Cambiar lo que se come en una escuela requiere bastante más que recomendar frutas y verduras. También implica conocer qué alimentos llegan al comedor, cómo se preparan, qué presupuesto hay, qué costumbres tiene la comunidad y qué posibilidades existen de incorporar otras opciones. Con esa perspectiva, la Municipalidad de Rosario desarrolla el proyecto Alimentación saludable, segura y soberana, que trabaja con instituciones educativas para revisar sus entornos alimentarios y promover cambios posibles en cada contexto.
Alimentación saludable en escuelas: cómo buscan cambiar hábitos desde la realidad de cada comunidad
Un programa municipal trabaja con docentes, familias, chicos y chicas para revisar prácticas alimentarias, menús y condiciones de las cocinas. La propuesta parte de conocer cada escuela antes de intervenir y busca ampliar las opciones sin perder de vista las limitaciones materiales y culturales.

La iniciativa depende de la Dirección de Promoción y Cuidado de la Salud Colectiva y recupera una experiencia municipal de trabajo en las escuelas que tuvo distintas denominaciones, desde las antiguas cantinas escolares hasta los kioscos saludables. El enfoque actual busca ampliar la mirada: además de los alimentos que se ofrecen, considera las condiciones de las cocinas, la organización de los comedores, las prácticas cotidianas y la participación de la comunidad educativa.
“Nosotros tratamos de enmarcar, por todo lo que promueve esta ley, la alimentación desde una concepción más amplia, con una mirada que nos invita a repensar una dimensión más política del tema”, explica a El Litoral Laura Giorgiani, coordinadora general de la Dirección de Promoción y Cuidado de la Salud Colectiva.
La propuesta se vincula con la Ley nacional 27.642 de Promoción de la Alimentación Saludable, conocida como ley de etiquetado frontal, sancionada en 2021. Sus artículos 11 y 12 contemplan la educación alimentaria y la promoción de entornos escolares saludables. En particular, el artículo 12 establece restricciones para la oferta, comercialización, publicidad, promoción y patrocinio de alimentos y bebidas que tengan al menos un sello de advertencia o leyenda precautoria en establecimientos educativos de los niveles inicial, primario y secundario.
En Santa Fe, la ley provincial 13.719 ya promueve la alimentación saludable mediante la educación alimentaria y nutricional. Sin embargo, la adhesión formal a la norma nacional requiere una precisión: el Senado provincial dio media sanción a un proyecto de adhesión en noviembre de 2021 y en 2025 se presentó otra iniciativa para adherir a la Ley 27.642 y adecuar la normativa provincial. La documentación legislativa consultada no permite confirmar que esa adhesión se haya convertido en ley.
Conocer cada escuela antes de proponer cambios
El relevamiento es el punto de partida del trabajo municipal. No se plantea como una auditoría ni como un estudio estadístico destinado a comparar escuelas, sino como una herramienta para conocer cómo se organiza la alimentación en cada institución y detectar oportunidades de mejora.
El equipo conversa con directivos y docentes, involucra a chicos y chicas y convoca a las familias de los grados seleccionados. También participa el Instituto del Alimento, que revisa las condiciones de las cocinas y los aspectos vinculados con la seguridad alimentaria: disponibilidad de agua, instalaciones, manipulación de alimentos y certificados correspondientes. El trabajo incluye a cocineros, cocineras, ayudantes y ecónomos, según la organización de cada establecimiento.
Las diferencias entre escuelas son importantes. Algunas preparan la comida en sus instalaciones; otras reciben viandas. Los menús también dependen de las pautas nutricionales, las prácticas de quienes cocinan, las preferencias de la comunidad y los recursos disponibles.
Por eso, la propuesta evita aplicar recomendaciones generales sin considerar las posibilidades reales de cada institución. El objetivo es identificar cambios concretos que puedan sostenerse, desde incorporar frutas y verduras hasta revisar preparaciones y diversificar los platos.
“Las poblaciones que reciben alimentos del Estado tienen derecho a variación y a empujar límites históricos”, dice María Laura Mora. Esta es una de las definiciones que orientan el trabajo del equipo municipal, donde consideran que la asistencia alimentaria no implica resignar diversidad ni calidad en las comidas.

