No le escapó a nada Scaloni. Sabe que el equipo no jugó bien. “Lo tengo que ver”, dijo, como una buena manera de ir por la tangente y no ahondar en detalles que, seguramente, él los tendrá bien claro. Scaloni admite que al torneo llegó con dudas. “¿Se acuerdan lo que era hace un mes y medio?... Iba a cambiar a varios. Sin embargo, estos muchachos me dieron todo lo que yo esperaba”, dijo. ¿A qué se refirió?, a los lesionados, a los que llegaban en inferioridad física, a los que demoraban la recuperación, a los que no estaban en un buen nivel pero le prometieron fidelidad y respuesta. Excelente.
Scaloni, la autocrítica por el juego y ese “ahora vamos por todo” que entusiasma
Si bien dijo que “tengo que volver a ver el partido para sacar mejores conclusiones”, no eludió el análisis de un partido que no lo convenció. Como a ninguno. Pero, estamos en semifinales y vamos por Inglaterra.


Scaloni habló de juntar pases como carencia. Es verdad. ¿Cuál era el plan de Scaloni para este partido, más allá de la convicción que tenía de que Suiza es un buen equipo?, ¿era tener la pelota como siempre la tuvo o la quiso tener?, ¿o era jugar de otra manera, por ejemplo tirándole pelotazos a Julián Alvarez por encima de los centrales?, ¿o esperaba que Suiza podía discutirle la posesión de la pelota, quizás como nadie hasta ahora? El equipo no jugó bien porque no tuvo la pelota. Como primera medida. Pero también no jugó bien porque, cuando Suiza le regaló pelota y terreno, luego de la expulsión de Embolo, no supo mucho qué hacer. Pocos remates desde afuera (Julián marcó cuál era el camino) y poco desequilibrio individual (el único que se animaba a la gambeta, era Messi).

También a Scaloni no le gustó demasiado que le insinuaran que el partido con Inglaterra es un partido distinto. En el fondo lo sabe. Pero no mezcla las cosas. “Es simplemente eso, un partido de fútbol. Nada más que eso”, dijo. No quiso meterse en todo lo otro que rodea a un partido de esta magnitud, por más que lo sepa. Es argentino. Y también él percibe lo que es un Argentina-Inglaterra, ya convertido en un verdadero “clásico” por razones que van más allá de lo estrictamente deportivo. Elogió al equipo y elogió al entrenador (Tuchel), a quien lo destacó como un “gran técnico, al que conozco muy bien”.

Pero volvamos a lo que pasaba hace un mes y medio, porque dio la impresión, en la conferencia, que Scaloni era el primero en dudar sobre la realidad del plantel, individual y colectivamente. Le respondieron, como le vienen respondiendo más allá de que se han transformado en verdaderos “caballeros de la angustia”. Y ese es un mérito del entrenador también, porque él supo escucharlos y confió. Y ellos supieron capitalizar esa confianza.

No le escapó tampoco a la autocrítica. “No coincido si piensan que nosotros manejamos la pelota en el primer tiempo. No fue así. Insisto en que al partido lo quiero ver bien para sacar mejores conclusiones. El proceso no es el mismo que el de Qatar. En Qatar, a esta altura, estábamos mejor desde lo futbolístico. Pero la realidad indica que estamos en semifinales. Y ahora vamos por todo. No tengan dudas de que vamos a ir por todo”, concluyó un Scaloni que ya dirigió 103 partidos a la selección y que, cuando termine este torneo, se convertirá en el entrenador que más partidos de mundiales dirigió en toda la historia, por encima de Bilardo y de Menotti.
Su paso en este proceso virtuoso no caerá en saco roto. Ya forma parte de una historia que está a dos partidos de convertirla en incomparable. Por eso va por todo. Porque así como Messi se encargó de superar todos los records habidos y por haber, Scaloni puede quedar sentenciado como el mejor entrenador de la historia del fútbol argentino. Para algunos ya lo es. Para otros, el veredicto de los resultados puede ser lo único que está faltando para convencerse.









