"El corazón revolucionario del mundo": la cara oscura de la utopía
Ganadora del XXI Premio Tusquets, la novela de Francisco Serrano reconstruye la militancia clandestina en la Europa de los 70 y explora cómo una causa colectiva puede transformarse en fanatismo, obediencia y pérdida de identidad.
El autor de la novela. Foto: Gentileza César Viteri
En el centro de "El corazón revolucionario del mundo", la novela con la que Francisco Serrano ganó el XXI Premio Tusquets de Novela 2025, hay una pregunta directa y perturbadora. ¿Qué ocurre cuando una revolución deja de ser un sueño y empieza a parecerse a una pesadilla?
Recién editada en Argentina, la novela reconstruye el clima político de los 70 en Europa. Pero va más allá y se mete en la cabeza de sus personajes. La historia importa, pero más las obsesiones, los deseos, los miedos y las grietas que se abren cuando alguien decide entregarse de lleno a una causa.
Más allá del mito
Desde el principio, Serrano construye una atmósfera ambigua. La militancia clandestina aparece envuelta en una mezcla de fascinación y amenaza. Es el mundo de los primeros años 70: conspiraciones, pisos francos, nombres falsos. Pero también una neblina ideológica donde todo parece justificarse.
Tusquets
Valeria Letelier tiene apenas 19 años cuando es reclutada en Londres por una célula anticapitalista. Aprende tácticas clandestinas, pero sobre todo empieza a experimentar cómo la lógica revolucionaria puede desdibujar la frontera entre convicción y delirio.
El grupo vive en una exaltación permanente de una causa que nunca termina de explicarse del todo. Y cuando la misma no está clara, lo que queda es la identidad compartida: pertenecer se vuelve más importante que entender.
Serrano muestra bien ese mecanismo. Y obliga al lector a preguntarse si la promesa de liberación no es, en el fondo, una forma de romper la individualidad.
Afectos y lealtades
Uno de los grandes aciertos de la novela es que observa a los personajes por dentro. La llegada de Carlos Reseda, mercenario, experto en armas y documentos falsos, destruye el equilibrio de la célula que integran Valeria y Joel.
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Reseda no es un héroe ni un villano. Ni siquiera parece un verdadero creyente. Esa ambigüedad es fundamental, su figura deja al descubierto las grietas del relato revolucionario. Porque detrás de cada discurso de libertad, puede esconderse una exigencia de obediencia absoluta.
La novela sugiere algo incómodo, cuanto más rígida es la ideología, más se parece a aquello que dice combatir. En ese punto, Serrano se acerca a esa tradición literaria que explora la paranoia política como forma de vida.
Un espejo argentino
Para un lector argentino, es difícil no pensar en las guerrillas de los 70. En los grupos que también vivieron la clandestinidad, la mística, el sacrificio y la épica. Y que luego quedaron atrapados entre la memoria heroica y la tragedia histórica.
La novela no hace paralelos directos ni simplifica contextos. Pero sí advierte contra la tentación de romantizar la violencia política. Muestra cómo un grupo puede terminar reproduciendo los mismos mecanismos de exclusión y verticalismo que pretendía destruir.
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La pregunta es inevitable: ¿cómo recordar sin caer en la nostalgia ni en la condena automática? En un país donde la década del 70 sigue siendo una herida abierta y motivo de controversias, esa inquietud no es algo a minimizar.
Entre el thriller y el horror
Serrano evita el tono documental. Su prosa se mueve entre el thriller político y el clima de pesadilla. Los pasajes en el piso franco tienen algo asfixiante. A veces, no sabemos si estamos frente a una operación cuidadosamente pensada o ante un delirio colectivo que se retroalimenta.
Ese recurso narrativo desarma la idea de una revolución "pura". Cuando se le quita la épica, lo que queda es una pregunta más profunda: ¿es posible combatir un sistema opresivo sin terminar copiando sus formas?
Diálogo con Paul Thomas Anderson
La novela gana otra dimensión si se la pone en diálogo con el cine de Paul Thomas Anderson, especialmente con "Una batalla tras otra". Allí también aparece la radicalización como experiencia íntima, casi religiosa.
"Una batalla tras otra", película de Paul Thomas Anderson
Tanto en la película como en la novela, el militante no es un estereotipo. No es un monstruo ni un santo. Es alguien que busca sentido, pertenencia, identidad. Y en esa búsqueda puede perderse.
Ambas obras coinciden en algo incómodo: la revolución puede transformarse en una identidad que termina reemplazando a la persona.
Sin respuestas fáciles
Al cerrar el libro no hay conclusiones tranquilizadoras. Lo que queda es la sensación de que toda revolución exige un precio. Y que muchas veces ese precio es el desencanto.
"El corazón revolucionario del mundo" no es un tratado histórico. Es un análisis de las contradicciones humanas. Y por eso trasciende la Europa de los 70. Habla, en realidad, de cualquier sociedad que oscila entre la utopía y la violencia.