El domingo 25 de octubre, Brasil definirá una buena parte del rumbo regional de los próximos cuatro años. La segunda vuelta entre Flavio Bolsonaro y Lula se celebrará en un contexto marcado por la disputa comercial entre Estados Unidos y China, el giro de la política de Washington hacia el continente americano y sus aliados y los conflictos armados que alteran el flujo del comercio internacional e impactan en el precio de los commodities por la suba del barril de petróleo, que está impulsando un ciclo de alta inflación en el mundo, con su impacto en el humor social.
"De ganar Bolsonaro, la prioridad de Brasil estará en Washington y, eventualmente, en competir con la Argentina por ese vínculo"
"Una victoria de Flavio Bolsonaro favorecería el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre ambos países. Sin embargo, sería ingenuo esperar una expansión significativa de la cooperación", prevé Julieta Zelicovich, doctora en Relaciones Internacionales. Reparar el vinculo bilateral roto y el futuro del Mercosur, entre alguno de los temas por resolver.

"El resultado electoral de la primera vuelta muestra, ante todo, un Brasil profundamente polarizado: dos opciones antagónicas, casi excluyentes, concentraron cerca del 90 % de los votos en proporciones similares. Un análisis más detallado revela, además, un giro hacia posiciones conservadoras: el bolsonarismo creció, mientras que el lulismo y el PT mostraron una contracción relativa. Este escenario coincide con un informe de Latinobarómetro publicado la semana pasada, que ya advertía sobre tendencias capaces de anticipar el resultado: el avance de la agenda conservadora, la desconfianza en el sistema de partidos y un apoyo a la democracia llamativamente menor que en otras regiones del continente", dice Julieta Zelicovich, doctora en Relaciones Internacionales.

- ¿Cuánto hay en el resultado de influencia de factores no políticos, como por ejemplo los evangelistas, y cuánto hay de la gestión de Lula?
- Si se analiza el resultado electoral en el contexto latinoamericano, el primer dato es la derrota recurrente de los oficialismos. Esto refleja su dificultad para ofrecer resultados que satisfagan a la ciudadanía en un escenario económico y político internacional complejo, agravado por décadas de problemas de desarrollo en la región. Aunque la gestión de Lula mostró buenos indicadores económicos, una parte importante de la población no los percibió y esos logros no se tradujeron en apoyo electoral. Al mismo tiempo, preocupaciones como la inseguridad, el avance del narcotráfico y la corrupción fueron moldeando una agenda que la derecha logró interpretar mejor. La religión tuvo un papel decisivo en la campaña anterior, cuando Bolsonaro se apoyó en los movimientos evangélicos, pero en esta elección su influencia parece haber sido menor. Por eso, conviene entender el resultado desde una perspectiva multicausal: la dificultad del gobierno de Lula para convertir los logros económicos en respaldo político y para responder a las demandas vinculadas con la seguridad y la corrupción. A esto se suma otro factor: fue la séptima elección presidencial de Lula desde 1989, cuando participó por primera vez y la cuarta en este siglo.
- Daniel Schteingart, director de Desarrollo Productivo en Fundar, comparó municipio por municipio los resultados de estas elecciones con las de 2022 y concluyó que en 5.498 de los 5.570 municipios del país el voto se corrió de Lula a Flavio Bolsonaro, lo que indica principalmente un rechazo a la gestión, complementada además con un sentimiento anti-Lula y anti-PT muy sólido en un porcentaje importante de la población.
-Efectivamente hay una cuestión anti-PT, algunos de los sectores de apoyo a Bolsonaro tienen un perfil muy conservador, que van en contra de la agenda del PT, pero hay también una dificultad del PT de trascender la figura de Lula. Y si miras los resultados de las elecciones de gobernadores y de congresistas, el partido liberal crece sustancialmente y las opciones asociadas al lulismo no lo hacen. Ahí es donde se ve el agotamiento, en una incapacidad de ofrecer una narrativa de futuro, una alternativa a la agenda de problemas actuales.
Impacto en Argentina
-Brasil es el principal socio comercial de Argentina. En estos momentos hay un conflicto diplomático serio, se han retirado los embajadores. ¿Qué puede pasar después de la elección del 25 de octubre?
