La relación que estableció The Camarada Tango Quartet con la tradición musical rioplatense es muy particular. Aunque el cuarteto nació en 2020 y reúne a músicos que desarrollan su actividad en Estados Unidos, para no perder la identidad tratan de volver seguido a la República Argentina.
"El tango es una de las cosas más hermosas que los argentinos le hemos dado al mundo"
Andrés Martín hizo su carrera fuera de la Argentina, pero encontró en su país un punto de encuentro con la tradición tanguera. En diálogo con El Litoral, habló sobre la identidad que logró con su grupo The Camarada Tango Quartet, el desafío de renovar un género sin perder su acento, y el papel de las nuevas generaciones en la transmisión de ese legado.

En Buenos Aires, la ciudad más amada por los tangueros desde Carlos Gardel hasta Astor Piazzolla, pasando por Troilo y el Polaco Goyeneche, grabaron sus discos y encontraron también parte de los músicos, las historias y las miradas con las que dialoga su propuesta.
Esa búsqueda está muy viva en "Lifemakers", su tercer trabajo discográfico, pero también define una manera de entender el género como una música que tiene una historia muy profunda, pero que todavía puede encontrar nuevos caminos.
Integrado por el argentino Andrés Martín en contrabajo, junto a Beth Buckley en flauta, David Buckley en violín y Dana Burnett en piano, el cuarteto tiene una formación rara para el tango. El resultado es una mirada camarística que se apoya en el repertorio tradicional y en nuevas composiciones y arreglos.
Ese diálogo entre pasado y presente aparece en “Lifemakers”, donde conviven obras de Eduardo Arolas, Piazzolla, Mariano Mores, Peregrino Paulos, Agustín Bardi y Horacio Salgán con composiciones originales de Martín.
Es también parte del recorrido de un grupo que ya creó cerca de 30 arreglos y estrenó más de dos horas de música del contrabajista argentino, y que en 2025 fue incorporado al Libro de Oro de la Academia Nacional del Tango.

Este mes, The Camarada Tango Quartet regresará a los escenarios argentinos para presentar el nuevo álbum. Antes de esa gira, Andrés Martín conversó con El Litoral sobre lo que el cuarteto construyó entre Argentina, Estados Unidos y México.
Un punto de encuentro con el tango
Consultado respecto a lo que significa volver al país para grabar y cómo influye eso en la manera en que interpretan y piensan el tango, dijo que "grabar tango en Buenos Aires es, por supuesto, algo muy especial".
"No solamente porque trabajamos con gente que conoce profundamente el género, sino porque estamos inmersos en uno de los contextos más importantes del tango a nivel mundial", agregó.
"En Buenos Aires el tango se respira, se transpira, se escucha y se alimenta constantemente, y estar ahí inevitablemente influye en nuestra manera de tocar", subrayó luego.
"Para nosotros, además, viajar y tocar en Argentina significa mucho más que realizar una serie de conciertos. Nos permite impregnarnos de toda la cultura que rodea al tango, convivir con los tangueros de hoy, conocer músicos, escuchar, conversar y establecer vínculos", resaltó.
Un idioma que puede transformarse
El grupo suele tomar un tango del repertorio tradicional y lo lleva a su formación, que como se dijo tiene mucho de particular. "¿Dónde termina el respeto por la tradición y comienza la relectura?", preguntó El Litoral.
"Para mí, el tango es un idioma. Y a veces es incluso más parecido a un argot, porque muchas de las notas, armonías y recursos que usa son compartidos con otros lenguajes musicales, especialmente con la música clásica. Lo que lo vuelve tango son ciertas reglas, gestos, el fraseo, los yeites, la articulación, la intención y, sobre todo, el acento", dijo Andrés.

"En mi caso, como compositor y arreglista del grupo y también como una de las personas que suele investigar y traer propuestas a la mesa, mi principal objetivo es que lo que hacemos suene y se sienta tanguero, independientemente de la obra o de la instrumentación", destacó.
Tres retratos
"Lifemakers" es un tríptico que Andrés escribió como homenaje a los otros tres músicos que integran el cuarteto. "Tras varios años escribiendo música original para nosotros, quise hacer tres retratos musicales en los que pudiera homenajear no solamente al instrumentista, sino también a la persona que hay detrás del instrumento", dijo.

El primero, "Don Humberto Gaspar", está dedicado a David y tiene al violín como protagonista. "El nombre viene de una historia bastante divertida. Durante nuestra primera gira por Argentina, nuestro primer concierto fue en Córdoba, y entre el público había varios músicos de la Orquesta Provincial de Música Ciudadana", recordó.
"Al terminar el concierto comenzaron a bromear diciendo que no podían creer que David fuera norteamericano, porque su manera de tocar les sonaba porteña. Decían que seguramente era un argentino escondido bajo la identidad falsa de un norteamericano", profundizó.
"A partir de ahí, David decidió bautizar a su alter ego argentino como ‘Humberto Gaspar’, y se convirtió en una broma interna durante toda aquella gira. Cuando escribí su movimiento quise recuperar ese espíritu", indicó.

O sea que "es un tango con ciertos tintes tradicionales y referencias al sonido de las grandes orquestas de los años cuarenta, pero al mismo tiempo es prácticamente un pequeño concierto para violín condensado en cuatro minutos".
El segundo movimiento, "Like Water", está dedicado a Beth y a la flauta. "Beth tiene una relación muy especial con el agua, le encanta el mar, los lagos, navegar, nadar, estar cerca del agua", explicó Andrés.
"Pero además hay algo en su personalidad que a mí también me recuerda a ella. Es una persona tierna, serena y muy poco estridente, y sin embargo detrás de esa calma hay una fuerza extraordinaria", añadió.

"Por eso la música comienza evocando la fluidez, los colores y la suavidad del agua, pero en determinado momento se transforma casi en una pieza de rock, con una enorme fuerza y potencia. Esa dualidad es, para mí, una parte esencial de su retrato", remarcó.
El tercer movimiento, "Ding Dong, Danger", está dedicado a Dana, la pianista. "Es una pieza virtuosa para piano, pero también tenía que reflejar su personalidad. Ella tiene un sentido del humor extraordinario; nos hace reír durante los viajes y durante todas esas horas de convivencia", dijo.
Y finalmente está el título del tríptico "Lifemakers". "Es una palabra poco habitual en inglés, pero para mí expresa perfectamente la idea que quería transmitir, personas cuya manera de vivir y de estar en el mundo tiene la capacidad de mejorar la vida de quienes las rodean", puntualizó.

La tradición y los nuevos caminos
Requerido, finalmente, respecto a las cosas del tango que deben permanecer y las que necesitan transformarse, Andrés dijo no ser amigo de las etiquetas ni de los dogmas. "Sin embargo, sí me confieso un gran admirador de las tradiciones, porque creo que son ellas las que nos permiten aprender".
"En ese sentido, admiro el trabajo que varias generaciones jóvenes de tangueros vienen haciendo, transcribir grabaciones históricas, investigar arreglos, entrevistar a músicos y convertirse en puentes para que aquellos maestros todavía vinculados con la época dorada del tango puedan transmitir e inmortalizar su conocimiento", admitió.
"Como músico argentino que hizo buena parte de su carrera fuera de Argentina, siento una enorme responsabilidad y un gran privilegio al poder acercar a otros músicos y públicos a esa tradición. El tango es una de las cosas más hermosas que los argentinos le hemos dado al mundo", cerró.








