“Año 2000. Paula Siero hacía una breve participación en ‘Tiempo final’ (Telefe), ciclo del que él formaba parte. ‘Ella era tan bonita y tan codiciada que donde se sentara se hacía un rueda de gente alrededor. Y como a mí no me gustaba todo eso, seguía muy de lejos la conversación. Entretanto, la escuché decir que bailaba tango’, recuerda. ‘Y me metí’. ‘¿Dónde?’, le pregunté. Era el mismo lugar al que yo solía ir, conocía a los dueños y a varios de los profesores. Entonces, antes de que se disolviese el grupo, porque llamaban a grabar, le saqué día y hora. Y el viernes, a las 10, estuve ahí, impecable y con zapatos de bailarín bien lustrados”, cuenta. “Como hacía mucho que no iba por ahí, al llegar, me distraje saludando gente. No la vi. Sentí que la había perdido. Recorrí esa pista casi con desesperación hasta encontrarla. La noté incómoda, me dijo: ‘Hoy hay mucha gente’. Y me gustó, su perfil era tan bajo como el mío y así sigue siendo. ‘¿Nos vamos a otro lugar más tranquilo’, propuse. Fuimos. Bailamos. Lo pasamos muy bien. Y al llegar a su auto, le dije: ‘En este momento, agarraría con vos la Ruta 2 y no volvería más a casa’. Me miró como diciendo: ‘¿Qué querés?’. Y, lamentablemente, todo quedó ahí”, relata Dayub”.