"Juanito Laguna es un chico pobre, pero no un pobre chico. No es un vencido por las circunstancias, sino un ser lleno de vida y esperanzas que supera su miseria circunstancial porque intuye vivir en un mundo cargado de porvenir". Antonio Berni.
Juanito Laguna, el nene de la villa miseria que aprendió a leer en un cuadro de Berni
Con arpillera, costuras, metales y una escena cotidiana de chicos estudiando, el genial artista rosarino creó en los 60 una imagen que se integra a una serie que excede largamente la pintura para introducirse en lo social. El personaje de Juanito pasó a ser un arquetipo de la infancia pobre argentina y latinoamericana, todavía no superado.

La última entrega de "Obras que cuentan" estuvo dedicada a "Mujer desnuda dormida", del español Eduardo Rosales Gallinas, que el Museo Nacional de Bellas Artes conserva gracias a Jorge Larco. El artista la compró con lo recaudado en una muestra de 1960 y con la venta de algunos dibujos, con la intención de que pasara al patrimonio público.
La de hoy, la decimotercera, también parte, si se quiere, de una compra, aunque ocurrió bajo circunstancias totalmente diferentes. Fue con un pintor rosarino ya veterano (tenía 57 años), cuya proyección internacional se reforzó a partir de un premio que le resultó inesperado.
Era el año 1962 cuando la Bienal de Venecia le otorgó a Antonio Berni el Gran Premio de Grabado y Dibujo, y en agosto, un mes antes del cierre de la muestra, el museo mencionado ya tenía iniciados los trámites para comprar una de sus pinturas. La adquisición se concretaría en 1964.
Se trata de la desoladora "Juanito Laguna aprende a leer". Que, junto con "Pesadilla de los injustos", que ingresó hace poco a la colección del MNBA, forma el par de obras de Berni de los años 60 que integraron el envío argentino a Venecia y que hoy resguarda el museo.

Un pintor realista antes de Venecia
Berni había nacido en Rosario en 1905. A los 20 años obtuvo una beca del Jockey Club de su ciudad para estudiar en Europa, donde entró en contacto con las vanguardias del siglo XX. En 1932 expuso óleos, fotomontajes, collages y dibujos surrealistas en Amigos del Arte y fundó, con otros pintores, el grupo Nuevo Realismo.
La crisis del 30 marcó su obra y dio lugar a títulos hoy emblemáticos como "Manifestación", "Desocupados" y "Chacareros", demostraciones de su compromiso social. En 1943 recibió el Gran Premio de Honor del Salón Nacional, y en 1946 trabajó en los murales de las Galerías Pacífico junto a Spilimbergo, Castagnino, Urruchúa y Colmeiro.
Con ese recorrido a sus espaldas, llegó a 1962 como un pintor realista y comunista de larga trayectoria, pero no todavía como una figura de proyección internacional. Según Isabel Plante, autora del comentario alusivo a la obra en la página del museo, eso cambió con la premiación veneciana.
Cabe mencionar en este punto, algunos aspectos del contexto argentino, que influyeron en Berni. Para 1962, el país vivía en medio de la inestabilidad política, la conflictividad social y con crecientes dificultades económicas. La desigualdad, aunque no tan acentuada como en el presente, se hacía cada vez más visible en las grandes ciudades.

¿Cómo llegó Berni a Venecia?
La presencia del pintor rosarino en la delegación argentina tuvo como impulsor a Rafael Squirru, entonces director del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires y del área de Relaciones Culturales de la Cancillería. Squirru propuso incluirlo como invitado especial con veinte obras, cuando los demás integrantes del conjunto no pasaban de cinco.
El jurado de selección lo completaron Jorge Romero Brest, director del Museo Nacional de Bellas Artes hasta 1963, de quien hablamos recientemente en esta sección, y Ernesto B. Rodríguez, director de Enseñanza Artística del Ministerio de Educación y Justicia. Romero Brest integró además el jurado de premiación de esa edición de la Bienal.
La serie premiada estaba integrada por xilocollages sobre Juanito Laguna, y el museo eligió, para la compra, una pintura. Siempre según Plante, se gestionó una obra de mayor jerarquía "según una concepción tradicional y de mercado": una tela de tres metros en lugar de alguno de los grabados premiados, tal como ocurrió con la adquisición del Museo Municipal de Bellas Artes Castagnino, de Rosario.

