“Hay toda una discusión global que ha tenido visiones distópicas que anticipaban el fin del empleo de las democracias tal como las conocemos y visiones utópicas que hablaban de un salto discreto en la productividad, salarios ilimitados y una abundancia ilimitada, con la IA”. Pero la evidencia demuestra otra cosa según Luciano Laspina.
El 43% de las horas de trabajo pueden ser aumentadas o sustituidas por la IA
La nueva tecnología podrían aumentar la productividad y liberar tiempo, alterando roles sin destruir necesariamente puestos de trabajo. Según Accenture y Cippec, sólo 20% de las empresas del país adoptan la inteligencia artificial, muchas de ellas con baja intensidad. El rol del “juicio humano” y la intuición.

El economista santafesino expuso los puntos centrales de una investigación realizada conjuntamente por CIPPEC y Accenture sobre el impacto de la inteligencia artificial en el mercado laboral argentino. Durante su intervención, analizó la dinámica real de adopción tecnológica global y local, alejándose tanto de las visiones apocalípticas como de las promesas utópicas de abundancia ilimitada.
Dijo que “si bien la experiencia es muy corta, pues estamos hablando de una tecnología que tiene 4 años y cambia cada 6 meses, en realidad la tasa de adopción de la IA es relativamente lenta como lo ha sido con la mayoría de las producciones tecnológicas en el mundo, que ha tomado a veces varias décadas para incorporarse plenamente a los procesos productivos.
“Entonces -dijo- lo que uno tiene que mirar en términos de anticipar si vamos a un escenario distópico o utópico son básicamente dos parámetros: uno es la velocidad de adopción y el segundo es el grado de sustitución o complementación de tareas”.

Ni distopía ni utopía
El economista contrapuso los pronósticos que anticipaban un fin acelerado del empleo con la evidencia empírica disponible de los últimos años. Según explicó, la curva de incorporación de la IA en los procesos productivos sigue un ritmo paulatino, similar al de transformaciones tecnológicas previas.
Para ejemplificar la lentitud del proceso, citó datos del censo empresarial de los Estados Unidos, donde solo una de cada cinco empresas utiliza IA de forma intensiva. Aunque en las compañías de más de 250 empleados la penetración alcanza al 37%, menos del 12% del personal la utiliza diariamente en sus tareas.
Uno de los ejes analíticos centrales planteados por Laspina consiste en descomponer los puestos de trabajo en actividades específicas. El disertante remarcó que la tecnología no suele eliminar puestos completos de forma directa, sino que transforma las funciones que componen cada rol.
"Los empleos son un paquete de tareas, no es una única tarea. Entonces, en muchos casos y yo diría en la mayoría, la inteligencia artificial potencia, automatiza y hace mucho más eficiente una tarea y libera tiempo para otras tareas".

El impacto en los “asalariados”
Laspina señaló que el grado de impacto sobre el empleo y los salarios depende de si la herramienta sustituye o complementa el trabajo humano en cada una de esas funciones.
Al aplicar esta metodología a la estructura productiva argentina, el informe de CIPPEC y Accenture determinó que el 43% de las horas de trabajo en el país son susceptibles de ser aumentadas o sustituidas por la inteligencia artificial.

Los sectores de mayor exposición corresponden a las tecnologías de la información, el sector financiero, los centros de atención al cliente (call centers) y los servicios profesionales ligados al lenguaje y la programación.
No obstante, el principal desafío identificado para la economía nacional radica en la brecha de adopción empresarial de la IA, según el estudio presentado por Laspina. Los datos revelan que apenas el 20% de las empresas argentinas han comenzado a aplicar herramientas de IA en ese universo de horas susceptibles, y menos del 10% del tiempo laboral registra un uso intensivo.
Esta distancia entre el potencial tecnológico y la implementación concreta modera la velocidad del impacto en el mercado laboral.

El lugar de “la intuición”
Apoyándose en la teoría de los "eslabones débiles" del economista de Stanford Chad Jones, Laspina argumentó que, si bien la IA incrementa la eficiencia productiva, el juicio humano sigue siendo el factor crítico e insustituible en la toma de decisiones.
Esta dinámica genera efectos distributivos específicos en la demanda de empleo: mientras se reduce la contratación de perfiles iniciales o juniors -al automatizarse las tareas más repetitivas-, se incrementa la demanda de profesionales experimentados.

"Hay una caída de la demanda de juniors, por lo general, y un aumento de la demanda de seniors con experiencia, porque una de las cosas que no tiene la inteligencia artificial es justamente el criterio humano y la experiencia... La experiencia de vida, la intuición".
Laspina cerró su presentación con un mensaje de optimismo moderado, concluyendo que la inteligencia artificial no representa una amenaza de destrucción masiva del trabajo en la Argentina, sino un proceso de reorganización productiva donde la intuición y el criterio humano mantendrán un rol protagónico.








