Durante años miles de personas conocieron sus vendas, su andar rígido y su silencio intimidante sin saber que detrás de La Momia estaba Juan Manuel Figueroa.
Murió Juan Manuel Figueroa, el hombre que hizo de La Momia una leyenda de Titanes en el Ring
BajadaEl histórico luchador murió a los 76 años, después de más de cinco décadas ligado al catch argentino. Fue quien durante más tiempo se escondió detrás de las vendas del mítico personaje creado por Martín Karadagián, aunque dentro de Titanes en el Ring también encarnó a El Olímpico, El Androide y otras figuras. Su identidad permaneció durante años como uno de los grandes secretos de la televisión.

El histórico integrante de Titanes en el Ring murió este miércoles a los 76 años y su fallecimiento fue confirmado por El Fortín de Vélez, institución con la que mantuvo una extensa relación como deportista e instructor de pesas. “Orgullo fortinero, fue instructor de pesas y luchador profesional de Vélez”, señalaron al despedirlo.
Figueroa había dedicado más de cinco décadas a la lucha libre argentina, pero su nombre quedó inevitablemente unido al personaje que lo convirtió en parte de la cultura popular. La Momia había nacido antes de su llegada a la troupe de Martín Karadagián y tuvo distintos intérpretes, pero desde mediados de los años 70 Figueroa se transformó en su rostro invisible más persistente. Las vendas hicieron el resto.
El hombre detrás de las vendas
Figueroa llegó a Titanes casi de casualidad. Practicaba lucha olímpica y grecorromana en Vélez cuando, durante un viaje a Mar del Plata en 1973, acompañó a otros deportistas que participaban del espectáculo. Karadagián los vio jugar sobre el ring y los convocó para sumarse a la compañía.

Primero estuvo lejos de los reflectores. Después apareció la oportunidad que modificaría su historia. Cuando quedó vacante el personaje de La Momia, el relator Rodolfo Di Sarli sugirió probar a Figueroa. La combinación funcionó: su postura corporal, los movimientos medidos y el silencio terminaron construyendo una presencia que podía dominar una escena sin decir una sola palabra.
Aquella criatura vendada se convirtió en una de las imágenes más reconocibles de Titanes en el Ring, el fenómeno televisivo que mezcló lucha, ficción, humor y personajes de historieta para atravesar generaciones.
La presentación también quedó en la memoria: “La Momia, luchador sordomudo, es más fuerte que el acero, es el paladín de la justicia”, comenzaba el relato que acompañaba su aparición.
El secreto estaba a la vista
Parte de la potencia del personaje estaba en una pregunta sencilla: ¿quién era La Momia?
Durante años el programa alimentó deliberadamente el misterio. Lo curioso es que Figueroa podía aparecer en la misma troupe sin vendas, interpretando a otros luchadores, mientras el público seguía intentando descubrir quién se escondía debajo del traje blanco.

Uno de ellos fue El Olímpico, pero también dio vida a El Androide, El Dogo, el Indio Cutral-Có y Dink-C, entre otras caracterizaciones. En algunas temporadas llegó incluso a producirse una dificultad singular: dos personajes interpretados habitualmente por él debían enfrentarse entre sí, obligando a buscar reemplazos para sostener la ficción.
El secreto terminó de romperse públicamente en 1997, cuando Paulina Karadagián apareció en televisión junto a Figueroa para identificarlo como el hombre que había estado detrás de las vendas. El propio luchador recordó entonces uno de sus momentos más significativos: “Tuve el orgullo de hacer la última lucha de Martín Karadagián”.
Una figura que sobrevivió al programa
El final de las grandes temporadas televisivas no terminó con su vínculo con el catch. Figueroa siguió participando de giras, homenajes y diferentes regresos de Titanes, incluida la vuelta del ciclo a comienzos de este siglo. También había participado en la película “Titanes en el Ring contraataca”, rodada durante los años 80.
Su otra casa fue Vélez. Allí desarrolló su carrera deportiva y trabajó como instructor de pesas. “Su disciplina fue un ejemplo para todos en el gimnasio del Poli y en el Marcos Lencina, donde siempre tuvo un consejo para quien lo necesitara”, lo recordó El Fortín.
Todavía en 2019 seguía acercándose al cuadrilátero y conservaba una pieza que sintetizaba buena parte de su vida: el traje original de La Momia, guardado durante décadas después de que millones de chicos intentaran adivinar quién respiraba debajo de aquellas vendas.