Arpillera, cordones y un sol cuadrado
La pintura representa a tres niños sentados y a una niña de la misma edad que está de pie. Todos tienen lápices y cuadernos abiertos entre las manos y sus expresiones son de desaliento. El paisaje es escueto, armado con trozos irregulares de arpillera que están unidos con costuras gruesas.
En una especie de cielo cuelga un sol cuadrado ejecutado con piezas metálicas, sostenido por cordones acordes a la precariedad de la vivienda en la que, intuye el espectador, vive Juanito. Es interesante la metáfora, ya que la escena de aprendizaje se produce dentro de un espacio de remiendos. Los chicos hacen lo que pueden con lo que tienen a mano.
Villa miseria, chatarra y xilocollage
Berni presentó al personaje en la exposición “Berni en el tema de Juanito Laguna”, realizada en la galería Witcomb del 6 al 18 de noviembre de 1961, con tres óleos y nueve óleos-collages. El relato nacido allí, muy difundido, se prolongará hasta 1978, pocos años antes de la muerte del pintor.
La primera imagen conocida de Juanito, fechada en 1956, es una aguada de un niño delgado con un baldecito y una cacerola, “símbolos del juego y de las necesidades”, según María de la Paz López Carvajal. Berni retrató a muchos chicos durante sus viajes a Santiago del Estero y a los suburbios de Buenos Aires, pero solo a uno le puso nombre y apellido.

En 1958 y 1959 tomó fotos y apuntes en las villas miseria del Bajo de Flores, un sector del antiguo bañado donde antes había vaciaderos de basura. La expresión "villa miseria" había sido acuñada por Bernardo Verbitsky en 1957. Berni incorporó a sus cuadros los mismos materiales que se usaban para construir esas viviendas: chapas, cartones y maderas.
Lo dejó escrito. "Chatarras, rezagos viejos, cajones de embalajes, latas vacías, chapas en desuso, es el ámbito donde se integra y es prisionero Juanito Laguna". Y lo extendió a Ramona Montiel, su otra criatura, a cuyo mundo asociaba las puntillas, los nylons chillones y las falsas piedras.
En paralelo, Berni había desarrollado una innovación técnica en el campo del grabado: el xilocollage. ¿Cómo lo hacía? Básicamente, adhería objetos (metal, monedas, puntillas) sobre el taco de madera, de modo que, al entintarlo, la impresión conservara la huella de esos elementos, según explica el Museo Castagnino Macro de Rosario.
"Pesadilla de los injustos"
En 2009, el Museo Nacional de Bellas Artes sumó a su patrimonio "Pesadilla de los injustos o La conspiración del mundo de Juanito Laguna trastorna el sueño de los injustos", de 1961. Es un díptico de 300 por 403 centímetros y una de las tres pinturas de gran formato con que empieza la serie.

A diferencia del resto, no tiene materiales heterogéneos adheridos a la tela, pero sí chorreados color bermellón. Muestra un conjunto de figuras monstruosas y, en el centro, un robot sobre ruedas con una balanza de platos en la mano, símbolo de la justicia. Para Plante, la vigilancia de la igualdad queda así en manos de personajes inhumanos.
Los fundamentos de la adquisición señalan que la obra entabla diálogo con las de artistas informalistas y de la otra figuración que el museo reúne para los años 60. Permite, además, mostrar la vertiente narrativa, política y social de la serie junto con su línea de monstruos.
El niño que se volvió canción
Berni decía, con énfasis, que Juanito era "arquetipo de una realidad argentina y latinoamericana". Su alcance popular se puede mensurar, entre otras variables, por su impacto en la música. Una recopilación de canciones registradas en SADAIC reúne catorce títulos dedicados al personaje, y seis llevan fechas de registro de 1969 y 1970.
Entre ellos están "Juanito Laguna ayuda a su madre", de Horacio Ferrer y Astor Piazzolla, y "Juanito Laguna y el último payador", de Atahualpa Yupanqui y Oscar Valles y "El mundo prometido de Juanito Laguna", de Armando Tejada Gómez y César Isella.
Otro dato que demuestra la pregnancia de Juanito en la memoria colectiva se puede detectar en 2005, cuando la fundación De Todos para Todos inauguró en el Palais de Glace la muestra "Un cuadro para Juanito, 40 años después", con curaduría de Lily Berni, hija del pintor.
La fundación le pidió a veinte artistas que representaran las situaciones que afectaban a los chicos que podían ser los Juanito Laguna de ese momento histórico (y también del actual), como la explotación laboral infantil y la muerte prematura entre otras.
Además, según consta en un artículo de La Nación publicado en julio de ese año con la firma de Jorge Rouillon, la fundación compró cámaras descartables y se las entregó a chicos de comedores barriales, con una consigna simple: fotografiar lo que les llamara la atención del lugar donde vivían.
Las imágenes mostraron, entre otras cosas, a dos chicos sobre una cama con un osito, una casilla marcada con el número 18 y un patio de bloques sin revocar con baldes y latas. También a una nena haciendo la tarea, que es, prácticamente, un eco de la escena que Berni había pintado sobre arpillera en 1962. ¿El arte imita la vida o la vida imita el arte?