La perspectiva de la soberanía alimentaria también amplía la discusión. Además de considerar nutrientes y porciones, incorpora preguntas sobre el origen de los alimentos, las formas de producción, las posibilidades de acceso y las decisiones que atraviesan el sistema alimentario. En ese marco, promover una alimentación saludable supone dialogar con las prácticas de cada comunidad y reconocer las condiciones que las determinan.
De los kioscos a los comedores: cambios posibles
Uno de los ejemplos surgió en una escuela secundaria donde estudiantes de séptimo grado administraban un kiosco para reunir fondos. El relevamiento permitió conversar sobre los productos ofrecidos y explorar alternativas. El grupo incorporó opciones como cereales en bolsitas y frutas, además de elaborar carteles para promover hábitos alimentarios saludables entre sus compañeros y compañeras.
En otras instituciones se organizaron talleres para preparar ensaladas de frutas y se trabajó sobre las recetas de los comedores. Las recomendaciones incluyeron sumar vegetales, diversificar las formas de preparación y revisar el uso excesivo de aceite. También se propuso incorporar frutas como la banana para ampliar las opciones disponibles.
Las experiencias muestran que las modificaciones pueden surgir de distintos lugares: una conversación con quienes cocinan, una actividad con estudiantes o una revisión de los productos que se venden en el kiosco. El equipo procura que las propuestas no queden reducidas a una indicación externa, sino que sean discutidas y apropiadas por la comunidad educativa.
“Pero no hay que perder la capacidad de sorpresa”, plantean desde el equipo al referirse a las respuestas que pueden aparecer cuando se abren espacios de participación. El trabajo busca reconocer las iniciativas que ya existen en cada escuela y construir a partir de ellas, en lugar de suponer que todas necesitan las mismas soluciones.
La alimentación escolar también está atravesada por decisiones que exceden al municipio. Rosario puede acompañar a las instituciones, relevar sus necesidades y formular recomendaciones, pero buena parte de la organización de los servicios alimentarios y de sus recursos corresponde a la provincia. Esa distribución de responsabilidades condiciona qué cambios se pueden concretar y a qué ritmo.
La demanda de comedores y copas de leche crece
La posibilidad de mejorar la alimentación escolar está condicionada por los recursos disponibles y por una demanda que crece. En los últimos cuatro meses, las raciones destinadas a comedores escolares y copas de leche aumentaron casi un 10% en toda la provincia de Santa Fe, según datos de la Federación de Cooperadoras Escolares difundidos en agosto de 2026. El incremento se vinculó con la apertura de nuevos comedores y con los pedidos de las escuelas para ampliar sus cupos.
La vocera provincial Virginia Coudannes informó, por su parte, que la demanda en comedores escolares había crecido un 30%. También señaló que entre marzo y abril se habían incorporado 16.000 chicos y chicas a las copas de leche y 9.000 a los comedores. Son indicadores correspondientes a períodos y mediciones informados por distintas fuentes, que dan cuenta de la presión sobre los dispositivos de asistencia alimentaria.
Desde la Federación de Cooperadoras Escolares advirtieron, además, que algunas escuelas reciben a chicos y chicas que llegan después del fin de semana con una alimentación insuficiente. La falta de comida puede repercutir en el bienestar y en las posibilidades de sostener la jornada escolar, mientras las instituciones deben responder a necesidades que crecen junto con las dificultades económicas de las familias.
En ese escenario, revisar los menús implica atender tanto a la calidad nutricional como a la cantidad de alimentos disponibles y al presupuesto. Durante las entrevistas, el equipo municipal señaló que algunas escuelas destinan recursos de la copa de leche a productos como alfajores o tortitas que pueden tener varios sellos de advertencia. Esa situación expone las tensiones entre las recomendaciones de alimentación saludable, los hábitos instalados y las posibilidades concretas de compra.
La Ley 27.642 establece restricciones para los productos con sellos de advertencia en los entornos escolares. Sin embargo, su aplicación efectiva depende de la adecuación de las prácticas y de los mecanismos de control. El equipo municipal también señaló dificultades para controlar lo que se comercializa fuera de las escuelas, un aspecto que requiere distinguir las responsabilidades de cada jurisdicción.
