En un año muy complejo para la economía global como consecuencia de la pandemia de Covid-19, la producción agropecuaria fue un centro de atención permanente del gobierno, los productores y los empresarios. Claro que hubo situaciones no queridas que obligaron a replantearse niveles de estimaciones consideradas fijas al comienzo de marzo pero que luego fueron cambiando con el correr de los meses. Considerada una actividad esencial, la productiva fue una de las que continuó desarrollándose, especialmente para el abastecimiento de alimentos y atender los requerimientos exportadores. Eso fue clave para que la actividad no perdiera ritmo sino que lo frenara un poco, situación que mejoró a partir de mitad de año hasta alcanzar valores de la actualidad pre-pandemia.



































