“Sólo me falta saber / la fecha y el lugar / y allí iré cantando”, decía Carlos Alberto Solari, el Indio, en “Encuentro con un ángel amateur”, la canción que estrenó en su fase de artista (doblemente) virtual (apareció en las pantallas del show por streaming que Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado realizaron desde Villa Epecuén). Sabía que el ángel lo vendría a buscar en una fecha cercana, y su espíritu ya había hecho las paces con su circunstancia.
Carlos "Indio" Solari: una vida por afuera de las reglas, una condena al paraíso
El fundador de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, devenido en convocante solista, falleció hoy 5 de junio, a los 77 años. Dejó tras de sí una carrera personal, realizada desde la independencia artística y económica. Aquí, un repaso de su devenir como uno de los referentes indiscutibles de la escena nacional.

“La vida mía ha pasado con pie rápido. Cuando tenés una personalidad como la mía, la gente te va transformando en un inútil también, porque te hacen todo: te te van abriendo las puertas, vos vas caminando y no te para nadie. Y eso te malcría”, le dijo a Andy Kusnetzoff en diciembre pasado.
Y agregó: “(A la muerte) la pienso en términos poéticos, y vivo de la misma manera que cuando tenía 20 años, en el presente; y no se me ocurre pensar en eso y no se me ocurre saber cómo es, nada: no sé cómo abarcar la muerte. Es como una gloria que te excede”.
Genio y figura
Miles de fanáticos, seguidores a distancia y todos aquellos tocados de alguna forma por su obra acompañaron la ordalía del mal de Parkinson que lo acompañó durante la última década, y que lo alejó de los escenarios desde aquel show del 11 de marzo de 2017 en Olavarría, que se convirtió en su última presentación material sobre un escenario; también fue la despedida de Martín Carrizo, ya afectado por la esclerosis lateral amiotrófica.
(Ese concierto sigue siendo el show con entrada paga más grande de la historia argentina (400.000 tickets, más los “autoinvitados” de siempre) y el de mayor despliegue de sonido (además del PA principal, hubo cuatro líneas de refuerzo con cuatro torres cada una).
Pero nadie pensaba en que el día llegaría, ni siquiera sus detractores. Porque también los tenía: desde quienes cuestionaban su pluma y su historia, supuestamente inferior a otros músicos argentinos, hasta quienes le reprochaban su compromiso político y su cercanía con Cristina Fernández de Kirchner, que se volvió encuentro de la mano de Marcelo Figueras, coautor de su autobiografía conversada (“Recuerdos que mienten un poco”) y presentador del de la ex presidenta (“Sinceramente”).
Ídolo inesperado
Solari, nacido en Paraná el 17 de enero de 1949, siempre se movió por fuera de los límites. En los 90, cuando fue la explosión de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, el público rockero se encontró con un frontman atípico. Totalmente calvo, de emblemáticos anteojos oscuros redondos (valga la redundancia), que vestía camisas estampadas de manga corta, a veces adentro del pantalón: más cerca de la estampa de un oficinista cool que de una figura convocante del rock argentino.
También era el que sorprendió a muchos con su verba en la histórica conferencia de prensa del 16 de agosto de 1997, tras la cancelación del show en Olavarría (las vueltas de la vida).
Tampoco su carrera fue tradicional. Alguna vez dijo ácidamente que “el rock nacional era eso que sonaba de fondo mientras hacíamos artesanías vestidos con túnicas”. La banda que marcó un hito en la escena argentina nunca se sintió demasiado parte de la misma.
Con diversas influencias musicales de las que empezaron a entrar entre fines de los 70 y principios de los 80, como las que trajo Eduardo “Skay” Beilinson de Londres, y las ideas e imágenes que Solari y allegados desarrollaron en largas tenidas nocturnas sobre filosofía y vidas al límite, desarrollaron una estética que unió elementos de rock clásico con un camino personal.
Después vinieron los años de la mitología: el primer show oficial de los Redondos como tales, el 6 de enero de 1978 en el Polaco Bar de Salta, que representó la transición del colectivo artístico platense a una banda organizada en torno al triunvirato formado por el Indio, Skay y la Negra Poly (Carmen Castro, “la nueve milímetros”), esposa del guitarrista y manager del todo. La identidad visual de Ricardo “Mono” Cohen, más conocido como Rocambole, empezaba a despuntar en afiches y gráficas, en la misma época en que Edgardo Gaudini, “el Doce”, se disfrazaba de sultán y, escoltado por efebos semidesnudo, repartía los “redonditos de ricota” que él mismo había cocinado.

Camino propio
El salto fue en abril de 1985, cuando finalmente lanzaron su primer álbum de estudio Gulp!, grabado en los estudios de MIA (Músicos Independientes Argentinos) con el padrinazgo de Lito Vitale. Eso fue un traspaso de antorcha: el concepto de autogestión que MIA había forjado en los 70 a partir del trabajo de Rubens “Donvi” Vitale y Esther Soto (padres de Lito) crecería hasta los estadios y los predios de la mano de los Redondos, quienes editaron “por afuera” toda su discografía, en tiempos en que había que desarrollar toda una ingeniería propia para decirle “no, gracias” a la industria.
Así, trabajaron con Del Cielito Records, de la mano de su fundador (y productor de sus discos), Mario Breuer. Y forjaron alianzas a lo largo del país, como la que desarrollaron con Arturo Iturraspe, el sancarlino que pasó de ser tarjetero de L’Etoile a organizar sus multitudinarios shows en ese boliche.
En tiempos en que la Capital y sus adyacencias se volvieron hostiles, después de la muerte de Walter Bulacio en abril del 91, “las bandas” empezaron a viajar a los recónditos lugares donde Patricio Rey convocara (la estadística incomprobable dice que el quiosco de la esquina de L’Etoile freía 40 kilos de milanesas cada noche y las “ensanguchaba”, para ser devoradas por las juestes ricoteras).
Cuando el boliche sancarlino quedó chico, fue el turno de las canchas de Unión (28-12-1996) y Colón (13-12-1997), esta última con el famoso incidente del pasto y la lluvia. El ciclo final tuvo su regreso triunfal a River (15 y 16 de abril de 2000), y el cierre en el Chateau Carreras (hoy Estadio Mario Alberto Kempes) el 4 de agosto de 2001.

Más allá
Luego estallarían las diferencias en la dupla creativa, que en el plano artístico venían de la mano de la preeminencia del Indio y sus búsquedas electrónicas en “Último bondi a Finisterre” y “Momo Sampler”. Ese viaje artístico seguiría en “El tesoro de los inocentes”, su debut solista, a partir del cual “el Míster” se hizo cargo de las ilustraciones y el management, toda vez que Poly y Rocambole quedaron del otro lado.
Capitaneó todo desde su complejo en Parque Leloir, que incluye el estudio Luzbola y su domicilio (“Luzbulo”), compartido con su esposa Virginia y su hijo Bruno. Allí nacieron Los Fundamentalistas y allí trabajaron hasta hace poco, cuando grabó su participación en video para el show de la agrupación en Jesús María, el pasado 23 de mayo. También allí produjo su participación en “Quemarás”, su colaboración con WOS, una de las voces refrescantes en la música argentina.
El resto es historia: quedan las canciones, las imágenes, las entrevistas inteligentes tras los tiempos de silencio, los amigos que fue cultivando a lo largo del tiempo (de Enrique Symns a Aníbal Fernández), las acusaciones de aburguesamiento, el estar “más allá de todo” y sentirse un privilegiado: sabía que un ángel zonzo, amateur, lo había condenado al paraíso, con todo lo que eso conlleva.








