"Una mamá de a pedacitos" es un libro-álbum escrito por Magela Demarco e ilustrado por Caru Grossi que ya circula por escuelas y bibliotecas de todo el país.
Un cuento infantil que discute con el mito de la madre "todoterreno"
Magela Demarco y Caru Grossi publicaron una historia que circula por escuelas. Según contaron a El Litoral, retrata cómo distintas personas (una vecina, una portera, una tía) completan lo que una crianza en soledad no alcanza a cubrir.

El texto contó con la supervisión de la licenciada en Educación Ivana Rugini, que desde hace quince años trabaja en una institución terapéutica para personas con discapacidad mental y desde hace trece en el Consultorio Terapéutico Interdisciplinario.
El protagonista es un nene que no tiene, dice él mismo, "una mamá entera". La fue armando de a pedacitos, con la ayuda de Cristina, la vecina; Estela, la portera del colegio; Melina, "la tía de ganas", y de otras personas que completan lo que la madre (que es costurera, está sola y no tiene tiempo) no llega a cubrir.

El Litoral conversó con las autoras sobre el origen de la historia, el proceso de trabajo compartido entre texto e ilustración, y sobre por qué, según ellas, el mandato de la madre "todopoderosa" sigue tan instalado incluso cuando el día a día lo desmonta de todas las maneras posibles.
Experiencias propias y ajenas
Demarco aclaró que no hay un caso puntual que haya servido de inspiración, sino una convicción. "Todos nos vamos armando de a pedacitos, y son varias las personas que van participando durante toda la vida y que van ayudando a nuestras madres o a otras personas a maternarnos", explicó.
La autora repasó su niñez para fortalecer el punto. A ella la maternó su mamá, pero también su tía, su abuela y la mujer que la cuidaba mientras su madre trabajaba. Eso, dijo, era más habitual cuando las familias vivían más cerca unas de otras. Hoy, en cambio, muchas mujeres que crían están solas, lejos de sus familias de origen o sin la presencia de un padre.

Ahí aparecen los vínculos que el libro prioriza: la vecina, la maestra, la portera, la tía que no es de sangre pero es "de ganas". En el caso de Melina (la tía), ese personaje acompaña los fines de semana a una madre que trabaja mucho y que, según contó Demarco, en algún momento de la historia se queda dormida de cansancio.
Cristina, la vecina, aparece con otra función, cocina de más y comparte esa comida con el nene y su mamá, bajo la excusa de un juego: imaginan que cocinan para gigantes de un castillo, y por eso siempre sobra. Detrás de la ficción hay una lectura sobre la precariedad económica.
El proceso creativo
Más que en una experiencia puntual, el origen del libro es como un "collage de vivencias propias y ajenas", alimentado por el contacto permanente con chicos y chicas en escuelas y talleres.

Al respecto, Caru Grossi agregó una idea para entender cómo trabajan con Magela. "Lo que nos pasa es por resonancia a las dos. Hay historias que te las cuentan y no resonás, porque no te pasó, porque no es el momento; pero hay otras que te tocan profundo y esas son las que terminan siendo libros", afirmó.
La ilustradora describió el vínculo texto e imagen como un ida y vuelta constante, una construcción compartida donde las palabras las maneja Demarco y las imágenes quedan del lado de Grossi, pero ambas se nutren. A ese proceso, contaron, se suma la editora de La Brujita de Papel, que también aporta en cada libro.
El mito de la madre todoterreno
El libro intenta poner en tensión la idea de la madre que puede con todo. El vínculo con otro título de la autora, "Un papá intermitente", es inmediato. Ambos libros terminan con una pregunta y comparten un dato contundente, que la mayoría de los padres separados no paga la cuota alimentaria.

"Esto lo vemos en las escuelas todo el tiempo: madres desbordadas, que no pueden con todo, y a eso ahora se le suma la crisis económica", señaló Demarco, que además de escritora viene del periodismo, presente en su forma de trabajar con datos y estadísticas dentro de sus libros.
La autora, que tiene un hijo de catorce años, indicó que la carga sigue recayendo más sobre las madres, con el costo físico y emocional que eso implica. Por eso, remarcó, el libro busca habilitar la idea de que no se puede con todo.
Lo que hay en vez de lo que falta
Ante una cultura que tiende a nombrar las carencias, Demarco y Grossi priorizan mirar lo que está. En el libro se traduce en personajes como Estela, la portera que abre el colegio media hora antes para darle el desayuno al protagonista, comprarle un cepillo de dientes y peinarlo antes de que entre a clase.

La idea se completa con una pregunta que cierra el libro y que, según cuentan, se volvió una herramienta para docentes: ¿qué personas abrigan tu corazón? A partir de esa consigna, muchas maestras invitan a los chicos a dibujar o nombrar a sus redes afectivas.
Las autoras coincidieron en que el libro es un llamado a salir del individualismo del presente. Mirar a la vecina que cría sola, a la mamá que siempre lleva sola al nene al colegio, y ofrecer ayuda es parte de una posible resistencia.
"Necesitamos que alguien nos apuntale, como nosotros apuntalamos a otros. Es entre todos, en discurso, en red", sintetizó Magela Demarco.








