Al igual que otros españoles de su generación, Juan Vergel llegó a la Argentina a principios de la década de 1950. Hacía apenas una década que había concluido la Guerra Civil y el país estaba sumido en un contexto muy difícil. La represión política, la pobreza y el aislamiento internacional eran notas salientes de la dictadura de Francisco Franco.
"Sueños que nacen del barro y su amasijo": la fauna fantástica del ceramista Juan Vergel
En octubre de 1976, hace 50 años, el artista presentó 80 piezas en el Museo Municipal de Artes Visuales de Santa Fe. El crítico Basilio Uribe encontró en sus figuras huellas de un pasado remoto, mientras que Jorge Taverna Irigoyen describió un mundo de sueños, metamorfosis y heridas abiertas.

Oriundo de Torrejoncillo, un municipio de la provincia de Cáceres, en la comunidad autónoma de Extremadura, Vergel terminó en Santa Fe. Luego de algunos años difíciles (algunas fuentes biográficas señalan que trabajó como lavacopas y vendedor de alfajores) se vinculó con artistas locales y las crónicas lo ubican entre los fundadores de El Galpón.

Comenzó así una carrera como ceramista que lo llevó a exponer en galerías y museos de todo el país. "Las piezas de Vergel no son complacientes ni simplemente decorativas. Las más características son tal vez, las máscaras trágicas, tremendas algunas, bellas todas, misteriosas", indica el portal Arte de la Argentina.
Seres del fondo de la historia
A finales de octubre de 1976, hace 50 años, Vergel realizó una exposición en el Museo Municipal de Artes Visuales, conformada por ochenta piezas realizadas entre 1975 y 1976. "El barro, su principal elemento, da cabida a la madera desgastada, al hierro de pátina oxidada y la comunicación con el espacio", afirmó El Litoral.

El catálogo de presentación de la muestra estuvo a cargo del crítico Basilio Uribe, ingeniero, poeta y uno de los mayores promotores del diseño en Argentina, destacado en su momento por la Fundación Konex. Desde su punto de vista, "las criaturas de Vergel vienen desde el fondo de la historia humana".
Una herida que no cicatriza
El 5 de noviembre, Jorge Taverna Irigoyen publicó una reseña en el diario donde afirmó que "una innumerable sucesión de sueños nutren las simbologías de Juan Vergel. Sueños que nacen del barro y su amasijo, que se levantan entre las llamas del fuego necesario, que abren ojos increíbles al sutil juego de los pigmentos".

"Ese mundo onírico: de a ratos morboso, cruel, abierto como una herida que no cicatrizará jamás, es el que a veces faculta al artista a cambiar ángeles por demonios o que le impulsa (en pareja lucha de instintos) a buscar una brutal metamorfosis en los cuerpos de las criaturas", indicó.
"Por encima de su discutible factura, las piezas de Vergel atraen poderosamente. Dejan algo en la imaginación del contemplador. A veces, golpean con sus formas rústicas, de cargado dramatismo, de alegórico trasfondo. A veces, llaman a la reflexión", subrayó luego.

"Una fauna fantástica, de aires apocalípticos, anuda y desata sus miembros de sugerente reciedumbre. Y los candiles con encapuchados y las ruedas y los engranajes, de pronto, dan lugar a que el rostro de un más allá remoto se asome para mirarnos", finalizó.
Vergel, que se ganó un lugar destacado en la plástica local junto a Raúl Cerdá, Alfredo D'Auria, Eva Perman, Juan Lazzarini, Artemio Alisio y Guillermo Lucero falleció en Santa Fe el 7 de febrero de 2001.








