Para entender la magnitud de la final del domingo en Nueva Jersey, podríamos remontarnos a aquel 12 de octubre de 1974 en la cancha de River, cuando por la Copa de la Hispanidad, el Flaco Menotti debutaba como entrenador de la selección y elegía a la Chiva Di Meola como su primer “9”, apostando a sus virtudes de jugador de potrero, atrevido, astuto y goleador.
De aquel choque en el Monumental con la Chiva Di Meola de “9”, a la gloria en Estados Unidos
Le dijeron que no a jugar la Finalíssima, pero ahora se verán las caras en New Jersey. Un partido entre ellos fue el inicio del ciclo de Menotti, el hombre que le dejó su legado a Scaloni.

Recordar ese partido es como viajar a un país que hoy parece irreal, a un fútbol argentino que en 1974 habitaba en el subsuelo del desorden y el desánimo y que venía del Mundial de Alemania con una herida expuesta y sangrante, humillado por aquella Holanda fantástica de Johan Cruyff.
La selección era tierra de nadie, un rejuntado que sangraba por la negativa de los clubes a ceder jugadores y también de éstos, que entendían que jugar para la selección, era un castigo indeseado. Menotti cambió todo eso y modificó el lamentable panorama de entonces: en los ocho años previos a su proceso, ocho técnicos distintos habían desfilado por el banco, devorados por una dirigencia nula de proyectos.
Fue en ese preciso escenario de ruinas donde se paró César Luis Menotti en octubre de 1974. Miró hacia el interior, armó la base del proyecto y eligió a su primer “9”, que en ese entonces estaba en River pero que había iniciado su carrera en Colón. Ese día del descubrimiento de América, Argentina descubrió su fútbol. Y ese partido ante España, fue el kilómetro cero de una idea que es fielmente representada por este equipo de Lionel Scaloni.

No es una metáfora traída “de los pelos”. Tiene su lógica y su razón de ser. Menotti fue uno de los padres del proceso que jerarquizó a la selección y también al fútbol argentino. El otro fue Bilardo. También hay que sumarlo a Pekerman por su contribución con los juveniles (Scaloni, Samuel y Aimar fueron jugadores suyos). Y cuando apareció Scaloni, el caso más extraño de la historia del fútbol mundial porque, sin experiencia en equipos, ganó todo lo que ganó, Menotti fue el que le indicó a Claudio Tapia que había que mantenerlo y defender el proceso, cuando las voces críticas arreciaban sobre él.
Desde aquellos nombres de Rubén Sánchez, Paolino, Carrascosa, “Fatiga” Russo, el “Loco” Houseman, la Chiva Di Meola, Brindisi, Babington y Ferrero; o los españoles de Pirri, Charruca, Irureta y Quini, pasamos a los actuales. Fueron 52 años en los que el fútbol argentino padeció de muchas buenas y también algunas malas. Pero siempre apareció una mano salvadora que volvió a las fuentes, como lo hizo Scaloni después del fracaso del Mundial de Rusia.
El Flaco Menotti vio en Scaloni la misma pureza con la que él cambió la historia; exigió contratos largos y blindó un proyecto que hoy nos tiene en lo más alto. Detrás de las cámaras, Scaloni guarda con profunda emoción el recuerdo de aquellas charlas largas de café, donde Menotti lo arropaba y le transmitía la tranquilidad necesaria. Esta final marcará también el cierre de etapa para muchos jugadores. Otamendi ya lo anunció, Messi seguramente dirá adiós y así habrá otros jugadores que no estarán para el siguiente proceso. Los que se vayan, lo harán con la frente en alto y sabiendo que fueron los protagonistas de una etapa inigualable. La mejor de todas. Y parte de todo esto, al menos en su idea madre, se empezó a gestar en aquel Argentina-España del 12 de octubre de 1974 en la cancha de River.









