El riesgo de mezclarlo todo: cuando el bandoneón dialoga con la guitarra flamenca
El músico argentino, radicado en España, cuenta cómo funciona el intercambio entre músicos de trayectorias diversas en el Madrid Baires Sextet. Un laboratorio vivo donde cada instrumento abandona su zona de confort.
Ramiro Obedman, músico argentino radicado en España. Foto: Gentileza producción
Los sonidos no saben de aduanas o visas. Nacen en una ciudad, respiran en otra, cruzan el Atlántico como si fuera apenas un puente. En ese territorio, donde el tango dialoga con el flamenco y el jazz, se enmarca el regreso a la Argentina de Ramiro Obedman con su Madrid Baires Sextet.
El 8 de marzo, en Buenos Aires, será el punto de encuentro de esa "cartografía sonora". Flautas y saxos en manos de Obedman, la percusión de Marcelo Aronson, el bandoneón de Cindy Harcha y la guitarra flamenca de Héctor Romero.
Radicado en España desde hace años y fundador de Camerata Flamenco Project, Obedman armó una identidad musical que desborda etiquetas. Formado en La Plata, Cuba y Madrid, su obra se nutre de la música clásica, el jazz y el flamenco, pero también de la experiencia escénica y audiovisual.
En esta entrevista, el músico habla sobre el cruce cultural entre Madrid y Buenos Aires, el desafío de reversionar piezas como "Anda Jaleo" o "Años de soledad", y la búsqueda de un sonido que apuesta por la profundidad estética.
"La audiencia no existe de forma compartimentada, no hay público exclusivo de jazz, o de flamenco. Hay por supuesto preferencias y categorías, y alguien puede consumir sólo una de estas músicas".
"Pero también hay una cultura general en la que conviven un Paco de Lucía con un Piazzolla, una Niña de los Peines con un Goyeneche, un Coltrane con la Negra Sosa", afirmó en un tramo. Lo cual da una idea del tono general.
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Abrir fronteras
-¿Cómo nace Madrid-Baires Sextet y qué te motivó a unir en un mismo proyecto las escenas musicales de España y Argentina?
-Este proyecto nace formalmente el año pasado en el contexto de un viaje a Buenos Aires donde nos juntamos y se arma un repertorio para la ocasión, sin saber muy bien el alcance que tendría en términos de audiencia y emoción.
Sin embargo, las raíces del mismo están presentes en todo lo que vengo haciendo (creo que hablo también por mi compañero de aventuras en esto, Marcelo Aronson) en los últimos 25 años.
Me explico. Soy un músico de formación jazzística que trabajó especialmente en los mundos del flamenco y del tango. En ambos viajé por todo el mundo y representé tanto a España como a Argentina, y en todos estos espacios fui generando mi propia voz, que en el ámbito de la música popular es un elemento de diferenciación importante.
Si bien esta voz asomaba en estos ámbitos del jazz, el flamenco y el tango, siempre estuvo al servicio de proyectos que giraban alrededor de estas músicas. En esta ocasión, por honestidad artística y personal, decidimos que ya era momento de abrir las fronteras de estos estilos y dejar fluir lo que en principio debería "pertenecer a otra línea estilística".
No esperábamos que el impacto de esta decisión tuviera un efecto tan singular ni que, lejos de ser una mezcla confusa, abriera un campo de sensaciones totalmente nuevo y directo al plexo del escuchante.
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"Una delicia para los oídos"
-El repertorio cruza tango, flamenco, jazz y folclore. ¿Cómo es el diálogo entre esos lenguajes tan distintos dentro del sexteto?
-El diálogo es probablemente lo mejor que tiene este repertorio. Un bandoneón convive con una guitarra flamenca y lejos de pelearse por tener un peso determinado lo que hacen es jugar y seducir como dos amigos íntimos que disfrutan de verse después de un largo tiempo.
En un contexto de celebración de la música y de la diferencia, el saxo y el cajón se miden con el jazz, el bandoneón se atreve con una tangos flamencos, la guitarra con un funky y el piano con una Seguiriya.
Una cantante de tango versiona a Lorca por bulerías, un bajista de rock destaca por su armonía jazzística, en fin, nadie está exactamente en su lugar habitual pero todos hablamos todos los lenguajes. Esa función políglota del estilo da lugar a momentos inolvidables.
Además, cabe destacar el altísimo nivel de estos músicos y el atrevimiento con el que entran en territorios inexplorados. Una delicia para los oídos.
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Cosas sorprendentes
-Compartís el proyecto con músicos de trayectorias diversas y con invitados especiales. ¿Qué aportan esos cruces al sonido del grupo en vivo?
-Hay que decir que entendemos la música popular como algo abierto y dialogante. Desde luego que cada estilo debe tener también sus buenos cables a tierra, y valorar y escuchar la parte más tradicional es importantísimo, es el corazón de donde viene todo.
Pero nuestra función hoy, nuestra propuesta, no está en esa línea purista. Si bien siempre habrá saberes continuistas y representantes de lo tradicional, nosotros no estamos ahí. No por ignorancia sino por gusto nos adentramos en una mirada distinta, abierta a otros sonidos.
Los invitados especiales aportan su enorme arte, son de primera línea, la mayoría gente con la que he tenido el honor de trabajar en otros proyectos y en otros países.
Además de aportar frescura y novedad, porque siempre está saliendo gente al escenario y pasando cosas sorprendentes, creo que enriquecen especialmente al intercambiar estilos.
Un violinista de tango tocando por bulerías o una bandoneonista por seguiriyas. Es algo que vale la pena oir, ya que pasan cosas especiales y únicas.
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Convocar al "duende"
-En esta gira por Argentina presentan composiciones propias y versiones de obras emblemáticas. ¿Qué criterio usaron para elegir ese repertorio?
-El repertorio se fue armando entre Marcelo y yo cuando nos pusimos a buscar material para un primer concierto. Esto enseguida dio paso a la necesidad de componer material nuevo y recuperar clásicos con arreglos nuevos para la ocasión.
Para poner esto en marcha no valía con usar un cancionero existente sin más. El repertorio debía acompañar a la idea y así fue como de a poco fuimos integrando originales con versiones de clásicos como "Chiquilín de Bachín" o "Anda Jaleo". Con una vuelta distinta, pensada para el formato que tenemos, para el sexteto, para los invitados.
Hay partes escritas para cada uno de ellos, pero lo más lindo de todo, para mí, es lo que hacen con lo que no está escrito, que es cuando se da la magia, o como se dice en el flamenco, cuando aparece el "duende".
Hay que armar todo este movimiento, las luces, la gente, el sonido, la expectación. Para que, de repente, baje el duende que es, como decía Lorca: "un luchar y no un pensar". Y cuando eso se da, uno sabe que está en el lugar correcto.