcar el límite entre la ciudad y los reservorios.
Las imágenes de 2019 muestran ese resultado.
Las de 2025 muestran otra cosa.
En distintos puntos de Santa Fe, los mismos territorios que seis años atrás aparecían despejados vuelven a exhibir techos, construcciones y asentamientos. En algunos casos son viviendas precarias; en otros, edificaciones de mayor tamaño. El fenómeno se repite en el oeste, el noreste y la zona costera de la ciudad.
El Litoral dio cuenta de ello en un primer informe elaborado por Luciano Andreychuk, publicado este fin de semana. Ahora, estas fotografías lo refuerzan, y muestran con elocuencia los datos.

El contraste forma parte del informe “Hacia una Santa Fe resiliente. Avances y retrocesos en asentamientos de riesgo hídrico”, elaborado por SEMBRAR – Centro de Estudios y el equipo del diputado José Corral, con coordinación del exconcejal Carlos Pereira.
El trabajo repasa las políticas de relocalización implementadas durante la década pasada y releva la situación actual de asentamientos y ocupaciones en reservorios y sectores ubicados por fuera de los terraplenes de defensa.
La comparación de las fotografías satelitales permite observar, de manera casi documental, cómo esos territorios fueron cambiando.
Cuando el reservorio vuelve a ser un lugar para vivir
Uno de los casos más claros está en Padre Atilio Rosso.
A partir de 2012, el Municipio trabajó junto al Movimiento Los Sin Techo para sacar a las familias que habitaban dentro del reservorio. Se extrajo suelo para elevar los terrenos destinados a las nuevas viviendas y se ejecutaron calles, cordón cuneta y veredas. La intervención permitió conformar un borde urbano a una altura considerada segura y, al mismo tiempo, delimitar el reservorio.
Unas 80 familias fueron relocalizadas.
La imagen satelital de 2019 muestra el resultado: el reservorio había quedado libre de viviendas.
Seis años después, la imagen es diferente. El informe señala que, a partir de 2020, comenzaron nuevas ocupaciones y que actualmente más de 60 familias viven dentro del reservorio en condiciones muy precarias.
Padre Atilio Rosso
2019: el reservorio, luego de la relocalización de unas 80 familias, aparece sin construcciones. 2025: el mismo sector vuelve a mostrar numerosas viviendas y asentamientos.
Barranquitas Sur: 50 familias relocalizadas y otras 60 asentadas
En Barranquitas Sur se produjo una situación similar.
La comparación 2019-2025 muestra el regreso de construcciones al reservorio que había quedado libre luego del proceso de relocalización.
Desde 2016 se había desarrollado un proceso de relocalización de familias que vivían en el reservorio. El Municipio realizó tareas de extracción de suelo y alteo de los terrenos donde se construyeron las viviendas, además de infraestructura urbana, iluminación, agua potable y una calle-costanera para cerrar la trama urbana.
Cerca de 50 familias fueron trasladadas.
En 2019, según el informe, el reservorio aparecía sin construcciones.
La imagen de 2025 vuelve a mostrar ocupación. El relevamiento estima que unas 60 familias se encuentran actualmente asentadas en ese reservorio.
Pro Mejoras Barranquitas: el mismo fenómeno, a pocos metros
En Pro Mejoras Barranquitas, el proceso de relocalización comenzó en 2017. Se realizaron trabajos de excavación y alteo de tierras, se construyó una calle-costanera y se incorporó infraestructura urbana.
Unas 60 familias fueron relocalizadas y el reservorio quedó libre de intrusiones.
Pero a partir de 2020 comenzó nuevamente la ocupación irregular.
Actualmente, el informe estima que más de 50 familias viven en el reservorio. La comparación de las imágenes también permite observar nuevas viviendas en sectores que no estaban ocupados en 2019.
El propio relevamiento señala que, en una manzana ubicada al norte y ya elevada en 2019, posteriormente se continuaron construyendo viviendas para unas 20 familias. Además, identifica otras viviendas ubicadas al norte de esa manzana como asentamientos en zona de riesgo hídrico.
