Durante toda la temporada comparten circuitos, reuniones y grillas de partida, se conocen en sus movimientos en pista, sus fortalezas y sus puntos débiles. Sin , embargo, a los pilotos de Fórmula 1 no siempre les queda tiempo para algo tan sencillo como conversar sin el compromiso de la vuelta rápida.
Rivales en la pista, compañeros de viaje: la escapada que reunió a los pilotos de Fórmula 1
Carlos Sainz organizó unos días en una isla de Malasia antes de la carrera en Sepang. Hubo entrenamiento, ajedrez y una visita al kartódromo que terminó con una gran disputa entre ellos, se pusieron los cascos y se divirtieron antes del GP de Bahréin.

Por eso, una propuesta de Carlos Sainz terminó convirtiéndose en una experiencia especial: pasar unos días juntos en Langkawi, en Malasia, entre la carrera de Bakú y la llegada a Sepang.

La idea nació mientras organizaban el viaje desde Azerbaiyán. Varios tenían previsto salir el sábado por la noche rumbo a Malasia y el español propuso cambiar el destino de esos primeros días. Encontró un hotel en una isla, con posibilidades de salir en bicicleta y un buen gimnasio. El plan combinaba descanso y preparación para dos carreras exigentes por el calor y la humedad: Malasia y Singapur.
Así se reunieron Sainz, Alex Albon, George Russell, Oliver Bearman, Oscar Piastri, Gabriel Bortoleto y Roberto Merhi. Durante la estadía también coincidieron con Lando Norris.
“Probablemente nadie ha volado nunca de Bakú a Langkawi. Es el vuelo más aleatorio de la historia”, bromeó Sainz al contar cómo llegaron.

Conocer un poco mas al rival
Antes de la escapada, Albon y Sainz habían adelantado parte del plan durante un encuentro con aficionados en Bakú. El español contó que, casi sin proponérselo, habían organizado un viaje sin sus parejas.
Pero lo que parecía una salida entre compañeros terminó dejando algo más. Sainz explicó que durante los grandes premios cada uno está absorbido por sus reuniones, sus obligaciones y el trabajo con su equipo. Verse seguido no significa tener tiempo para conocerse.
En la isla pudieron hablar de sus historias, de dónde venían y de cómo habían llegado hasta la Fórmula 1.

“Pude conectar con ellos y entenderlos un poco mejor”, contó el piloto de Williams.
También encontró una manera divertida de describir la convivencia: poner a siete pilotos en una isla pequeña y ver qué hacen fue, para él, “un experimento social”.
Piastri coincidió. Le gustó descubrir cuánto tienen en común, más allá de la competencia y de los asuntos que prefieren reservarse porque cada uno defiende los intereses de su equipo.
“Al final del día, somos 22 chicos que aman las carreras”, resumió.
Eso no significó pasar cada minuto juntos. Hubo actividades compartidas y momentos en los que cada uno eligió qué hacer. Aunque, cuando llegaron al kartódromo, resultó bastante difícil mantener las distancias.
El descanso también tuvo velocidad
La visita a la pista de karting dejó algunas de las anécdotas más comentadas del viaje. Antes de salir, tuvieron que elegir nombres para sus perfiles: Russell se anotó como “G Dawg”; Albon, como “Albino”; Sainz utilizó el “55” y Piastri prefirió las iniciales “OP”.
Russell, además, empezó a buscar una ventaja incluso antes de ponerse en marcha. Según contó, preguntó cuál era el mejor kart y terminó con neumáticos nuevos. Calculó que eso le daba una diferencia de alrededor de un segundo y medio respecto de los demás.

"Fue una locura”, relató el piloto de Mercedes. En su versión de lo ocurrido hubo golpes, Bortoleto terminó con moretones en la espalda y Piastri estuvo cerca de lastimarse una costilla. También contó que Bearman mandó a Merhi contra una barrera en la primera vuelta.
Russell decidió bajarse antes del final.
“Voy a romper algo aquí”, recordó haber pensado. Por eso, ni siquiera pudo decir quién ganó.
Norris había elegido quedarse a entrenar y aprovechar un rato para él. Después de escuchar las historias, no pareció arrepentirse.
“Por lo que he oído, todos se pusieron unos a otros en un muro en algún momento”, bromeó.
Entrenar y bajar un cambio
Entre paseos, salidas en barco y partidas de ajedrez también hubo trabajo físico. Bearman explicó que aprovechó esos días para prepararse para las condiciones de Malasia y Singapur, dos compromisos que exigen especialmente a los pilotos.
El descanso y el entrenamiento encontraron lugar en el mismo viaje. Para el británico, además, fue una oportunidad de conocer otra faceta de sus compañeros y hacer una pausa antes de volver a la rutina del campeonato.
Norris fue visto jugando al ajedrez en la playa. Su manera de desconectarse incluyó compartir momentos con el grupo y reservarse otros a solas.
¿Puede una escapada así cambiar lo que sucede después en la pista? El piloto de McLaren cree que las dos cosas pueden separarse. Compartir unos días no elimina la rivalidad cuando llega el momento de ponerse el casco.
Lo que sí permite, explicó, es ser “personas normales alejadas de la pista” y descubrir un lado diferente de los demás.
Quizás ahí estuvo lo más valioso del viaje que propuso Sainz: tener tiempo para escuchar al rival, conocer su historia y compartir algo más que un fin de semana de carrera. Aunque bastara un kart para que todos volvieran a querer ganar.