El trabajo de promoción busca abrir estas discusiones sin perder de vista que los comedores y las copas de leche cumplen una función central para muchas familias. La meta es que la respuesta a la necesidad alimentaria pueda acompañarse con variedad, seguridad y mejores condiciones de acceso a alimentos saludables.
Un problema de salud que requiere trabajo sostenido
La importancia de estas acciones también se relaciona con los indicadores de salud infantil. Un estudio publicado en 2025 en la Revista de la Federación Argentina de Cardiología relevó el exceso de peso y la presión arterial en chicos y chicas de 11 y 12 años escolarizados en Rosario durante la segunda mitad de 2023.

La investigación incluyó a 337 estudiantes de sexto grado de 12 escuelas, seis públicas y seis privadas, distribuidas en seis distritos de la ciudad. Según los resultados, el 61,4% presentó sobrepeso u obesidad: un 23,1% tenía sobrepeso y un 38,3%, obesidad. Además, el 17,8% registró presión arterial elevada durante la evaluación.
Los resultados señalan la importancia de sostener políticas preventivas y de articular el trabajo entre salud y educación. Sin embargo, la investigación utilizó una muestra por conveniencia: sus cifras describen a los estudiantes evaluados y no permiten afirmar que representen a toda la población escolar de Rosario. Tampoco midió el impacto del programa municipal de alimentación saludable.
El equipo de Rosario estima que puede trabajar con entre 10 y 20 escuelas por año. La capacidad disponible marca el alcance de una estrategia que requiere tiempo para relevar cada institución, conversar con sus integrantes y acompañar la puesta en práctica de los cambios.
El trabajo incluye también acciones de salud bucal en el nivel inicial, como actividades de cepillado y articulación con los centros de salud. En esos espacios, los equipos identifican necesidades concretas y acompañan el aprendizaje de hábitos, incluso cuando algunos chicos y chicas requieren ayuda para adquirir las habilidades motoras necesarias para usar el cepillo.
Las escuelas que participan y cómo sumarse
El proyecto comenzó a trabajar con escuelas ubicadas en barrios priorizados por las Intervenciones Barriales Focalizadas (IBF), entre ellos Stella Maris, La Bombacha y 7 de Septiembre. Luego incorporó instituciones de Puente Negro, Casiano Casas y otros sectores de Rosario. En 2026, el relevamiento se extendió a los distintos distritos, con presencia de escuelas de zonas incluidas en las intervenciones barriales.
En 2024 participaron la Escuela N.º 299 Ceferino Namuncurá, la N.º 1275 Fray Luis Beltrán, la N.º 632 José María Puig, el Jardín N.º 230 Rosario Vera Peñalosa y el Jardín N.º 79 Pedacito de Patria.
En 2025, el trabajo alcanzó a la Escuela N.º 1346 Francisco Netri, el Jardín N.º 79 Pedacito de Patria, la Escuela N.º 832 Leopoldo Herrera, el Jardín N.º 232, la Escuela N.º 1210 Luis Rullan y la N.º 1396 Santa Lucía.
Para 2026, el listado incluye las escuelas primarias N.º 1337 Silvestre Begnis, N.º 773 Pablo Pizzurno, N.º 660 Francisco Laprida, N.º 91 República Federativa de Brasil, N.º 1408 Gobernador Ingeniero Miguel Lifschitz, N.º 456 Dr. Carlos Pellegrini, N.º 1090 Domingo Matheu y N.º 85 Esteban Echeverría. También participan el Jardín N.º 318 El Sol de Santa Lucía, el Jardín N.º 244 Juanito Laguna y el jardín de la Escuela Provincial N.º 35, Normal 2.

Las escuelas interesadas en responder el cuestionario y ponerse en contacto con el equipo municipal pueden hacerlo a través del formulario de Alimentación saludable, segura y soberana.
La propuesta apunta a que cada institución pueda reconocer sus necesidades y construir alternativas desde sus condiciones reales. El relevamiento, las actividades con estudiantes y familias y el trabajo con los equipos de cocina son parte de una estrategia que busca convertir las recomendaciones alimentarias en cambios concretos y sostenibles dentro de las escuelas.








