A pocos kilómetros de la frontera con Perú, en la ciudad de Machala, la pelota rueda a un pulso distinto. Allí viste la camiseta de Orense en la Primera División ecuatoriana el defensor argentino Stefano Callegari. Es su primera experiencia internacional, un cambio de aire radical no solo en lo deportivo, sino también en lo cultural. "No se vive igual que en Argentina. Nos miran de reojo porque dicen que los argentinos estamos todos locos por la forma en que sentimos el fútbol y que se manifiesta mucho en los mundiales", suelta con una sonrisa sobre la desmedida pasión futbolera con la que se convive en su país natal. Y que él también lo siente así por ser santafesino, oriundo de Rosario, donde el fútbol se vive de una manera especial.
Stefano Callegari: “En el Nacional B siempre hay 12 tipos agarrándose en las áreas”
Surgido en Newell’s, hoy juega en Ecuador y protagonizó aquella jugada con Perales, cuando jugaba en Chicago, que impresionó a todos y le produjo una seria lesión en el tobillo. “Colón es un club de la A y es normal que la gente se vuelva ansiosa”, señala.

Aunque la adaptación familiar en suelo ecuatoriano ha sido positiva —destaca los paisajes y la calidez del lugar—, el marcador central no oculta la nostalgia cotidiana: el asado del fin de semana, las tribunas repletas y el calor de la familia y los amigos. Sin embargo, detrás de esta etapa de tranquilidad en el exterior hay un recorrido forjado en el barro, la exigencia y la resiliencia del fútbol argentino. Más él, que sufrió aquella lesión impactante en uno de sus tobillos.

Las raíces rojinegras y la espina del debut
La historia de Callegari comenzó en las inferiores de Newell’s Old Boys, club al que arribó en la novena División. En sus inicios actuaba como carrilero por la derecha, pero con el tiempo fue reconvertido a defensor central, puesto en el que hizo toda su carrera, salvando contadas ocasiones como falso lateral.
Su estreno en Primera llegó en 2018 bajo la conducción de Omar De Felippe. Lograr el debut en el club que lo formó, acompañado por su familia y sosteniendo cierta continuidad, fue el cumplimiento de un sueño. No obstante, la madurez de hoy le permite mirar hacia atrás con autocrítica.
“En su momento no disfruté algunas cosas y hoy, con otra cabeza, lo hubiese vivido distinto. Una vez arriesgué para jugar un partido no estando al cien por cien y me fue mal. Esa terminó siendo mi última imagen en el club, una imagen que no fue positiva. Más aún cuando sos chico. Las ganas te terminan traicionando”, cuenta Stefano, recordando aquél momento.
El ascenso que se escapó y la grave lesión
Si hay un lugar donde Callegari siente que alcanzó su techo futbolístico y de liderazgo fue en Nueva Chicago durante la temporada 2024. "Fue donde mejor me desenvolví. Tuve una gran versión mía en cuanto al juego y a lo que representaba para el equipo", remarca.
Pero el fútbol suele ser ingrato. En la última fecha de la fase regular, a Chicago se le escapó el pase a la final por un gol de Brown de Adrogué a diez segundos del final. A Stefano le tocó presenciar aquel desenlace fatal desde la tribuna por estar suspendido: "Verlo de afuera fue ver cómo se te escapa la arena entre las manos". Golpeados en la ilusión, en el posterior Reducido terminaron cayendo frente a San Martín de San Juan.
Esa campaña también dejó el recuerdo amargo de una jugada al límite que derivó en una sanción y que aún repasa en su mente. El hecho ocurrió en mayo de 2025 durante un partido entre Gimnasia de Jujuy y Nueva Chicago. Sobre el cierre del encuentro, Jerónimo Perales cometió una durísima infracción que le provocó a Callegari (por entonces capitán del equipo de Mataderos) una luxo-fractura en el tobillo izquierdo. Por esa entrada, Perales fue expulsado de manera directa y el Tribunal de Disciplina de la AFA le aplicó una sanción de seis meses de suspensión, el tiempo que le llevó, a Callegari, su recuperación.
“Sentí un frío en el cuerpo. Vi la jugada varias veces y me quedó la sensación de que era evitable e innecesaria, porque el partido estaba cerrado. Hablé con el chico varias veces; como colega entendí que no hubo mala intención. Pero siento que fue totalmente evitable”.
La selva de la B Nacional y el vacío de la tecnología
Para el zaguero, la crudeza de la Primera Nacional argentina es un ecosistema único donde la fricción marca la pauta diaria. "Se juega al límite, se deja pegar mucho y la línea es muy fina. La tensión y el nerviosismo te llevan al otro lado", analiza.
Y habla de Colón: “Vi el penal que le hicieron a Bonansea contra San Miguel y sigo bastante lo que pasa en la categoría. A Colón me tocó enfrentarlo en Primera y Nacional B. Lo único que te puedo decir, es que ese club es de Primera. Pero es un tobogán el campeonato y la categoría. Es durísimo el Nacional B y es normal que la gente se vuelva ansiosa y quiera volver al lugar que le corresponde. Es muy cruda la realidad”.
A esa exigencia física se le suma la ausencia del arbitraje: "Al no tener la herramienta del VAR, no se hace foco. Adentro del área tenés 12 tipos agarrándose y es durísimo. En la B hay cosas que en la globalización de las jugadas se permiten. Pasa de todo en los partidos”.
El recuerdo de Kudelka y Madelón
En el repaso de los entrenadores que tuvo en su carrera, es inevitable mencionar a Darío Kudelka – al que tuvo en Newell’s – y también a Leonardo Madelón, que lo dirigió en Platense.
“Siempre sacás aspectos positivos de todos los entrenadores. Con Darío nos tocó una etapa en la que veníamos mal, pero el equipo empezó a funcionar mejor. A Leo me tocó tenerlo cuando ascendimos con Platense, no teníamos recambio, fue post pandemia, no tuvimos esa cuota de suerte. Fue una transición. Ascendemos el 31 de enero y a las dos semanas, nos toca con Argentinos el clásico, no tuvimos tiempo de prepararnos. Llegaron 3 o 4 refuerzos, no se armó un plantel extenso y eso te pasa factura", señaló.
Sin un único ídolo de referencia pero con un ojo clínico para observar defensores, Callegari busca constantemente aprender de los mejores. Destaca el nivel de los centrales de la selección ecuatoriana, la agresividad de Cristian "Cuti" Romero y, sobre todo, la jerarquía de Lisandro "Licha" Martínez, con quien compartió vestuario en Newell's y a quien define como un jugador "completísimo".
Vivió el Mundial en Ecuador, “con mucha emoción”. Y deja una frase de la final con España: “Ellos fueron superiores. Lo que queda es que la selección no tuvo situaciones de gol, pero fue mérito de ellos, en primera instancia, y quizás Scaloni pensó algo que no salió. Los partidos anteriores fueron de mucho desgaste y exigencia, tanto emocional como física. Ese trajín se pagó caro en la final”.








