Marco Antonelli recuerda un paseo en kart con su hijo en brazos. Fue en Sarno, en 2007, durante un evento con autos y vehículos de competición. Kimi acababa de cumplir un año. Al terminar, cuando su madre lo bajó, empezó a llorar: no quería soltar el volante.
Antes de ser campeón, Kimi
Antes de ser campeón del mundo, estuvieron los viajes con su familia, los libros entre carreras y las ganas de aprender. La historia de Kimi Antonelli, el chico que descubrió a Senna mirando viejas carreras con su papá y celebró su propio campeonato en un podio junto a Hamilton.

Marco volvió a recordar aquel paseo cuando Kimi cumplió 20 años. Faltaban poco más de dos meses para que ese chico que lloraba por seguir al volante se convirtiera en el campeón más joven de la historia de la Fórmula 1.

Entre ese recuerdo y el tercer puesto que ayer le dio el título en México hubo una infancia cerca de los circuitos, años de formación y personas que lo acompañaron mientras aprendía. También una escuela, amigos y una familia cuya vida cotidiana siguió su curso mientras la de Kimi empezaba a transcurrir entre carreras y aeropuertos.
El automovilismo como parte de la familia
Andrea Kimi Antonelli nació el 25 de agosto de 2006 en Bolonia. Su padre fue piloto y dirige una estructura de competición. Las carreras formaban parte del trabajo y de la vida familiar.
Años después de aquel paseo en Sarno, Kimi tuvo otra experiencia que recordó durante su etapa en Fórmula 2: a los cinco años condujo un kart que le había comprado su padre, en una pista de minimotos de Forlì. Completó una vuelta y quiso seguir. Ya no paró más.

Marco conocía el mundo de las carreras, pero llegar a la Fórmula 1 nunca fue una meta que su hijo debiera alcanzar a cualquier precio. De hecho, cuando era chico, Kimi soñaba con correr en el DTM, el campeonato alemán de turismos.
En Italia, Ferrari es parte de la familia, incluso para quienes nunca pisaron un autódromo. Por eso, en la historia de un chico de Bolonia que soñaba con correr, aquel acercamiento a Maranello tiene un peso especial. Kimi tenía 11 años y llegó a probar el simulador de la academia, pero lo consideraron demasiado chico para incorporarlo. Mercedes le abrió la puerta en 2019, a los 12. Allí empezó a construir su camino el italiano que terminaría siendo campeón vestido con otros colores.
La curiosidad que recuerda su maestro
Dino Chiesa, que también trabajó con Lewis Hamilton y Nico Rosberg, comenzó a acompañar a Antonelli cuando tenía 11 años.
Chiesa recuerda al chico que llegaba a la pista con su madre, Veronica, y se quedaba cerca de los mecánicos. Recorría el paddock, preguntaba y buscaba aprender. El teléfono ocupaba poco lugar en esas jornadas.

Destacó su talento, pero también la pasión que lo había llevado a mejorar. Su interés alcanzaba distintas formas del automovilismo y continuaba incluso cuando no tenía que competir.
Los títulos europeos de karting de 2020 y 2021 acompañaron su crecimiento. Después llegaron los monoplazas: ganó los campeonatos italiano y alemán de Fórmula 4 en 2022 y dos certámenes de Fórmula Regional en 2023.
El siguiente paso fue directamente a Fórmula 2, sin competir en la FIA Fórmula 3. En 2024 ganó la Sprint de Silverstone bajo la lluvia y la carrera principal de Budapest. Terminó sexto en el campeonato, mientras Mercedes lo preparaba también con pruebas de Fórmula 1.
Los libros, la escuela y los amigos
Mientras su carrera avanzaba, Antonelli seguía estudiando en el Instituto Salvemini, de Casalecchio di Reno.
Su profesora Alessandra Regina contó que le mandaba con tiempo las fechas de las carreras para organizar las evaluaciones. En la valija, junto con todo lo necesario para correr, iban los libros de la escuela. Los abría cuando encontraba un rato.
Cuando volvía a casa, también había tiempo para encontrarse con sus amigos y salir. Ellos compartían esa parte de su vida que quedaba lejos de los circuitos, aunque las carreras siempre se hacían un lugar: uno recordaba cómo Kimi estudiaba a otros pilotos, especialmente a Hamilton. Al mismo Lewis con el que después le tocaría compartir la pista.

Monza, el golpe y una apuesta sostenida
El 30 de agosto de 2024 disputó su primera práctica oficial de Fórmula 1 en Monza. El estreno terminó contra las barreras en Parabolica.
Salió ileso. Toto Wolff mantuvo el respaldo y explicó que aquel accidente no cambiaba la decisión sobre la alineación del equipo. Al día siguiente, Mercedes anunció que Antonelli sería titular en 2025 junto a George Russell.
Acababa de cumplir 18 años y ocuparía el asiento que dejaba Hamilton para irse a Ferrari.
El primer año tuvo resultados y dificultades. Consiguió la pole para la Sprint de Miami y su primer podio de Gran Premio en Canadá. También atravesó momentos de menor rendimiento. Wolff sostuvo la confianza sin evitar las críticas: después de Monza 2025 le exigió mejorar y dejar de trasladar el peso de los errores a cada nueva sesión.

