En una sociedad atravesada por la prisa y la búsqueda de la productividad constante, reflexionar sobre las pérdidas parece un acto de resistencia. Florencia Manibardo (Mat. N° 2758), tanatóloga forense y especialista en tanatoestética, plantea una mirada profunda sobre el dolor, la finitud y la necesidad de naturalizar la vulnerabilidad en las conversaciones cotidianas.
¿Cómo transitar una pérdida?: "El duelo es un examen que tenemos que aprobar"
Florencia Manibardo, tanatóloga forense, analiza las pérdidas invisibles, la salud mental y la urgencia de desarmar los mandatos sociales que exigen "ser fuertes" ante la enfermedad o la muerte.

"Creo que nos cuesta hablar de la muerte porque vivimos en una sociedad que intenta permanentemente alejarnos de todo aquello que nos recuerda nuestra propia vulnerabilidad. Pero también nos cuesta hablar de todo aquello que nos confronta con la pérdida: una enfermedad, un diagnóstico difícil, una discapacidad, el deterioro o el desgaste de cuidar", explicó Manibardo a El Litoral.

Más allá de la partida física
La especialista en acompañamiento del dolor enfatiza que el proceso de duelo no se activa de manera exclusiva ante el deceso de un ser querido. Las pérdidas invisibles, aquellas que trastocan los proyectos personales, la salud o la autonomía, también exigen un espacio de validación emocional y un tiempo de reorganización interna.
"Muchas veces pensamos que mientras no haya una muerte, todavía no tenemos que hacer un duelo. Y eso no es así. Hay procesos de duelo que comienzan mucho antes de la muerte, por ejemplo, cuando una enfermedad modifica la vida que una persona tenía, cuando aparece una discapacidad o cuando una familia tiene que adaptarse a una nueva realidad", detalló la tanatóloga.
"No existe una manera correcta de atravesar un duelo, porque tampoco existe una manera única de amar, de vincularnos o de experimentar una pérdida", sostuvo Manibardo, quien remarca que "el duelo no es un examen que tenemos que aprobar. Es un proceso de adaptación frente a una realidad que cambió". Para la especialista, imponer etapas o tiempos resta validez a la vivencia personal.

Acompañar en el silencio
Frente al sufrimiento ajeno, las frases hechas suelen aparecer como un intento apresurado de aliviar el dolor. Sin embargo, conceptos tan arraigados en el imaginario colectivo como la exigencia de fortaleza pueden convertirse en una pesada carga para quien transita un momento de vulnerabilidad.

"Cuando le decimos a alguien 'tenés que ser fuerte', muchas veces lo que escucha es que no tiene permiso para quebrarse. Cuando decimos 'el tiempo lo cura todo', podemos estar simplificando un proceso que para esa persona puede ser profundamente doloroso", advirtió.
En ese sentido, Manibardo propuso que "a veces acompañar no significa encontrar las palabras correctas. Significa poder quedarse cuando no hay palabras".

Reconstruir proyectos
Autora del libro "A los ponchazos: Aprender a vivir cuando la vida te cambia los planes", Manibardo reflexionó sobre la transformación de las ausencias. Lejos de proponer el olvido o el cierre definitivo de las etapas, plantea la reestructuración de los vínculos y de la propia cotidianidad a partir de la nueva realidad.

"Yo no hablaría de que el duelo 'termina' como si un día pudiéramos marcar una fecha y decir: 'Ya está, esto se terminó'. Lo que suele cambiar es la manera en que nos relacionamos con aquello que cambió", expresó. "No se trata de olvidar ni de dejar atrás a quien murió. Se trata de aprender a vivir en un mundo que cambió porque esa persona ya no está", sentenció la especialista.
Aceptar la finitud no implica una actitud de resignación, sino la oportunidad de construir herramientas para transitar la incerteza. Abrir el espacio para dialogar sobre las pérdidas humaniza el dolor cotidiano y permite consolidar redes de apoyo que sostengan a las personas cuando la vida desafía sus planes.








