El clima de celebración que el Comité Organizador buscaba proyectar en el inicio de los Juegos Olímpicos de Invierno Milán-Cortina 2026 se vio empañado este sábado por una realidad social ineludible.

Alrededor de 5.000 personas marcharon este sábado en rechazo al impacto ambiental y los sobrecostos del evento Milán-Cortina 2026. La jornada derivó en choques con la policía cerca del Arena Santa Giulia, dejando un saldo de disturbios y fuerte presencia de gases lacrimógenos.

El clima de celebración que el Comité Organizador buscaba proyectar en el inicio de los Juegos Olímpicos de Invierno Milán-Cortina 2026 se vio empañado este sábado por una realidad social ineludible.
Miles de personas ganaron las calles de Milán para denunciar lo que consideran un modelo de ciudad "insostenible", en una protesta que comenzó de forma pacífica pero terminó en graves enfrentamientos con las fuerzas de seguridad en el sur de la metrópoli italiana.
La movilización, convocada por el denominado Comité Olimpiadas Insostenibles, recorrió unos cuatro kilómetros desde el barrio de Porta Romana hasta Corvetto.
Los manifestantes, entre los que se encontraban organizaciones estudiantiles, grupos ecologistas y colectivos de vivienda, levantaron pancartas con el lema "Montañas Libres" y portaron árboles de cartón para simbolizar el rechazo a la deforestación en las zonas alpinas.
La principal crítica apunta al uso masivo de nieve artificial y a la construcción de infraestructuras que, según los organizadores, degradan el ecosistema. Francesca Missana, una manifestante de 29 años, expresó a los medios presentes en la marcha: "Los Juegos ya no son sostenibles desde el punto de vista ambiental ni social, su tiempo ha terminado".

El descontento también tiene una raíz económica profunda. El presupuesto inicial de la cita olímpica, estimado originalmente en 1.360 millones de euros, se habría disparado hasta rozar los 6.000 millones.
A este sobrecosto se suma una denuncia que ha calado hondo en la opinión pública italiana: el desvío de unos 43 millones de euros de fondos originalmente destinados a víctimas de la mafia y femicidios para cubrir baches financieros de la organización.
Alberto di Monte, uno de los organizadores de la marcha, fue tajante al señalar que "estos Juegos se promueven como neutrales en costes, pero se han invertido miles de millones en carreteras en vez de en la protección de las montañas".
La tensión alcanzó su punto máximo cuando un grupo de manifestantes intentó bloquear los accesos al Santa Giulia Arena, una de las sedes clave del hockey sobre hielo. Fue allí donde el cordón policial intervino con equipos antidisturbios, gases lacrimógenos y camiones hidrantes para dispersar a la multitud, luego de que se registrara el lanzamiento de botellas y fuegos artificiales contra los efectivos.
Además de los reclamos locales, la protesta sumó una veta internacional con el rechazo a la presencia de agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) de Estados Unidos en roles de asesoría de seguridad, una medida que ha generado suspicacias y abucheos incluso durante la ceremonia inaugural realizada ayer viernes.

Al caer la tarde, el centro de Milán recuperaba una calma precaria. Los disturbios de hoy dejan al descubierto la fractura entre el evento deportivo global y una parte de la ciudadanía que siente que el costo de la "fiesta olímpica" lo pagan los recursos naturales y los sectores más vulnerables.
Sin detenidos confirmados de manera oficial hasta el momento, pero con un saldo de heridos leves y calles bloqueadas, los Juegos Olímpicos de 2026 inician su cronograma bajo la sombra de una crisis de legitimidad que las autoridades italianas intentan, por ahora, contener mediante la fuerza pública.