- El escenario cambia según quién gane. Si Lula logra captar parte de los votos de los candidatos que quedaron fuera de la segunda vuelta y movilizar a quienes se abstuvieron, podría imponerse. De hacerlo, es probable que el conflicto diplomático se prolongue. Aunque en algún momento ambos países deberán normalizar sus vínculos, el proceso sería arduo. En cambio, una victoria de Flavio Bolsonaro favorecería el restablecimiento de las relaciones diplomáticas —incluida la reposición de embajadores— por la afinidad ideológica y el diálogo previo entre el bolsonarismo y el mileísmo. Sin embargo, sería ingenuo esperar una expansión significativa de la cooperación. Las derechas latinoamericanas, y en particular el bolsonarismo, no suelen promover la integración regional ni asumir los costos de un liderazgo regional y buscará posicionar a Brasil como actor principal. Podría haber buena sintonía y diálogo, pero no preveo en el corto plazo una relación bilateral más estrecha con la Argentina. La prioridad de Brasil estaría en Washington y, eventualmente, en competir con la Argentina por ese vínculo.
- ¿Qué papel va a jugar China que, para el agronegocio brasileño, que es poderosísimo, tiene una relación comercial muy fuerte?
-Cuando su padre Jair Bolsonaro estuvo en la presidencia, Brasil intentó hacer un giro de la política exterior alejándose de China, pero prontamente puso frenos en esa estrategia y terminó abriendo una oficina especial para profundizar y jerarquizar los vínculos económicos con China. No se espera que sea algo distinto en Flavio Bolsonaro, que va a deber tener cintura y ser pragmático porque precisamente el sector agroexportador que tiene a China como principal socio comercial es la base de apoyo del bolsonarismo. Ahí hay un desacople de la agenda: la económica va hacia Beijing y la política estratégica hacia Washington; estará en la habilidad de Flavio Bolsonaro lidiar con Washington ese desacople de la agenda. Claramente Brasil tiene las capacidades materiales para hacerlo.
-En el contexto de la disputa comercial China-Estados Unidos, uno de los grandes desafíos de Bolsonaro en caso de ganar las elecciones será el de actuar como un equilibrista, ver de qué manera ir compatibilizando la relación con los intereses del país. ¿Se puede hacer? ¿Es posible?
- Brasil lo ha hecho, en la administración de Jair Bolsonaro tejió vínculos económicos con Beijing a la vez que estableció su pertenencia político-estratégica con Washington y Lula lo hizo aún con mayor capacidad de mantener un proyecto autonómico a pesar de las presiones de Washington. Brasil en esto tiene una línea más soberanista, más autonomista que lo que vemos en la Argentina, incluso dentro de las derechas. Me parece que hay mucha más resistencia y mucho más cuidado de Brasil en algunos asuntos estratégicos que en lo que podemos encontrar en algunos liderazgos en la Argentina.
Nuevo escenario
-Los internacionalistas describen un escenario mundial que pasó de la cooperación a la disputa. ¿No deberá afrontar un mundo más complejo y difícil que el que tuvo a su padre?
- Brasil aumentó sus exportaciones pese a las restricciones impuestas por Washington porque el país tiene capacidad para sortearlas restricciones. La evolución del vínculo dependerá de cómo Estados Unidos busque recomponer o premiar su sintonía con el país: si Lula ya enfrentó un escenario adverso, difícilmente Bolsonaro reciba condiciones aún más desfavorables. De hecho, Lula logró afrontar con habilidad los elevados aranceles estadounidenses a las exportaciones brasileñas.
-El vínculo de Bolsonaro con EE. UU. también puede perjudicar a Argentina porque muchas de las sanciones contra Lula las aprovechó nuestro país, como la venta de carne.
-Argentina ya completó su cuota externa de carne para 2026. La renovación o renegociación de esa cuota en 2027 podría verse favorecida o afectada por el resultado electoral en Brasil, ya que Estados Unidos no aumenta su consumo de carne importada, sino que redistribuye sus compras entre los países proveedores.
-El año pasado escribiste un largo donde planteaste la necesidad de actualizar la normativa del Mercosur. En caso de que gane Bolsonaro, ¿pensás que va a introducir algún tipo de reformas? El presidente de Uruguay dijo estar preocupado por lo que pueda pasar.