2019: el reservorio había quedado liberado. 2025: aparecen nuevas construcciones y más de medio centenar de familias asentadas en el sector.
Del último rancho a 15 asentamientos en Bajo Judiciales
El cambio también se observa en los reservorios del noreste, en el sector conocido como Bajo Judiciales.
Durante la década pasada se construyeron 60 viviendas en Nueva Esperanza Este para familias que vivían en los reservorios de Bajo Judiciales y en Playa Norte. A esas relocalizaciones se sumaron otras 22 realizadas en 2009.
El resultado podía verse en 2019: había quedado solamente una construcción precaria sin relocalizar.
En 2025, el informe identifica unos 15 asentamientos en zona de riesgo.
De una única construcción precaria que permanecía en 2019 a unos 15 asentamientos identificados actualmente en el sector.
El riesgo también creció junto al Salado
El fenómeno no se limita a los reservorios.
En las tierras ubicadas alrededor del ex Frigorífico Municipal, al sur de la continuación de Teniente Loza y hacia el oeste del establecimiento, existen asentamientos por fuera del anillo de defensas del oeste de la ciudad.
Es un sector ubicado en el valle de inundación del río Salado, por lo que resulta afectado por las crecidas del río.
Para resolver esa situación, desde 2017 se construyó el barrio Jesuitas, con 140 viviendas destinadas a familias asentadas en el entorno del ex Frigorífico y a otras familias del barrio Loyola.
Hacia 2019, todas las familias que se encontraban en situación de riesgo en la zona del ex Frigorífico habían sido trasladadas.
Después volvió a empezar el proceso de ocupación.
El informe estima que actualmente unas 40 familias viven allí en forma irregular.
La zona había quedado liberada de las familias en situación de riesgo hacia 2019. En 2025, el relevamiento estima unas 40 familias asentadas nuevamente en forma irregular.
Alto Verde: construir donde el agua necesita espacio
En Alto Verde, las nuevas ocupaciones avanzaron hacia el este del distrito costero, por fuera del anillo de defensa.
El informe contabiliza más de 30 familias viviendo en situación de riesgo a lo largo del recorrido de la defensa.
Pero el relevamiento advierte además sobre construcciones dentro del anillo, en el sector del canal o reservorio próximo a la estación de bombeo. La ocupación de ese espacio reduce su capacidad para contener líquidos pluviales y, al mismo tiempo, coloca a quienes viven allí en una situación de vulnerabilidad.
Las imágenes de 2019 y 2025 permiten identificar nuevas construcciones tanto fuera del anillo de defensa como en sectores destinados al manejo de los excedentes pluviales.
Colastiné: viviendas precarias, casas de fin de semana y piletas
En Colastiné, el fenómeno adquiere otra característica.
Las nuevas construcciones aparecen en sectores ubicados por fuera del anillo de defensa, particularmente hacia el este, sobre la costa del río Colastiné.
No todas tienen las mismas características. El informe identifica tanto viviendas precarias habitadas por familias como construcciones de dimensiones importantes, algunas incluso con piletas, utilizadas como casas de fin de semana.
En el sector ubicado aproximadamente entre Las Macluras y Los Algarrobos, el relevamiento identifica unas 25 construcciones por fuera del anillo de defensas. El número, aclara, es mayor si se considera toda la extensión de Colastiné. También registra algunas ocupaciones hacia el oeste, sobre la laguna Setúbal.
La comparación de las imágenes evidencia la aparición de nuevas construcciones por fuera del anillo de defensa. El informe identifica unas 25 en uno de los sectores relevados.
El mapa que dejan las imágenes
El informe no plantea que Santa Fe haya retrocedido en todos los frentes. Por el contrario, destaca que la ciudad realizó importantes obras estructurales para disminuir el impacto de las crecidas y las precipitaciones intensas, y sostiene que esas intervenciones redujeron las posibilidades de inundaciones y evacuaciones masivas como las de 2003 y 2007.
