En tiempos en los que el miedo parece colarse en los pasillos de las escuelas en forma de amenazas, un grupo de estudiantes de Santa Fe decidió construir otro mensaje. Alumnos de la Escuela de Educación Secundaria Orientada Particular Incorporada (EESOPI N° 3098) “Juan Marcos” salieron a la plaza parar hacerse oír y contagiar otra mirada frente a lo que está sucediendo. “Queremos estar en la escuela”, dicen.
Con carteles y una consigna clara: un grupo de alumnos de Santa Fe llevó un mensaje de paz a la plaza
Los estudiantes dejaron en claro que hay otra historia para contar. Una que no niega los problemas, pero que se anima a responder desde otro lugar a la violencia y a las amenazas que, en las últimas semanas, sacudieron a distintas instituciones educativas.

Hubo carteles, abanderados, bombos y una certeza compartida: la escuela es un lugar de paz. La convocatoria fue este martes a la siesta en la plaza 25 de Mayo.
“Estamos atravesando esta situación, esta problemática a la vista de toda la sociedad, y dijimos: vamos a apostar a otra cosa”, explicó la directora Rosana Malfante, quien destacó que la iniciativa surgió de los propios estudiantes. “¿Qué piensan ustedes? ¿Qué quieren hacer? Y se sumaron a esta movida de mostrar lo que vivimos en la escuela, por qué queremos estar, por qué elegimos no quedarnos en los desafíos de redes sociales que dañan”.

La propuesta se enmarca en el proyecto institucional “Habitar la escuela”, que busca poner en palabras aquello que muchas veces no se ve: los vínculos, el deseo de aprender, el sentido de pertenencia. “Me parece que lo más valioso es escucharlos -remarcó Malfante a El Litoral-. Apostar a un adolescente crítico, que puede tener pensamiento propio y que decide no sumarse a cosas que no quiere”.
“Queremos ir a la escuela en paz”
“La violencia hiere el cuerpo y la mente del que la ejecuta, del que la sufre, de los que lloran, de toda la humanidad. Nos rebaja a todas las personas”. Esa frase de Kathy Reichs, antropóloga forense y escritora, es una de las tantas plasmadas en los afiches que los chicos llevaron a la plaza.
“No es una broma, es un delito”, “Quiero estar en la escuela porque no me siento un número, porque me siento vivo, porque están mis amigos, porque aprendo”, fueron otras consignas expresadas. Entre carteles y miradas cómplices, la voz de los estudiantes fue tomando forma.
“Estamos en la plaza para proponer un plan de paz que invite a otras escuelas a unirse y combatir el bullying y las amenazas”, contó Ignacio Méndez, alumno de 5to año. “Buscamos crear un ambiente seguro y tranquilo para todos y queremos que más escuelas se sumen”.

Conscientes de la preocupación que generan las amenazas, dijo: “A veces se toman como chistes, pero si lo ves desde otro punto es bastante trágico. Somos chicos de 17, 18 años, con toda una vida por delante. Queremos sentirnos tranquilos, seguros, sin miedo”.
La misma inquietud atraviesa a sus compañeros. “Por suerte en nuestra escuela no pasó, pero tampoco queremos que pase -indicó Jazmín-. Por eso vinimos a un lugar más visible, para que nos escuchen y se tome conciencia”.
Para Tomás Avaca, también de 5to año, la clave está en lo colectivo. “Tratamos de que no haya diferencias entre los más chicos y los más grandes. Somos una sola comunidad”, explicó. “La idea es llevar este plan a otras escuelas, que se implemente y que se corte el bullying y todas esas cosas que pueden escalar”.
Esa construcción cotidiana -la de una convivencia basada en el respeto- aparece como la otra cara de un problema que muchas veces se amplifica en redes sociales. Lucas Godoy lo plantea sin rodeos: “Las redes son todo un mundo. Muchas veces estos desafíos son anónimos, no sabés quién los hace. Es complicado, aunque después se rastree con las IP. La situación es difícil”.
Mostrar lo que sí funciona
La directora resumió la actividad en una idea que atravesó toda la jornada: correr el foco. “A veces se replican situaciones sin querer, por un like más. Entonces dijimos: podemos mostrar otra cosa”, señaló. “La escuela no es solo lo negativo. Es un lugar que suma, que construye, que acompaña”.

Y en esa línea, la apuesta es clara: que el mensaje no quede encerrado en una institución. Que circule, que se multiplique, que encuentre eco en otros adolescentes. “Quién mejor que ellos para contagiar -planteó Malfante-. Entre pares, en sus redes, con sus propios códigos. Ayer, cuando empezó a surgir la propuesta, los chicos veían cómo se sumaban los ‘likes’, los seguidores. Ojalá eso se transforme en acciones en otras escuelas”.
La consigna fue simple, pero potente. “Yo quiero estar en la escuela”. No como una obligación, sino como una elección. Una donde la escuela sigue siendo, pese a todo, un espacio que vale la pena habitar.









