Para no menos de 80 mujeres marcadas por la misma circunstancia atroz, la vida puede entenderse antes y después de conocer a uno de los mayores depredadores sexuales de la historia de Estados Unidos, Jeffrey Epstein. Muchas de ellas llevaban aparatos en los dientes y lucían coletas para ir al colegio entonces, centradas en los avatares de la vida adolescente. Ahora cargan con el peso de abusos sexuales y violaciones sistemáticas a cambio de un puñado de dólares, parte de una pirámide sexual oculta tras los millones y las influencias de un hombre insaciable y sin escrúpulos. «Arruinó mi vida y la de muchas otras niñas», dice Michelle Licata, una de las que ha tenido el valor de dar la cara años después.


































