La expansión de la carinata, la camelina y la colza en Argentina ya no responde únicamente a una búsqueda de diversificación agrícola. Detrás del crecimiento de estas oleaginosas invernales aparece un fenómeno mucho más amplio: la transición energética global y la creciente demanda de materias primas sostenibles para la elaboración de biocombustibles avanzados.
Carinata, camelina y colza: los cultivos que ganan terreno impulsados por los biocombustibles
Con contratos cerrados antes de la siembra, precios de referencia internacionales y una demanda global impulsada por la transición energética, la carinata, la camelina y la colza avanzan en el esquema agrícola argentino. Las oleaginosas invernales comienzan a consolidarse como una alternativa productiva vinculada al mercado de biocombustibles avanzados y combustibles sostenibles para aviación.

Un informe elaborado por especialistas de la Bolsa de Comercio de Rosario analiza cómo funcionan actualmente estas cadenas productivas, qué esquemas comerciales utilizan y cuáles son las perspectivas económicas e industriales que abren para el país.

A diferencia de cultivos tradicionales como la soja o el girasol, estas cadenas funcionan bajo un esquema altamente integrado. Empresas semilleras y desarrolladoras genéticas no sólo proveen la semilla, sino que además ofrecen asistencia técnica, financiamiento, certificaciones y garantizan la compra de la producción.
El modelo responde principalmente a las exigencias de trazabilidad y sustentabilidad que imponen los mercados energéticos internacionales, especialmente Europa y el sector aeronáutico.
Contratos previos y precios asegurados para reducir riesgos
Uno de los aspectos distintivos de estos cultivos es la modalidad contractual utilizada para organizar toda la cadena.
En la mayoría de los casos, el productor firma acuerdos antes de sembrar y conoce de antemano el esquema de comercialización y la referencia de precios que tendrá el cultivo una vez cosechado.
El objetivo es reducir la incertidumbre comercial en un mercado todavía emergente y altamente especializado.
En el caso de la colza y la carinata, los contratos toman como referencia el precio futuro de colza negociado en el mercado francés MATIF, aplicando descuentos previamente establecidos.
Para la camelina, la referencia utilizada surge del precio futuro de la soja en Chicago, al que actualmente se adiciona una prima cercana a los 75 dólares por tonelada.
Según datos de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca, los márgenes proyectados para la campaña 2025/26 muestran resultados positivos para los tres cultivos.

La colza aparece como la alternativa más rentable, con márgenes brutos estimados en 261,8 dólares por hectárea y rindes proyectados de 1,8 toneladas por hectárea en Buenos Aires y Entre Ríos.
La camelina muestra márgenes estimados de 143,6 dólares por hectárea, mientras que la carinata alcanza 103,7 dólares.
Sin embargo, referentes del sector aseguran que en condiciones favorables los rindes reales pueden superar ampliamente los valores utilizados en las estimaciones oficiales.
El crecimiento de la carinata y la camelina
Entre las tres oleaginosas, la carinata aparece hoy como uno de los cultivos con mayor nivel de integración internacional.
Actualmente, una sola empresa concentra el desarrollo genético de esta especie en Argentina y canaliza la producción hacia una multinacional energética vinculada a la elaboración de combustible sostenible para aviación (SAF), bajo contratos de abastecimiento vigentes hasta 2050.

Argentina ya es considerada el principal exportador mundial de carinata y gran parte de la producción se envía a Europa para su procesamiento industrial.
La camelina, por su parte, muestra un esquema más diversificado. Existen varios cultivares registrados y parte de la producción ya comienza a industrializarse en el país, generando aceite certificado para biocombustibles y harinas proteicas destinadas a alimentación animal.
En paralelo, la colza mantiene un esquema mixto, donde algunas empresas integran toda la cadena mediante contratos y otras permiten al productor comercializar libremente su cosecha.
Industrialización y agregado de valor
El avance de estas oleaginosas también comienza a movilizar inversiones industriales en Argentina.
Hasta ahora, gran parte de la producción se exportaba como grano sin procesar. Sin embargo, la instalación de nuevas plantas de crushing y refinación abre la posibilidad de avanzar hacia una mayor integración local de la cadena.
En enero de este año, una empresa del complejo agroexportador del Gran Rosario inauguró en Timbúes una línea industrial con capacidad para procesar hasta 3.000 toneladas diarias de camelina, carinata y canola.

El aceite obtenido podrá utilizarse tanto para exportación como para refinación en territorio argentino.
Además del aceite destinado a biocombustibles, estos cultivos generan subproductos de alto valor comercial. Las harinas proteicas obtenidas durante la molienda poseen altos niveles de proteína y pueden utilizarse en alimentación animal.
Certificaciones y sustentabilidad: la llave para ingresar a los mercados
El acceso a los mercados internacionales depende en gran medida de las certificaciones de sustentabilidad.
La Unión Europea exige que los biocombustibles utilizados para cumplir sus metas de reducción de emisiones provengan de materias primas certificadas y trazables.
Por ello, las cadenas de carinata, camelina y colza operan bajo estrictos protocolos ambientales que verifican origen, manejo productivo y reducción efectiva de emisiones de gases de efecto invernadero.
En carinata, por ejemplo, la certificación RSB es obligatoria y contempla auditorías permanentes y controles sobre el uso del suelo.

En camelina y colza predominan sistemas como 2BSvs e ISCC, requeridos especialmente para abastecer al mercado europeo.
Estos cultivos poseen además una ventaja estratégica adicional: están incluidos dentro del Anexo IX Parte A de la Directiva Europea de Energías Renovables, categoría que otorga la mayor prioridad regulatoria a los biocombustibles avanzados.
Un mercado con demanda creciente y fuerte potencial para Argentina
El crecimiento de la aviación sostenible aparece como uno de los principales motores de expansión para estas cadenas.
Organismos internacionales como la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA) y la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) impulsan objetivos de neutralidad de carbono y programas de compensación de emisiones que incrementan la demanda de combustibles sostenibles para aviación.

Ese escenario genera una demanda estructural creciente de aceites certificados y abre oportunidades para países productores como Argentina.
Especialistas del sector estiman que el país dispone de más de 10 millones de hectáreas aptas para el desarrollo de estas oleaginosas invernales.
Con infraestructura industrial en expansión, contratos ya operativos y demanda internacional insatisfecha, carinata, camelina y colza comienzan a perfilarse como una nueva oportunidad para diversificar la producción agrícola argentina y participar activamente de la transición energética global.








