El INDEC respondió la pregunta del millón. En el informe “Evolución de la distribución del ingreso”, publicado el último lunes como cierre estadístico del 2025, indica que la mayoría de los argentinos todavía no llega a ese monto como parte de sus ingresos corrientes.
El INDEC respondió la pregunta del millón: la mayoría no llegó a esa cifra al cierre de 2025
El organismo estadístico mostró en su informe correspondiente al último trimestre del año pasado que si bien el ingreso promedio cruzó la barrera del $1.000.000, para la mayoría de los trabajadores sigue lejos de alcanzar esa cifra.

El organismo determinó los montos percibidos y su reparto al último trimestre del año pasado en los 31 aglomerados urbanos de la Argentina que releva la Encuesta Permanente de Hogares. Dentro de ese universo, precisó que solo el 62,6% de la población total contó con algún tipo de ingreso: fueron 18,8 millones de personas, con un ingreso promedio de $1.011.863.

Pero la media es distinta si se la analiza por deciles (grupos divididos en diez partes iguales). El cuadro de ingresos muestra que los primeros seis deciles (el 60% del total) abarcan a personas que cobraban entre $700 y $900.000. Eso significa que al menos 11.283.509 personas con ingresos estaban por debajo de $900 mil mensuales al cierre de 2025. El séptimo decil llega a $1.100.000 agrupando a 1.883.382 personas. Es decir que la cantidad de argentinos con ingresos inferiores a un millón fue de más de 11,3 millones hasta algo menos de 13,2 millones.
Esta distinción técnica indica que, si bien el ingreso promedio superó el millón, la mayoría no logró acceder a ese monto por mes. El propio informe remarca, además, que el estrato bajo, conformado por los deciles 1 a 4, tuvo un ingreso promedio de apenas $351.028; el estrato medio, de $940.586; y el alto, de $2.476.247. Así, la pregunta del millón se respondió más como brecha entre sectores que como piso de ingresos en la población.
La lupa sobre el trabajo
Enfocado sólo en la población con trabajo, el INDEC marca un límite exacto en el millón. Al cuarto trimestre de 2025 había 13.220.803 ocupados con ingresos; de ellos, 7.934.035 se ubicaban en los primeros seis deciles. Son 7.934.035 personas que llegaron hasta $1.000.000 mensuales. Es decir que seis de cada diez ocupados con ingresos no superaban el millón de pesos en su actividad principal al cierre del año.

El propio reporte indica que el “ingreso mediano fue de $800.000, equivalente al límite superior de ingresos del decil 5, bajo el cual se sitúa el 50% de las personas ocupadas”. Ese es otro de los núcleos del informe: la mitad de los argentinos con ocupación percibió $800 mil o menos mensuales. Por eso, el millón de pesos fue un umbral que sólo pudo superar el 40% superior de los trabajadores con ingresos.
La desagregación por estratos laborales también muestra una estructura bastante partida. El ingreso promedio de los primeros cuatro deciles de ocupados fue de $392.439. En el estrato medio, del quinto al octavo decil, subió a $1.016.016. Y en los deciles 9 y 10 trepó a $2.526.316. Lógicamente, los tramos altos empujaron para arriba la media general de ingresos, mientras el centro de la pirámide estuvo marcado por el millón como frontera.

La segmentación por formalidad laboral muestra que, entre los asalariados, el ingreso promedio fue de $1.082.635. Pero las brechas se marcan entre quienes tuvieron descuento jubilatorio —es decir, empleo formal— que llegaron a $1.321.353 y los asalariados sin el descuento que quedaron en $651.484. En promedio, los informales cobraron prácticamente la mitad que los formales, lo que puede explicar en parte el crecimiento de esta modalidad durante el último semestre que reportó el propio INDEC. Así, en la Argentina al cierre de 2025, el millón de pesos fue más frecuente en el empleo registrado que en el resto del mercado de trabajo.
La desigualdad se mantuvo
La desigualdad estructural, otro de los valores centrales del informe, tampoco cedió demasiado. El coeficiente de Gini del ingreso per cápita familiar fue de 0,427 en el cuarto trimestre de 2025, una mejora muy leve frente al 0,430 del mismo período de 2024. La brecha entre la mediana del decil 10 y la del decil 1 se mantuvo en 13 veces. Y el reparto del ingreso per cápita familiar volvió a mostrar una concentración fuerte: el decil más rico se quedó con el 32,3% del total, mientras el decil más pobre captó apenas el 1,8%. Un tercio de la torta para el 10% de arriba. Menos de dos puntos para el 10% de abajo.

También persistió la brecha de género. Los perceptores varones tuvieron un ingreso promedio de $1.191.364, mientras que el de las mujeres fue de $838.336. No es un dato lateral. Es parte del mismo mapa que explica por qué el millón mensual no se distribuye de manera pareja ni siquiera entre quienes sí tienen ingresos, en una economía que empuja a las mujeres hacia tramos claramente inferiores, como el propio organismo mostró en un dossier especial publicado el pasado 8 de marzo.

El informe también da indicios de cómo se sostienen los hogares de menores recursos. En el promedio del total, el 79,2% de los ingresos de los hogares provino de fuentes laborales y el 20,8% de ingresos no laborales. Pero en los deciles más bajos esa estructura cambia fuerte: “el peso de los ingresos no laborales fue mayor para los deciles de ingreso total familiar más bajos, que fueron 67,7% en el primero y 12,3% en el décimo”, se indica. Es decir, en la base de la pirámide social el trabajo pesa menos como fuente principal de sustento.
Ese cuadro se completa con otra relación que ayuda a entender el malestar de fondo. En el total de hogares hubo 122 personas no ocupadas por cada 100 ocupadas y 61 personas no perceptoras por cada 100 perceptoras de ingresos. Pero en el decil 1, el más bajo de todos, la brecha se profundiza: 284 personas no ocupadas cada 100 ocupadas y 154 no perceptoras cada 100 perceptoras. Es una carga muy superior a la del promedio general y bastante más pesada que la de los tramos altos, donde el decil 10 mostró 42 no ocupados por cada 100 ocupados y 22 no perceptores por cada 100 perceptores. Ahí también se entiende por qué el millón, incluso cuando aparece en una estadística promedio, puede seguir siendo un horizonte lejano para buena parte de los hogares.






