Messi y Malvinas, dice Sacheri, son los únicos factores de Unidad Nacional. Con una humilde diferencia: Malvinas nunca estuvo en discusión desde la esencia de entender que son argentinas; Messi sí. Y no solo por la estúpida, absurda e inconducente polémica por ver quién fue mejor, si Maradona o él. Sino porque se lo tildó de “pecho frio” por no cantar el himno, en su momento, o de “fracasado” por no poder ganar una copa. Messi empezó a cantar el himno gritando, para que nadie más lo cuestione. Y Messi se cansó de levantar trofeos, para convertirse en el más ganador de todos.
Messi, del adiós que duele al gracias totales
Todos sabíamos de la inminencia de la noticia, pero no por eso dejó de ser impactante. Esa carta anunciando su retiro, embargó de tristeza a todo el pueblo argentino.


El pasado lunes se dio a conocer una carta que escribió apenas terminó su participación en un Mundial, el de Estados Unidos, que quizás brilló como en ningún otro, despidiéndose de la selección argentina. Dijo adiós, dando la noticia que todos adivinábamos su inminencia, pero no por eso nos despoja del asombro y la sensación de vacío.

Messi jugó 20 años con la camiseta de la selección argentina y en 15 de ellos fue capitán y líder indiscutido. Fue el que más jugó, el que más ganó, el que más goles hizo y el que, muy probablemente, sea imposible de superar. Fue el que jugó con todos, con los que venían de antes y también con los que, siendo niños, ya disfrutaban de sus proezas con la camiseta del Barcelona y de la selección.
Es por eso que Julián Alvarez insistió en querer jugar en el Barcelona. Y es porque ahí jugó Messi. Y porque él –Julián- creció imaginándose adentro de una cancha y con él. “De tenerlo en un cuadro colgado en la pared, llegamos en un abrir y cerrar de ojos a compartir una concentración, a disfrutar de los mates y a tirar paredes en una cancha”, se les escuchó decir a varios de los que luego fueron campeones del mundo con Messi.
El legado incomparable de Messi
El vacío que deja supera al de Maradona, porque los números y la trascendencia de Messi también son superiores. Para jugar seis mundiales (hecho que ningún jugador en la historia del fútbol mundial, salvo él, consiguió), hay que estar, por lo menos, 20 años en un altísimo nivel.

Y en el último, con 39 años, con su padre enfermo terminal y a 10.000 kilómetros, cuando todos están retirados o despuntando el vicio en los clubes de pueblos o barrios en el que empezaron a correr de niños detrás de la pelota, él la rompía en esas jornadas cargadas de emoción y gloria en Estados Unidos. Y jugaba otra final del mundo.
Messi se retira de la selección. El líder positivo, el jugador admirado e idolatrado por el mundo entero y por varias generaciones que tuvimos la dicha de ser contemporáneos a él, comienza a planificar una vida distinta, más pausada, despojada de presiones y compromisos. Y nosotros, empezamos a preguntarnos cómo será el fútbol argentino y su selección sin Messi.

Se va rompiéndola a la edad en la que el resto de los mortales está jubilado del profesionalismo y entregado a una vida de disfrute y sin la vidriera –a veces engañosa, a veces despiadada y otras veces entrañable- de la exposición. Solo les queda la fama y el recuerdo como añoranzas de tiempos idos.
Tendremos que aprender a vivir el fútbol sin Messi. Va a ser difícil. Como Diego, llenó de alegría al pueblo y regó de gloria este suelo, como cantó Rodrigo. Gracias Leo. Te vas sin deudas, sin rencores y llenándonos de alegrías. Somos los argentinos los que apenas tenemos un abrazo y el fuerte valor de la idolatría para pagarte todo lo que nos diste.
Una última post data, muy personal y por más que no se trate de una carta. En mi caso, te quiero decir gracias. ¿Y sabés por qué?, porque le diste valor y palabras de oro a mi humilde carrera de periodista.









