El lenguaje inclusivo llegó para quedarse y en muchas instituciones ya es un requisito para todas las comunicaciones, tanto en espacios informales como formales. Para asistir a las personas que todavía no están familiarizadas con su uso o para detectar textos en los que el sesgo masculino se filtra en la redacción, un grupo de investigadoras y catedráticas de América Latina y España diseñó una herramienta simple y novedosa.




