-Empecé a escribir desde que pude leer. Mi amor por la lectura viene principalmente porque mis viejos leían mucho y no eran súper cultos. Mi vieja era una persona de campo que aprendió a leer de grande y leía bastante. Entonces a mi hermano y a mí, no nos quedaba otra que hacer lo mismo que ellos. Así como nos gustaba tomar mate, porque nuestros papás tomaban mucho mate, también empezamos a leer. Después, de grande ya compartíamos otras cosas de lectura, pero la que me inició fue mi vieja. Siempre leía cuentos a la noche. En la mejor parte se iba dejándome la luz prendida, el libro en la mesita de luz y decía: “bueno, mañana seguimos”. Y yo no aguantaba, tenía que agarrar el libro y terminar de leer el cuento. Después de grande me di cuenta de que sin saberlo o sabiéndolo, dentro de lo que ella podía entender, fomentó mi lectura. Y sobre la escritura en sí, fue que nunca pensé en cómo iba a ser escritora. Creo que es como comer, un hábito, no sé, para mí es muy importante escribir, lo necesito para seguir. De chica escribía diarios íntimos, cartas a mis amigos y cosas así. Era como algo cotidiano que una hace siempre como una necesidad y también eso de no pensarme como escritora, sino el acto de escribir que siempre estuvo en mí. De hecho, esta novela, “La Stalker”, es algo que estaba haciendo y nunca la pensé en el formato libro. No tenía esa intención, pero sí la pulsión de escribir y bueno, después sucede todo el resto como por ejemplo ir por supuesto a talleres literarios. Primero con Julián López y luego con Selva Almada, cuando coordinaba un taller en Espacio Enjambre.