Los últimos datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) correspondientes al primer trimestre revelaron que la tasa de desocupación se ubicó en un 7,8% a nivel nacional.
Mercado laboral: la desocupación cerró en 7,8% pero la informalidad ya roza el 44%
El economista Germán Rolandi advirtió en CyD Litoral sobre el auge del cuentapropismo de baja productividad, la pérdida de puestos industriales y el fenómeno de los trabajadores activos que no llegan a fin de mes.

Si bien el indicador muestra una leve oscilación respecto al 7,9% registrado en el mismo período del año anterior, los analistas advierten que se consolida un deterioro de carácter estructural en la calidad del empleo en Argentina.
La estabilidad del índice general esconde realidades heterogéneas. Mientras que los enclaves ligados a la minería y la energía —como Neuquén con Vaca Muerta, o Salta y Jujuy con el litio— traccionan la demanda de mano de obra formal, los grandes centros urbanos de perfil industrial sufren el impacto de la recesión.
Además, la habitual capacidad de derrame del sector agropecuario en la región pampeana no está logrando dinamizar el comercio ni la construcción en las localidades de menos de 500.000 habitantes debido al peso de los costos del sector.

El avance de la informalidad
En diálogo CyD Litoral, el licenciado en Economía Germán Rolandi desglosó los componentes del escenario actual y prestó especial atención al incremento de la precarización.
"La informalidad alcanzó el 44%, lo cual es muy elevado y plantea serias dudas acerca de la sostenibilidad del déficit fiscal en perspectivas de mediano y largo plazo", explicó el especialista, trazando un paralelismo con las deficiencias previsionales de los años 90.
Según el economista, este fenómeno ya no golpea únicamente a los asalariados tradicionales en negro, sino que se extiende hacia los trabajadores independientes y pequeños empleadores.
Asimismo, se observa un marcado reemplazo del empleo formal: "El cuentapropismo viene creciendo sostenidamente en los últimos dos años, quitándole lugar a la pérdida de empleo formal y asalariado. Esto está llevando a generar un gran grupo de monotributistas de baja productividad".
"En la década de los 90', el desempleado ponía un parripollo; hoy se repite a un nivel incluso más bajo: ponemos una despensita, un kiosquito o negocios de servicios de menor rendimiento", añadió.

Extensión del tiempo de búsqueda
Una de las marcas registradas de la época es la proliferación de ocupados que, a pesar de cumplir jornadas completas, no cubren la canasta básica.
"Esta característica no se había observado tanto en los 90'; en ese momento era muy claro quién estaba dentro del modelo y quién afuera. Ahora, incluso el que tiene trabajo y cumple 40 horas semanales no llega a fin de mes", puntualizó Rolandi.
Esta presión empuja el fenómeno del pluriempleo y las subocupaciones demandantes, llegando a afectar a más de la mitad de la población en aglomerados como el Gran Córdoba, y replicándose con fuerza en el Gran Rosario, La Plata y Gran Mendoza.

Para finalizar, el economista remarcó otro dato crítico: el desempleado tiende a permanecer más tiempo en esa condición. Los registros demuestran que la franja de personas que lleva entre tres meses y un año buscando insertarse creció significativamente.
"El mercado de trabajo no está generando puestos de trabajo; al contrario, los que se crean son informales, donde la señal de la época es el famoso trabajador de aplicaciones de envíos o transporte. Es un cambio estructural en la forma en que se emplea la gente", concluyó.









