"El árbol de la buena muerte y otros cuentos" es una selección de relatos breves de ciencia ficción de Héctor Germán Oesterheld, con prólogo de Ricardo Romero. Minotauro acaba de reeditar el volumen, casi medio siglo después de la desaparición forzada del escritor, ocurrida en 1977.
Reeditan cuentos de Oesterheld que permiten ver una faceta menos conocida del creador de "El eternauta"
"El árbol de la buena muerte y otros cuentos", publicado nuevamente por Minotauro, reúne relatos de ciencia ficción que permiten acercarse al escritor más allá de su obra mayúscula y reconocer temas e inquietudes presentes en toda su obra.

Este libro permite ingresar en una zona menos transitada de su obra, su faceta como cuentista. Antes y en paralelo a la historieta (el género que lo convirtió en referente de la cultura argentina), abordó en prosa breve algunas de las mismas preguntas que luego trasladaría a otros soportes narrativos.
Más allá de "El Eternauta"
Es cierto que el nombre de "H.G.O." (cómo se lo suele citar) quedó asociado sobre todo, a "El Eternauta", la historieta que críticos como Juan Sasturain, Guillermo Saccomanno y Rodrigo Fresán pusieron a la altura del "Martín Fierro", en tanto epopeya nacional.
Pero la reedición de "El árbol de la buena muerte y otros cuentos" permite comprobar la ductilidad de Héctor para introducirse en otras posibilidades narrativas, más allá de los límites de la viñeta. Y hacerlo sin perder de vista aquello que podría definirse como su "sello personal".

En sus cuentos aparecen, de hecho, algunos de los misterios de la historia de Juan Salvo y sus amigos frente a la invasión intergaláctica de los "Ellos". La soledad del individuo frente a lo desconocido, la fragilidad humana, el miedo, la memoria y las preguntas sobre el lugar del hombre frente al cosmos.
Por eso, volver sobre el cuentista también permite comprender mejor al Oesterheld guionista. No son dos escritores diferentes, sino de distintas expresiones de una misma mirada.
El gran lector detrás del guionista
Antes de convertirse en el guionista que trabajó junto a Hugo Pratt, Alberto Breccia y Francisco Solano López, Oesterheld fue, sobre todo, un gran lector. Su relación con la literatura fue amplia y estructurante.
Esa formación le permitió, más tarde, dignificar la historieta (considerada por muchos un género menor) y dotarla de una densidad narrativa poco habitual, por encima de la media.

Su voracidad por los libros lo llevó a los clásicos de aventuras de Robert Louis Stevenson (La isla del tesoro), Daniel Defoe (Robinson Crusoe), Julio Verne (Viaje al centro de la Tierra), Emilio Salgari (Sandokán), Herman Melville (Moby Dick) y Joseph Conrad (Lord Jim).
El universo escenarios exóticos y personajes llenos de matices de esas obras están siempre en Oesterheld. Durante años escribió cuentos infantiles, adaptaciones y textos de divulgación científica para editoriales como Códex, Abril y Sigmar, mientras colaboraba con la revista Más Allá, pionera de la ciencia ficción en español.
Ciencia ficción, literatura y memoria
"El árbol de la buena muerte y otros cuentos" tiene una relación directa con esa faceta de Oesterheld como escritor de ciencia ficción. Según la sinopsis editorial, "ningún relato está incluido porque sí", todos poseen un trasfondo alegórico y buscan decir algo "de un modo humano, no enrarecido".
En sus páginas aparecen "pájaros que funcionan como portales, dioses de segunda mano, paraísos artificiales y muertes que atraviesan galaxias enteras". Son relatos construidos que, según la editorial, continúan hablando de la soledad, la tecnología y la memoria.

No resulta extraño que Oesterheld haya elegido el cuento como una de sus formas de expresión. Nunca ocultó sus fuentes literarias. Por el contrario, las puso en primer plano y las convirtió en parte activa de sus relatos.
En "El Eternauta", por ejemplo, uno de los personajes se refiere a la situación provocada por la nevada mortal comparándola con la de unos "Robinsones" en una isla. La referencia no es antojadiza, revela hasta qué punto la literatura de aventuras formaba parte del imaginario desde el cual Oesterheld construía sus historias.
Algo similar ocurre con el Sargento Kirk. Algunas interpretaciones señalan que el personaje nació como una suerte de relectura del Martín Fierro, trasladando la tradición gauchesca al territorio de la aventura gráfica. Luego, por imposición editorial, la historia debió trasladarse al Oeste norteamericano. Sin embargo, deja expuesto el vínculo entre Oesterheld y la literatura argentina.
En "Mort Cinder", por otra parte, los objetos antiguos funcionan como detonantes de la memoria histórica colectiva. Las tramas conectan con episodios como la Batalla de las Termópilas, la Torre de Babel o el Antiguo Egipto, en un procedimiento que puede recordar a la novela "El escarabajo", de Manuel Mujica Láinez.

Hubo, además, un Oesterheld traductor de la tradición literaria hacia el público masivo. A lo largo de su trayectoria adaptó clásicos para publicaciones como Billiken y llegó incluso a escribir versiones noveladas de sus propios personajes.
Oesterheld, memoria y vigencia
Ningún acercamiento a la obra de Oesterheld puede desprenderse de su contexto. A comienzos de los 70 se volcó, junto a sus hijas, a la militancia política. Tras el golpe de Estado de 1976, pasó a la clandestinidad y continuó escribiendo guiones.
El 27 de abril de 1977 fue secuestrado por grupos de tareas de la dictadura y permanece desaparecido, al igual que sus hijas Diana, Beatriz, Estela y Marina.
Dos años antes, en 1969, había publicado una nueva versión de El Eternauta para la revista Gente, con un guion políticamente más comprometido. Aquella reescritura marcaría otro momento fundamental en la transformación de su obra y en la lectura política que posteriormente se haría de ella.
El reconocimiento internacional llegó después de su desaparición. En 1980 recibió de manera póstuma el premio Yellow Kid del Festival de Lucca, en Italia. En 2016, El Eternauta obtuvo el premio Eisner, uno de los principales reconocimientos de la industria del cómic, y en 2025 recibió el Troféu HQMIX de Brasil.

En Argentina, además, el Día de la Historieta se celebra cada 4 de septiembre en homenaje a la primera edición de Hora Cero, la revista que Oesterheld publicó en 1957.
El peso de Netflix
En los últimos años, "El Eternauta" absorbió buena parte de la atención crítica sobre el autor, una centralidad potenciada por la adaptación de Netflix y por la renovada vigencia de su lectura política sobre la invasión, la resistencia y la construcción colectiva.
Pero esa centralidad también puede producir un efecto paradójico, dejar en segundo plano al cuentista, al escritor de relatos breves que ensayó en la prosa algunas de las mismas obsesiones que luego desarrollaría en el lenguaje gráfico.
Volver a "El árbol de la buena muerte y otros cuentos" permite, precisamente, ampliar la mirada. Porque no hay Oesterheld guionista sin el Oesterheld lector voraz, ni Juan Salvo sin ese escritor que mucho antes había aprendido a mirar el universo para hablar de lo que le pasa al ser humano.