-Para Bolsonaro el Mercosur no es una herramienta clave. En la gestión de Jair Bolsonaro, que coincidió con la última etapa de Macri y con Alberto Fernández, no había sintonía ideológica, era muy complejo. Para el Brasil de Bolsonaro, el Mercosur ocupa un lugar menos relevante que en lo que ocupaba en la agenda de Lula y es esperable que avance como avanzó en aquel momento con reformas unilaterales que después al bloque no le quede otra que aceptar. Bolsonaro padre fue el que inició la rebaja del arancel externo común de manera unilateral e inconsulta y generó problemas en ese momento para la industria argentina. Y es esperable que una segunda gestión del bolsonarismo también vuelva a impulsar esta agenda de apertura del Mercosur, de la rebaja de sus instrumentos, con un Brasil que quiera moverse con mucha mayor libertad de la que el Mercosur le obliga a negociar con los socios. Por eso decía que no es esperable un incremento de la cooperación bilateral con Argentina, sino que Brasil va a buscar cortarse solo.
-En este contexto, ¿cómo ves para adelante el acuerdo Mercosur-UE?
-El acuerdo Mercosur-UE va a seguir su proceso de entrada en vigor provisoria, que es lo que tenemos desde mayo. El acuerdo sigue su rumbo. En Europa va a haber mayor sensibilidad, mayor atención a ver cómo Brasil cumple o no la agenda ambiental. Recordemos que durante la gestión de Jair Bolsonaro teníamos esos incendios grandes en el Amazonas y el avance de la deforestación. Creo que Europa va a estar muy atento a cómo Brasil cumple o no cumple con las obligaciones ambientales que el acuerdo reafirma. Pero por lo demás, el acuerdo sigue vigente independientemente de quién sea el presidente de turno.

-En el actual contexto mundial de guerras entre Irán, Estados Unidos e Israel más Ucrania y Rusia ¿Cómo ves el comercio mundial 2026-2027?
- Las proyecciones para 2027 anticipan, como suele ocurrir, un crecimiento del comercio menor que el de este año, aunque esas estimaciones suelen revisarse al alza. Entre los factores que hoy limitan su expansión se destacan las tensiones geopolíticas, las barreras comerciales, los aranceles, las restricciones a las exportaciones y las guerras que afectan puntos críticos de las cadenas de suministro. También comienza a perfilarse como riesgo la fragilidad de la economía estadounidense, marcada por una combinación compleja de inflación, deuda y cierto estancamiento. En sentido contrario, impulsan el comercio las inversiones vinculadas con la inteligencia artificial, que explicaron buena parte de su resiliencia en 2025 y 2026, y la capacidad de las empresas —sobre todo las globales— para adaptarse a los shocks, diversificar sus estrategias y construir cadenas de valor más resistentes que hace cinco años. En síntesis, quizás el escenario no sea tan favorable como el actual, pero tampoco tan negativo.
La mirada en EEUU
- En noviembre se celebrarán elecciones en Estados Unidos. Si Trump pierde, ¿podría disminuir la tensión con China? ¿La reciente cumbre celebrada en Estados Unidos hace quince días ya contribuyó a reducirla?
-La gestión de Trump hacia China fue mucho más benévola en la práctica de lo que ha sido en sus discursos. Hoy las estrategias de Estados Unidos más agresivas se dirigen a moldear las políticas de sus países aliados respecto de China, que en intentar cambiar a China.
-Para que no se le escape nadie del corral...
- Exacto. En este segundo mandato, Trump se ha concentrado más en moldear el comportamiento de su entorno que en cambiar a China. Ese giro le permitió reforzar su control sobre el hemisferio americano como eje principal. Sin embargo, el conflicto con Irán no tuvo el resultado que esperaba al iniciar los ataques. Una derrota en las elecciones de medio término podría llevarlo a priorizar la agenda interna durante el tramo final de su gestión, donde enfrenta varios frentes abiertos. A la vez, la disputa por su sucesión —entre el vicepresidente J. D. Vance y Marco Rubio desde el Departamento de Estado— probablemente definirá el rumbo del Partido Republicano y la futura orientación de Estados Unidos. Esa será, a mi juicio, la tensión más relevante.








