La producción de girasol en Argentina alcanzará las 7,2 millones de toneladas, un volumen histórico que representa el máximo registro de las últimas diez campañas.

La campaña girasolera 2025/26 proyecta una producción récord de 7.200.000 toneladas a nivel país, la cifra más alta de la última década. El crecimiento responde a la expansión de la superficie implantada y a condiciones climáticas favorables, que acompañaron el desarrollo del cultivo en distintas regiones productivas.

La producción de girasol en Argentina alcanzará las 7,2 millones de toneladas, un volumen histórico que representa el máximo registro de las últimas diez campañas.
El dato surge de los relevamientos agrícolas que evidencian un incremento tanto en la superficie sembrada como en los rendimientos obtenidos en distintas zonas del país.

La campaña 2025/26 muestra una superficie implantada de 3,1 millones de hectáreas, lo que implica un crecimiento del 29,2% respecto del ciclo anterior y un aumento del 3,3% en comparación con la estimación del mes previo.
Esta expansión refleja la decisión de numerosos productores de apostar por la oleaginosa, acompañados por condiciones agronómicas favorables y un manejo adecuado de los cultivos.
En la campaña 2024/25 la superficie había sido de 2,4 millones de hectáreas, con una producción estimada en 5,6 millones de toneladas. El salto productivo para el ciclo actual responde, según los informes técnicos, a mejores rendimientos y a la recuperación de áreas destinadas al cultivo.
La cosecha avanza con un 38% de superficie trillada a nivel nacional, habiéndose completado las labores en sectores clave como la provincia de Provincia del Chaco, el oeste de la delegación de delegación Quimilí y el norte de la delegación de delegación Avellaneda.
En estas regiones se registraron rendimientos diferenciados: 26,5 quintales por hectárea en Chaco, 22 qq/ha en Quimilí y 16 qq/ha en el norte santafesino.
Las variaciones en los rindes se explican por condiciones agroclimáticas dispares.

En algunas áreas se detectaron excesos hídricos y problemas de planchado de suelos, mientras que en otras predominó el déficit de agua y el ataque de aves, factores que impactaron en la productividad.

Aun así, la mayoría de los lotes muestran un estado general bueno y transitan la etapa de llenado, sin reportes de problemas sanitarios significativos por plagas o enfermedades.
El crecimiento de la producción girasolera representa una señal positiva para el sector agrícola, no solo por el volumen alcanzado sino también por la consolidación de buenas prácticas de manejo.
La oleaginosa continúa posicionándose como un cultivo estratégico, con aporte al desarrollo regional y a la diversificación productiva.

Las perspectivas para el cierre de la campaña son favorables, aunque los técnicos remarcan la importancia de seguir monitoreando las condiciones climáticas y el avance de la cosecha para confirmar las proyecciones iniciales.
En un contexto de mercados dinámicos, el girasol vuelve a mostrar su relevancia dentro del mapa productivo argentino.