Mientras gran parte del agro argentino proyecta una campaña positiva para 2025/26, el sector manisero atraviesa una realidad diferente.
El maní ajusta área y producción tras alcanzar máximos históricos en la campaña 2024/25
Luego de alcanzar máximos históricos de producción, industrialización y exportaciones durante la campaña 2024/25, el complejo manisero argentino enfrenta un escenario de ajuste. La caída de los precios internacionales, el aumento de los costos productivos y algunas dificultades climáticas derivaron en una reducción de la superficie sembrada y una fuerte baja en las proyecciones de cosecha para 2025/26. Aun así, el país se mantiene entre los principales exportadores mundiales del producto.

Luego de dos años consecutivos de expansión que culminaron con registros históricos de siembra, producción, industrialización y exportaciones, el complejo comenzó a mostrar señales de desaceleración impulsadas principalmente por la caída de los precios internacionales.
Así lo señala un informe elaborado por la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), que advierte sobre una contracción de la actividad tras el extraordinario desempeño alcanzado durante la campaña 2024/25.
La producción de maní representa una de las economías regionales más importantes del país y tiene su epicentro en Córdoba, provincia que concentra alrededor del 75% de la producción nacional y prácticamente toda la capacidad industrial destinada al procesamiento del cultivo.

Gracias a la calidad del producto argentino, especialmente orientado al consumo humano, el país logró consolidarse entre los principales exportadores mundiales de maní.
Menos hectáreas sembradas y una cosecha significativamente menor
El principal indicador del cambio de tendencia aparece en la superficie implantada.
Según datos de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca, durante la campaña 2025/26 se sembraron unas 406.000 hectáreas, lo que representa una caída del 24% respecto del récord alcanzado el año anterior.
La retracción responde a una combinación de factores. Por un lado, la fuerte baja de los precios internacionales redujo la rentabilidad esperada del cultivo. Por otro, el incremento de los costos de producción y algunas condiciones climáticas adversas terminaron de condicionar las decisiones de siembra.
Como consecuencia, la producción nacional de maní se estima en 1,2 millones de toneladas, una cifra que implicaría una disminución interanual del 34%.
Se trataría de la caída más pronunciada de los últimos cinco años, incluso superior a la registrada durante la campaña 2022/23, cuando la sequía afectó severamente a gran parte del sector agrícola argentino.

No obstante, desde una perspectiva histórica, el volumen proyectado continúa ubicándose cerca de los niveles promedio observados antes del ciclo récord de 2024/25.
Los rindes también muestran una leve reducción. El promedio nacional se ubica en torno a los 30 quintales por hectárea, por debajo de los 32 quintales promedio de los últimos cinco años, debido principalmente a la escasez de precipitaciones durante etapas clave del verano.
De acuerdo con datos de la Cámara Argentina del Maní (CAM), aproximadamente el 63% de la producción se destina a exportaciones, mientras que un 16% se procesa industrialmente para la elaboración de aceite, pellets y expellers.
Una industria que agrega valor y genera divisas
El maní argentino posee una característica distintiva dentro de las economías regionales: gran parte de su producción se industrializa antes de llegar a los mercados internacionales.
La actividad industrial alcanzó niveles récord durante 2025, impulsada por la cosecha histórica y por medidas que favorecieron el agregado de valor, como la eliminación de los derechos de exportación para determinados subproductos derivados del procesamiento.
Durante ese año, la molienda industrial alcanzó máximos históricos en todas sus categorías. Sin embargo, para 2026 se proyecta una reducción cercana al 22%, con un volumen estimado de 206.000 toneladas, en línea con la menor disponibilidad de materia prima.

A pesar de esta baja, el complejo continúa destacándose por su capacidad de generar valor agregado y empleo en origen, especialmente en el centro del país.
Exportaciones récord, pero con precios en retroceso
Las exportaciones fueron uno de los grandes motores del crecimiento reciente.
Durante 2025, el complejo manisero alcanzó un récord histórico de 915.000 toneladas exportadas y generó ingresos por 1.227 millones de dólares, el mayor valor registrado en las últimas dos décadas.
Argentina exportó productos derivados del maní a más de 90 países. Los principales destinos fueron los Países Bajos, China y el Reino Unido.
Sin embargo, detrás de esos números aparece una tendencia que ayuda a explicar el ajuste actual.
Si bien el volumen exportado creció un 25% respecto de 2024, los precios internacionales retrocedieron cerca de un 17%, limitando el crecimiento del valor total exportado a apenas un 3%.

Durante el primer trimestre de 2026 las exportaciones continuaron mostrando dinamismo gracias a los elevados stocks acumulados de la campaña récord anterior. No obstante, las perspectivas para el resto del año anticipan una menor disponibilidad exportable.
Aun así, las proyecciones internacionales ubican a Argentina como el segundo exportador mundial de maní, con una participación estimada del 23% del comercio global, sólo detrás de India.
El mercado mundial presiona sobre los precios
El principal desafío para el sector proviene del escenario internacional.
Según datos del Banco Mundial citados por la BCR, los precios del maní alcanzaron máximos históricos durante 2023 y buena parte de 2024, llegando a superar los 2.050 dólares por tonelada.

Desde entonces comenzó una fuerte corrección. Hacia finales de 2025, las cotizaciones se estabilizaron en torno a los 1.200 dólares por tonelada, acumulando una caída cercana al 42% respecto de los máximos alcanzados a comienzos de 2024.








