Fernando Alonso comenzó a competir cuando apenas tenía tres años. Desde entonces, los autos, los viajes y las carreras marcaron prácticamente cada etapa de su vida. Más de cuatro décadas después, el español continúa en la Fórmula 1, pero reconoce que el camino también lo obligó a resignar experiencias propias de cualquier niño o adolescente.
Fernando Alonso y una vida dedicada a correr: “Me perdí muchas cosas”
El bicampeón recordó que desde niño debió adaptar sus estudios a las competencias internacionales y reconoció que nunca permaneció dos semanas sin conducir. “Cuando deje de correr entraré en algo desconocido”, confesó el asturiano.

Durante una conversación organizada y difundida tiempo atrás por uno de los patrocinadores principales de Aston Martin, Alonso repasó sus primeros pasos en el automovilismo y reflexionó sobre todo aquello que quedó relegado mientras perseguía el sueño de convertirse en piloto profesional.
“Tengo que admitirlo: yo no elegí ser piloto, fue mi padre”, recordó el asturiano. Su primera experiencia en un kart llegó cuando tenía tres años, aunque durante su infancia también sentía una fuerte atracción por el fútbol.
“Cuando tenía ocho, nueve o diez años, recuerdo que iba a correr los fines de semana y durante la semana estaba en la escuela jugando al fútbol. Era arquero y recuerdo que disfrutaba más jugando al fútbol que compitiendo los fines de semana, pero no podía decírselo a mi padre”, contó.

Con el paso del tiempo, las carreras ocuparon cada vez más espacio. Los viajes al exterior se multiplicaron y su vida escolar debió adaptarse a una agenda muy diferente de la que tenían sus compañeros.
Estudiar entre carreras y viajes
Alonso reconoció que desde muy joven fue consciente de las renuncias necesarias para avanzar dentro del automovilismo.
“Me perdí muchas cosas de la vida. Soy consciente de eso. No tuve un horario escolar normal. Estaba compitiendo en Italia y en diferentes países, y rendía los exámenes durante las semanas siguientes”, relató.
Mientras otros jóvenes transitaban una rutina más convencional, él repartía su tiempo entre las aulas, los circuitos y los viajes. Su formación no se interrumpió, pero debió ajustarse permanentemente a las exigencias deportivas.
El español incluso reveló que ingresó por primera vez a una discoteca cuando tenía 29 años, un detalle que refleja hasta qué punto su juventud estuvo atravesada por la competencia y la disciplina.
A pesar de todo, no reniega del recorrido realizado. “Era feliz”, aseguró, aunque también admitió que todavía extraña algunas de las experiencias que no pudo vivir. “Hay cosas que no salieron como las imaginaba cuando tenía 15 o 16 años. Probablemente pensaba en una vida diferente”.

El día después de las carreras
Alonso logró 32 victorias en la Fórmula 1 y conquistó dos campeonatos mundiales con Renault, en 2005 y 2006. También compitió y ganó fuera de la categoría, con triunfos en las 24 Horas de Le Mans y las 24 Horas de Daytona.
Sin embargo, después de tantos años alrededor de los autos, reconoce que le cuesta imaginar una vida completamente alejada de la conducción.
“Nunca pasé dos semanas sin tener un volante en las manos. Probablemente no soy capaz de pensar qué me deparará el futuro porque, cuando deje de correr, entraré en algo desconocido. Nunca tuve otra vida”, reflexionó.

A los 45 años, Alonso sigue compitiendo al máximo nivel con Aston Martin. Su futuro vuelve a ser tema de conversación cada temporada, pero su vínculo con el automovilismo va mucho más allá de un contrato o de una fecha de retiro.
La reflexión recuperada durante el receso de la Fórmula 1 permite observar al piloto desde otro lugar. Detrás de las victorias, los campeonatos y una trayectoria de más de dos décadas, aparece también el niño que cambió una vida cotidiana por los circuitos y que todavía no sabe cómo será el día en que deje de correr