Pero advierte sobre una contradicción: mientras se construyó infraestructura para proteger a la ciudad del agua y se desarrollaron políticas para sacar a las familias de los sectores más expuestos, algunos de esos mismos territorios volvieron a ser ocupados.
La conclusión del trabajo es directa: evitar la radicación de familias en zonas inundables y relocalizar a quienes ya viven allí son políticas centrales para reducir el riesgo hídrico.

Durante la década pasada, sostiene el informe, hubo experiencias exitosas de reubicación en Padre Atilio Rosso, Barranquitas Sur, Barranquitas Oeste, Bajo Judiciales, Playa Norte y el entorno del ex Frigorífico Municipal.
El problema posterior fue sostener esos territorios libres de nuevas ocupaciones.
Por eso, el informe propone volver a poner en marcha políticas de relocalización y construir una estrategia de largo plazo. En ese sentido, considera positivo el reciente anuncio municipal sobre el reinicio de las obras de alteo y delimitación de una calle de cierre con los reservorios de Barranquitas Sur, destinadas a reubicar a las familias que actualmente viven allí en situación de vulnerabilidad hídrica.
Las imágenes de 2019 y 2025 funcionan, en ese contexto, como algo más que una comparación fotográfica. Son dos momentos de un mismo territorio.
En 2019, los reservorios aparecen despejados después de años de relocalizaciones. En 2025, vuelven a llenarse de construcciones.
Entre una imagen y otra transcurrieron seis años. Y en ese período, según el informe, el desafío de Santa Fe volvió a ser el mismo: evitar que las zonas destinadas a recibir el agua terminen convertidas nuevamente en lugares para vivir.

Qué dice la Municipalidad
Las actuales autoridades municipalidades manejan la misma información. Saben que muchas familias ocuparon estos suelos en riesgo hídrico durante el último período de bajante histórica del río Paraná.
El dato que surge de un relevamiento municipal es contundente: unas 1.300 familias residen en áreas de riesgo hídrico, principalmente por fuera de los anillos de defensa, en sectores costeros, islas urbanas, zonas bajas y asentamientos informales. Si se toma una composición promedio de 3,5 integrantes por hogar, se trata de un universo aproximado de 4.500 personas. Sin embargo, no todas enfrentan la misma amenaza ni requerirían una evacuación ante una eventual crecida.
“Ese relevamiento nos arrojó una cifra aproximada de entre 1.300 familias, pero no todas hay que, ante una crecida, evacuar”, explicó a El Litoral el secretario de Desarrollo Urbano y Gestión Hídrica de la Municipalidad, Eduardo Rudi, en otra noticia publicada por El Litoral el 24 de junio pasado. El funcionario remarcó que, en muchos casos, la respuesta necesaria no es el traslado de las familias sino la asistencia para sostener la vida cotidiana en sectores que pueden quedar aislados.

Rudi describió a Santa Fe como una ciudad con una particularidad territorial extrema: “La ciudad tiene esta connotación en este porcentaje 70/30: 70% de isla y 30% de parte continental o áreas seguras”. En esa ecuación, sostuvo, “se cruzan factores ambientales, sociales y económicos que explican el crecimiento de asentamientos en sitios que no son aptos para consolidar viviendas permanentes”.
“Sumado a factores sociales, ambientales y también a la pobreza, hace que los asentamientos que están por fuera de las defensas vayan creciendo o que tengan una relevancia importante”, advirtió.
En ese contexto, la Municipalidad -junto a la Provincia- iniciaron un proceso de traslado de 53 familias que habitan hoy la zona de reservorios de Barranquitas Sur. Y este fin de semana, el gobernador Pullaro -junto al intendente Poletti y el senador Paco Garibaldi- anunció la realización del primer kilómetro de la futura Costanera del Salado, un proyecto que busca transformar progresivamente el borde oeste de la ciudad y generar una nueva conexión entre los barrios del sur y oeste, sus espacios públicos y el río Salado.








