Hombre de teatro, apasionado, a lo largo de medio siglo nunca dejó de trabajar. El año pasado, en una entrevista concedida a El Litoral para reflexionar sobre el impacto de la pandemia en la actividad, decía lo siguiente. “En general, nunca nos detuvimos. Tuvimos trabas. Yo empecé en 1964 y en 1966 se da el golpe a (Arturo) Illia y sube (Juan Carlos) Onganía, que paralizó toda la actividad cultural del país, aparte de otros desastres. Lo mismo pasó con el golpe de 1976 y con todos los gobiernos militares, que siempre frenaron nuestra actividad. Yo lo viví sobre todo en la universidad: cuando tuvimos rectores democráticamente elegidos, hubo actividades de extensión y de cultura. Con las intervenciones, lo primero que se apaga es la extensión y la cultura. Es lo más inquietante para el represor, porque es algo que no puede manejar. Pero no hemos tenido una situación tan límite como esta, en donde no solo no podés hacer un espectáculo, sino que prácticamente no podés salir a una cuadra de tu casa”.