Los que tienen menos de 50 años en la Argentina deben pensar en su arquitectura financiera para solventar su longevidad, porque el sistema previsional no los va a sostener. “Los que quieren que la jubilación los financie… eso no va a pasar".
Es “matemáticamente imposible” sostener el sistema previsional tal como se lo conoce
Menos población por tasas de natalidad, jóvenes que no entran al sistema laboral y compiten con la inteligencia artificial más adultos que a los 50 se quedan sin trabajo. No es la informalidad argentina el desafío de alcanzar la jubilación por aportes.

Andrea Falcone, cofundadora y Regional Lead Latam de The Shift Challenge -una ONG dedicada a acompañar al sector privado en la adaptación al cambio demográfico- encendió las alarmas sobre un fenómeno que avanza sin pausa pero con un impacto de muy corto plazo en el tejido social, laboral y financiero de la Argentina.
Bajo el concepto de "nueva urgencia demográfica", Falcone desarmó el mito de que el cambio demográfico es una "ola lenta" para demostrar que, por el contrario, viene a toda velocidad y exige un rediseño estructural inmediato
Un sismo silencioso
La transición que en Europa tomó 115 años en completarse, en la Argentina está ocurriendo de manera vertiginosa en tan solo una generación (aproximadamente 20 años), dijo la analista en la reciente convención anual del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas.
La expositora citó el reciente cierre del servicio de maternidad del Sanatorio Finoquieto y la inédita disponibilidad de cupos por el cierre de escuelas privadas en la Ciudad de Buenos Aires.

"La natalidad, la tasa de reposición para que se mantenga la población es de 2,1 y desde 2024 estamos en 1,23 niños por madre", precisó Falcone, remarcando que el fenómeno de vivir más y tener menos hijos "cambia todas las reglas del juego" a nivel nacional.
El fin de las carreras lineales
Falcone anticipó que para el año 2060 "casi la mitad de los trabajadores van a tener más de 65 años", en un mundo en el que estudiar y trabajar en un solo lugar ya no será posible.
"Vamos a pasar de carreras que eran lineales a trayectorias más largas y multietapa", explicó, haciendo hincapié en que el aprendizaje continuo y el empleo se extenderán a lo largo de toda la vida.
Detalló que el pico de despidos se sigue ubicando a los 50 años, justo cuando las personas mayores reciben menos capacitación y el ingreso de los jóvenes "juniors" se ve obstaculizado por la automatización tecnológica.

Para Falcone, revertir la discriminación por edad (edadismo) no es solo un imperativo moral, sino económico: estimó que el costo del edadismo para economías como la de Estados Unidos alcanzará los 3,9 billones de dólares para 2050 por pérdida de productividad y sobrecostos en atención de la salud.
El colapso anunciado
"El sistema previsional como lo conocemos terminó", dijo la analista. El núcleo más disruptivo de la exposición giró en torno al régimen de jubilaciones. Sin tapujos, Falcone sentenció una realidad inevitable para los más jóvenes.
La especialista fundamentó que el esquema ideado a finales del siglo XIX fue diseñado para un contexto donde nacían cinco, seis o siete hijos por madre. Hoy la tasa de fecundidad se ha desplomado.

El problema, insistió, excede la coyuntura de la informalidad laboral en la Argentina: es una cuestión puramente demográfica global. Mientras que históricamente se necesitaban cuatro aportantes activos por cada jubilado, hoy la relación demográfica real es de tres a uno, y para el 2060 se reducirá a dos activos por pasivo.
La prevención financiera
Ante este panorama, las personas jóvenes se enfrentan a un escenario sumamente adverso. Primero, porque existe una tendencia generalizada a subestimar la longevidad y los fondos requeridos para la vejez (estimándose una brecha de hasta 20 años de supervivencia por encima del capital ahorrado).
Segundo, porque la distribución de la riqueza global está altamente concentrada: "El 75% de la riqueza mundial la tienen personas mayores de 45 años", lo que deja a los jóvenes con salarios más bajos, dificultades de acceso al capital y herencias que llegarán cada vez más tarde.
Para evitar la vulnerabilidad económica, las nuevas generaciones deberán construir de manera individual una nueva arquitectura financiera para vidas de 100 años.
Falcone detalló la fórmula indispensable para el retiro de los menores de 50 años: "Vamos a combinar seguir trabajando por más tiempo, ahorro, aprender a invertir y protección, que son los seguros".
Esto abre -sugirió- un enorme nicho para la industria del seguro y las finanzas, que debe diseñar con urgencia herramientas de protección para cubrir los riesgos de una longevidad extendida.
Jóvenes y "Silver Economy"
Finalmente, Falcone invitó a las corporaciones a abandonar la obsesión publicitaria por los segmentos puramente jóvenes y aspiracionales, y abrir los ojos a la Silver Economy (la economía de los mayores de 50 años) y la Longevity Economy (el impacto de vivir más en todas las generaciones).
Los mayores de 50 años representan actualmente la tercera economía más grande del mundo y definen el 40% del consumo mundial. Sin embargo, muchas marcas se resisten a hablarles directamente.
"No hablamos solo de consumo... la longevity economy es también pensar que vamos a ser productivos por más tiempo, que podemos serlo y debemos serlo", subrayó.
El sector privado que logre gestionar la demografía como una variable estratégica, en lugar de un mero dato de contexto, encontrará allí una ventana de oportunidad sin precedentes para el crecimiento económico y social.
En un país donde conviven realidades tan dispares como la de Misiones -la provincia demográficamente más joven del país, con un promedio de 28 años- con grandes centros urbanos envejecidos, la advertencia de Andrea Falcone resuena con fuerza: "Estamos a tiempo. No por mucho tiempo, tenemos una década por delante".








