La Fórmula 1 atraviesa una de las etapas técnicas más importantes de los últimos años y la FIA quiere evitar que el nuevo reglamento de motores genere diferencias demasiado grandes entre los fabricantes. Por eso, a partir de 2026 comenzará a aplicarse el sistema ADUO, una herramienta pensada para darles margen de reacción a las marcas que queden claramente por detrás en el rendimiento de sus unidades de potencia.
La F1 activa un plan para evitar que los motores queden demasiado lejos en 2026
La FIA pondrá en marcha el nuevo sistema después del Gran Premio de Canadá. La herramienta permitirá que los fabricantes más rezagados puedan introducir mejoras técnicas y recibir recursos económicos adicionales sin romper el límite presupuestario.


El mecanismo, cuyo nombre completo es Oportunidades Adicionales de Desarrollo y Actualización, estará vigente hasta 2030 y se activará después del Gran Premio de Canadá, cuando la FIA complete el primer análisis de rendimiento de la temporada. Ese estudio incluirá lo ocurrido en Australia, China, Japón, Miami y Canadá.
La idea no es otorgar una ventaja deportiva directa. Es decir, los fabricantes que entren en este programa no recibirán beneficios como mayor flujo de combustible, cambios aerodinámicos especiales ni permisos que alteren artificialmente la competencia. La ayuda estará enfocada en el desarrollo técnico y económico: quienes demuestren una desventaja importante podrán invertir dinero adicional fuera del límite presupuestario para evolucionar sus motores.

La FIA evaluará el rendimiento de cada unidad de potencia con un índice específico, centrado principalmente en el motor térmico. Para ese cálculo se tendrán en cuenta aspectos como la potencia generada, el régimen de funcionamiento, el aporte del MGU-K y la influencia del motor en el tiempo de vuelta. También se observarán factores externos, como temperaturas de fluidos o elementos aerodinámicos que puedan condicionar el rendimiento.
Según el nivel de desventaja, los fabricantes podrán recibir distintos márgenes económicos. Si la diferencia es de entre el 2% y el 4%, el apoyo podrá llegar hasta los 3 millones de dólares. En casos más extremos, con una pérdida superior al 10%, el monto podría alcanzar los 11 millones, además de un margen extra de desarrollo durante la temporada 2026.

El sistema también establece cuántas mejoras podrá introducir cada fabricante. Con una desventaja de entre el 2% y el 4%, se permitirá una actualización en la temporada en curso y otra para el año siguiente. Si la diferencia supera el 4%, el margen será mayor: dos mejoras inmediatas y otras dos para la campaña siguiente. De todos modos, las modificaciones no podrán acumularse de un año a otro y cada nueva homologación sólo permitirá actualizar un componente.

Entre las áreas habilitadas aparecen piezas del motor de combustión, el turbocompresor, el escape, el ERS, los sistemas de refrigeración, sensores, electrónica, hidráulica y el MGU-K. El objetivo es que los fabricantes puedan corregir puntos débiles concretos sin que eso implique construir un motor completamente nuevo.
Con esta medida, la FIA busca que la nueva era técnica de la Fórmula 1 no arranque con brechas imposibles de cerrar. El desafío será encontrar un equilibrio delicado: permitir que los que quedaron atrás puedan acercarse, pero sin desnaturalizar la competencia ni castigar a quienes hicieron mejor el trabajo desde el inicio








