Lanzado en 2004, el telescopio espacial Swift ha sido una de las herramientas clave de la NASA para la observación del cosmos, especializado en captar estallidos de rayos gamma y explosiones estelares. Sin embargo, un reciente incremento en la actividad solar intensificó el roce atmosférico en la órbita baja terrestre, acelerando el descenso del instrumento científico.
Peligro en el espacio: falla la nave de la NASA que debía rescatar al telescopio Swift
La nave robótica "Link", que tenía como objetivo remolcar y elevar la órbita del telescopio, sufrió severas fallas en sus propulsores, lo que provocó un giro incontrolable y la pérdida momentánea de estabilidad en sus comunicaciones en pleno espacio.

Dado que Swift carece de sistemas de propulsión propios para corregir su altitud, la agencia espacial estadounidense decidió concretar una alianza comercial histórica: contrató a la firma Katalyst Space Technologies por 30 millones de dólares para diseñar, construir y desplegar en menos de un año una nave capaz de realizar la maniobra de asistencia.

Fallas en los propulsores y pérdida de control
El plan de rescate se vio fuertemente alterado cuando la nave robótica Link comenzó a registrar contratiempos tres semanas después de su lanzamiento. El vehículo, de 400 kilogramos de peso, 1,5 metros de alto y provisto de tres brazos robóticos y propulsores iónicos, experimentó un descontrol en su orientación que derivó en giros no programados y fallas operativas en sus motores.

Pese a la complejidad del escenario, desde Katalyst Space Technologies aseguraron que los demás subsistemas principales del artefacto continúan funcionando correctamente y descartaron por el momento la cancelación del operativo. “La misión sigue activa y continuamos creyendo que, con estos cambios, Link tiene una vía viable para reunirse con Swift”, precisaron a través de un comunicado oficial.

Ciencia en pausa a la espera de auxilio
Mientras la maniobra intenta ser corregida desde la Tierra, las actividades científicas del observatorio Swift permanecen completamente suspendidas. La urgencia radica en que, de no completarse la elevación orbital a tiempo, el telescopio podría reingresar a la atmósfera terrestre de manera definitiva durante este otoño.
“Swift es la herramienta multiusos de la NASA para el estudio del cosmos. Apunta rápidamente hacia estallidos de corta duración, alertando a otras instalaciones espaciales y terrestres”, explicó S. Bradley Cenko, investigador principal de la misión en el Centro de Vuelo Espacial Goddard. Por su parte, Ghonhee Lee, director ejecutivo de Katalyst, destacó que este desafío representa una prueba piloto fundamental para la industria: “Estamos creando un modelo para dar mantenimiento a naves que nunca fueron diseñadas para recibir servicio en órbita. Si queremos establecer una presencia duradera en el espacio, necesitamos capacidad para reparar y reubicar satélites”.

La misión de rescate del telescopio Swift no solo busca salvar un instrumental científico invaluable, sino que también pone a prueba el futuro de la asistencia robótica comercial en el espacio exterior. Los próximos días serán decisivos para determinar si los ingenieros logran estabilizar a la nave Link a tiempo o si el histórico observatorio enfrentará un trágico final en su reingreso a la atmósfera.








