Tradicionalmente, marzo es el mes donde la "zafra" de terneros cobra impulso, marcando el inicio de los grandes movimientos desde los campos de cría hacia los centros de invernada o engorde.
Por qué la menor oferta de terneros está reconfigurando el negocio ganadero
Los datos del primer trimestre de 2026 confirman un giro estructural en la ganadería nacional: una caída del 21% interanual en el movimiento de terneros durante marzo y una apuesta firme por la recría pastoril. Con feedlots que se llenan más lento y animales que llegan a la faena con mayor peso, el sector atraviesa una transición hacia sistemas de producción más largos y eficientes.

Sin embargo, el 2026 ha comenzado rompiendo los moldes estacionales. Según los registros de SENASA, durante el tercer mes del año se trasladaron 795.871 terneros, una cifra que no solo es un 3% menor a la de febrero —un mes habitualmente más tranquilo— sino que representa un desplome del 21% interanual.
Esta contracción en la oferta inmediata ha sorprendido a los analistas, especialmente tras los remates de invernada del último mes que sugerían una disponibilidad mayor. En el acumulado trimestral, la merma alcanza el 16% respecto al año pasado.

Pero, ¿a qué se debe este fenómeno? La respuesta parece hallarse en una decisión estratégica del productor: la retención. Mientras que en 2025 salía de los campos el 17% del stock total de terneros en el primer trimestre, este año ese número cayó al 14%.
Este comportamiento es especialmente visible en las hembras: la participación de terneras en los movimientos bajó del 43% en 2025 a apenas un 28% en 2026, una señal inequívoca de que los criadores están preservando sus planteles.
La era de la recría: Menos corral y más pasto
Uno de los datos más reveladores del informe es la consolidación de la recría pastoril como el eslabón intermedio preferido.

Históricamente, una parte importante del ternero de zafra iba directo al feedlot (engorde a corral). No obstante, en lo que va del año, menos del 20% de los terneros trasladados ingresaron a sistemas de engorde intensivo, frente al 25% que se mantenía constante en el último trienio.

Este cambio altera la fisonomía de los corrales. Si bien el stock en los establecimientos de engorde creció un 10% interanual (rozando las 2 millones de cabezas), la composición de ese stock es diferente. Hay un 8% menos de terneros livianos y, en cambio, un salto del 28% en categorías intermedias como novillitos y vaquillonas.
"La mayor participación de animales de mayor edad y peso dentro de los feedlots no obedece a ciclos de engorde más largos, sino a la consolidación de instancias previas de recría antes del ingreso a la terminación", explica el informe.
En términos prácticos, el animal llega al corral más "formado", habiendo pasado más tiempo en pastoreo, lo que reduce la dependencia del grano en las etapas iniciales y mejora la estructura del animal.
Faena en baja pero con mayor tonelaje: El impacto en el mostrador
Este nuevo patrón de movimientos tiene una consecuencia directa en la industria frigorífica. La menor oferta de categorías livianas y el retraso en el llenado de los corrales —con un Índice de Reposición de Feedlot (IRF) cercano a 1, muy por debajo del 1,25 histórico— se ha traducido en una restricción transitoria de la oferta de carne.
Durante el primer trimestre de 2026, la faena totalizó 2,96 millones de cabezas, lo que representa una caída del 9% comparado con el año anterior. Marzo acentuó esta tendencia con una baja del 13% interanual en el promedio diario de envíos a planta. Sin embargo, lo que se pierde en cantidad de cabezas se está empezando a ganar en "kilos por gancho".

Los datos de kilajes muestran una mejora sensible: el peso medio de faena se ubica por encima de los 254 kg para machos y 214 kg para hembras. En ambos casos, se registra un incremento superior a los 5 kg respecto al promedio de los últimos tres años.
Este aumento en el peso medio es el resultado lógico de los ciclos de recría más largos. Para el mercado, esto significa que, aunque hay menos animales pasando por los frigoríficos, cada animal rinde más, lo que podría amortiguar el impacto de la menor faena en el abastecimiento interno y el saldo exportable a medida que avance el año. La ganadería de 2026 parece haber elegido el camino de la eficiencia y el crecimiento biológico sobre la urgencia de la venta inmediata.








