Tras terminar séptimo en el Gran Premio de España, Franco Colapinto detuvo su Alpine junto a un banderillero argentino que tenía preparada la celeste y blanca. El piloto la recibió y protagonizó una de las imágenes más emotivas del domingo.
La bandera argentina que esperaba a Colapinto después de su gran carrera en Madrid
Tras terminar séptimo en el Gran Premio de España, Franco detuvo su Alpine junto a un banderillero argentino que tenía preparada la celeste y blanca. El piloto la recibió y protagonizó una de las imágenes más emotivas del domingo.

La bandera a cuadros ya había bajado, pero a Franco Colapinto todavía le quedaba una más por recibir.
El argentino acababa de cruzar la meta en el séptimo puesto del Gran Premio de España. Había completado su mejor fin de semana en la Fórmula 1 y comenzaba a transitar la vuelta de honor cuando, al costado del circuito de Madrid, encontró una escena que no esperaba olvidar.
Un banderillero argentino lo aguardaba con una bandera celeste y blanca.

Franco redujo la velocidad, detuvo el Alpine a su lado y estiró la mano para recibirla. Después continuó su camino hacia los boxes mostrando la bandera desde el habitáculo, mientras saludaba a las tribunas que durante todo el fin de semana habían acompañado su paso por el Madring.
La imagen resumió mucho más que un séptimo puesto. Fue la emoción después de la tensión, el desahogo tras una carrera enorme y el encuentro, aunque fuera durante unos pocos metros, entre Colapinto y los miles de argentinos que lo habían alentado desde las gradas.
"Fue espectacular"
“Me la dio un comisario, me estaba esperando para dármela. Le agradezco al banderillero argentino. Estaba lleno de banderas en las tribunas; haber podido llevarla por primera vez en una carrera, porque nunca lo había hecho en Argentina, fue espectacular”, contó Franco.
El gesto llegó después de un domingo en el que Colapinto volvió a demostrar que podía pelear, resistir bajo presión y aprovechar una oportunidad grande. Había largado octavo, ganado dos posiciones en la partida y finalmente cruzado la meta séptimo, como el mejor representante de Alpine.

Pero durante aquella vuelta ya no importaban los tiempos, los neumáticos ni las estrategias. Franco llevaba la bandera apoyada sobre su auto y respondía al cariño que bajaba desde las tribunas.
Por unos instantes, Madrid dejó una postal profundamente argentina: un piloto feliz, un banderillero que quiso esperarlo y una bandera celeste y blanca recorriendo el circuito después de la mejor carrera de Colapinto en la Fórmula 1.








