Max Verstappen avanzó al cuarto puesto de la parrilla del Gran Premio de Hungría gracias a las sanciones recibidas por Lewis Hamilton y Kimi Antonelli. Sin embargo, esa mejora no logró disimular la preocupación que dejó el comportamiento del Red Bull durante la clasificación.
Verstappen: “¿Desesperado? Esa palabra ya no existe para mí. Ya superé esa etapa”
El holandés sufrió un trompo en su último intento y denunció una caída del rendimiento aerodinámico durante la clasificación. Red Bull detectó valores anormales, pero todavía busca el origen del problema.

El neerlandés había conseguido solamente el sexto mejor tiempo después de completar una Q3 complicada. En su último intento perdió el control del RB22 en la curva final y realizó un trompo que provocó la aparición de banderas amarillas.

La reacción por radio reflejó su frustración.
“El coche está destrozado desde el punto de vista aerodinámico. Cada vez va peor. Es una broma. Qué fin de semana de m... ”, le manifestó a su ingeniero Gianpiero Lambiase.
El enojo no estuvo relacionado únicamente con el trompo o con la posición conseguida. Verstappen sintió que el monoplaza fue perdiendo estabilidad a medida que avanzaba la sesión, justamente cuando la evolución de la pista debía permitirle mejorar.
Un comportamiento contrario a la evolución de la pista
En una clasificación, el aumento de la adherencia suele permitir que los pilotos ataquen con mayor confianza en los últimos minutos. La goma depositada sobre el asfalto mejora las condiciones y los coches salen con menos combustible.
Con Verstappen ocurrió lo contrario. El sobreviraje aumentó en cada intento y la parte trasera comenzó a reaccionar de manera impredecible.
“El coche iba de mal en peor, vuelta tras vuelta. Cuanto más giraba, más difícil resultaba marcar un buen tiempo”, explicó.

El momento más crítico llegó en la última curva. Verstappen comenzó el giro y perdió repentinamente el eje trasero, sin posibilidad de corregir la trayectoria.
“En cuanto inicio el giro, la parte trasera desaparece por completo. Es realmente increíble”, describió.
El neerlandés no quiso establecer inmediatamente una causa definitiva para el trompo. Considera que Red Bull enfrenta anomalías diferentes en cada competencia y que esa falta de continuidad dificulta encontrar una solución estable.
“Habrá que comprobar de dónde vino esta vez. Tengo la sensación de que siempre se trata de un problema diferente y eso hace que sea más difícil de controlar”, señaló.
Los datos ya mostraban una anomalía
Red Bull había advertido durante la clasificación que el comportamiento del coche no era normal. La información recogida por el equipo mostraba una disminución de la eficiencia aerodinámica, aunque todavía no permitía determinar con precisión qué la estaba generando.
“Ya me habían comunicado que los datos eran extraños y que se observaba un deterioro aerodinámico”, reveló Verstappen.

El problema modificó el equilibrio entre ambos ejes del monoplaza. Una pérdida de carga en la parte trasera puede aumentar el sobreviraje y obligar al piloto a reducir la velocidad de ingreso a las curvas para evitar que el coche se descontrole.
Verstappen tampoco disponía de grandes posibilidades para compensar esa variación mientras se encontraba en pista. El RB22 quedó desbalanceado en el momento decisivo de la Q3.
“Cuando no son los neumáticos los que se deterioran, sino el propio coche, entonces existe un problema importante”, resumió.
La telemetría permitió observar la caída del rendimiento, pero identificar el efecto no significa necesariamente encontrar su causa. Esa diferencia explica buena parte de la preocupación dentro de Red Bull.
Un problema distinto en cada carrera
La clasificación de Hungría profundizó una tendencia que acompañó al equipo durante las últimas fechas.
En Silverstone surgieron inconvenientes vinculados con la unidad de potencia. Red Bull mantuvo inicialmente el motor, pero decidió reemplazarlo antes del Gran Premio de Bélgica como medida preventiva.
Spa mostró señales de recuperación y permitió pensar que el equipo había comenzado a encontrar una base más competitiva. Además, el Hungaroring debía reducir las dificultades relacionadas con el despliegue de energía debido a su menor cantidad de rectas prolongadas.
Sin embargo, apareció una debilidad diferente. Esta vez, el problema estuvo en la pérdida del rendimiento aerodinámico y en la imposibilidad de mantener estable el equilibrio del coche.
El director técnico Pierre Waché ya había reconocido que Verstappen detecta desde el habitáculo comportamientos que no siempre aparecen claramente identificados en el primer análisis de los datos.
“Al final encuentran el problema, pero inicialmente no pueden verlo. Ese es precisamente el problema”, afirmó el piloto.
Red Bull no está intentando corregir una única falencia que se repite en todos los circuitos. El desafío es mayor: cada fin de semana parece presentar una dificultad nueva, lo que impide consolidar una plataforma predecible.
De la furia a la resignación
Cuando le preguntaron si la situación comenzaba a desesperarlo, Verstappen respondió con una frase que expuso el desgaste acumulado.
“¿Desesperado? Esa palabra ya no existe para mí. Ya superé esa etapa. Hay que dejarlo pasar y volver a intentarlo”, expresó.
El neerlandés mantiene la exigencia, pero ya no parece sorprendido ante la aparición de un nuevo inconveniente. Su respuesta transmitió menos enojo que resignación frente a un coche cuyo comportamiento cambia de una carrera a otra.
Red Bull analizará la información antes de la competencia, aunque el régimen de parque cerrado limita las modificaciones que puede realizar sin obligar al piloto a largar desde boxes.
Verstappen comenzará cuarto, detrás de Lando Norris, Charles Leclerc y Oscar Piastri. La posición le permitirá mantenerse cerca de la lucha principal, pero la verdadera incógnita estará en la consistencia del RB22 durante las 70 vueltas.
Si la pérdida de equilibrio reaparece con mayor carga de combustible y temperaturas más elevadas, el neerlandés podría pasar de buscar el podio a tener que defender su posición con un coche en el que todavía no confía.