Hasta Wolff tenía que recordarse cuántos años tenía el piloto que estaba frente a él. Hablaban con franqueza de lo que salía bien y de lo que había que corregir, pero a veces Toto debía frenar su propia exigencia. Kimi llevaba toda una vida compitiendo y, aun así, seguía siendo un adolescente.
Tiempo después, Wolff contó que a los 19 años él no habría podido soportar semejante presión. A Kimi le tocaba aprender, medirse con un compañero experimentado como Russell y responder a las expectativas que despertaba haber ocupado el asiento de Hamilton. Todo al mismo tiempo.
Mercedes lo acompañaba en ese aprendizaje. Y también aprendía a darle tiempo para crecer.
Senna, el ídolo que nunca vio correr
Kimi conoció a Ayrton Senna mirando carreras viejas con su padre. Compartían DVDs de otras temporadas y, entre todos aquellos pilotos, el brasileño le llamó especialmente la atención. Había nacido doce años después de su muerte, pero aquellas imágenes lo acercaron a él.
Con el tiempo pudo explicar qué lo había atrapado. Admiraba su manera de correr, su búsqueda por mejorar y también sus gestos fuera del auto. Recordaba sus vueltas en Mónaco, la victoria bajo la lluvia en Donington y aquella vez que se detuvo para ayudar a otro piloto. Le importaba, además, el orgullo con el que Senna hablaba de Brasil.
“Mi sueño es llegar a la F1 y lograr una pequeña parte de lo que él consiguió”, decía cuando todavía competía en Fórmula 2.
Esa admiración también está en el número 12 que eligió para correr. Es un homenaje a Ayrton, aunque tiene otros significados personales: lo acompañó desde la Fórmula 4 y era la edad que tenía cuando ingresó al programa de jóvenes de Mercedes.
En noviembre de 2025, antes de su primera carrera de Fórmula 1 en Interlagos, fue al cementerio de Morumbi. Visitó la tumba de Senna por la mañana y volvió por la tarde con su preparador. Llevó un libro sobre la vida del brasileño y se quedó leyendo allí.
Después contó que había encontrado tranquilidad, un rato para él entre tantas obligaciones y miradas pendientes de lo que hacía. Quería conocer ese lugar y saludar al piloto que había descubierto de chico, mirando carreras junto a su papá.
Ese domingo terminó segundo en Interlagos. El casco que usó en la carrera se lo entregó a la familia Senna.
Los consejos de Lewis y el trabajo con Bono
Antonelli entendía lo que significaba llegar al lugar de Hamilton. Antes de convertirse en titular había explicado que era imposible reemplazar su figura. Debía construir su propio recorrido.
Lewis lo acompañó con consejos y dejó un mensaje manuscrito en la habitación del piloto del motorhome de Mercedes antes de su salida a Ferrari.
En Imola, en mayo de 2025, Kimi contó cuánto lo habían motivado esas palabras. Quería conservarlas en la pared para volver a leerlas cada vez que entrara.
Dentro del equipo, Pete Bonnington también tuvo un papel en su formación. El ingeniero que había trabajado con Hamilton aportó experiencia y firmeza para orientarlo por radio. Wolff destacó ese acompañamiento durante el aprendizaje del italiano.
Volver a casa y seguir siendo Andy
Para su madre, Kimi también es Andy. En marzo de 2026, después de su primera victoria en China, Veronica lo recibió en el aeropuerto de Bolonia.
Kimi llegó y preguntó por Maggie, su hermana, que estaba en la escuela. Durante el fin de semana de la carrera, Veronica también había acompañado a la niña a una presentación de gimnasia rítmica.
Su madre contó entonces que encontraba a Kimi más seguro y maduro después de un primer año complicado. Era una mirada de marzo, cuando la temporada que terminaría dándole el título recién comenzaba.
Ayer, después de consagrarse, Antonelli volvió a nombrar a quienes habían estado cerca: su familia, el equipo, los amigos. Llegó al campeonato con nueve victorias, siete poles y 16 podios en 19 Grandes Premios.
Del festejo en México eligió un recuerdo para llevarse a casa: la foto del podio junto a Verstappen y Hamilton.
“Voy a imprimir la foto y ponerla en la pared de mi casa. Compartir el podio con ellos es increíble”, contó.
Ya había decidido guardar las palabras que Lewis le dejó al irse de Mercedes. Ahora quiere conservar la imagen del día en que celebró a su lado su propio campeonato.









