En las primeras hora del viernes 3 de enero, Estados Unidos bombardeaba los alrededores del aeropuerto internacional de Bagdad, provocando la muerte de Soleimaní, Qassem Soleimani, uno de los laderos del Ayatollah Khamenei y el hombre más poderoso dentro de la estructura militar iraní. Irán respondería días más tardes con amenazas de represalias. En este violento contexto, un avión ucraniano fue derribado por los iraníes, que alegaron “un error” pero despertaron conflictos diplomáticos con terceras naciones, como el caso de Canadá, que reclamó por los muchos canadienses fallecidos en la tragedia.
































