La ONU advierte que el mundo ya entró en una era de “bancarrota hídrica global”
La Organización de las Naciones Unidas revela que la crisis del agua ya está aquí, con sistemas al borde del colapso y graves implicancias: con 75% de la población mundial en riesgo hídrico, la presión sobre recursos escasos afecta la producción de alimentos y la estabilidad económica a nivel mundial.
Desde 2010, los conflictos vinculados al acceso y control del agua se multiplicaron, pasando de unas 20 situaciones registradas a más de 400 en 2024.
El planeta atraviesa una crisis sin precedentes en el acceso y la gestión del agua. Así lo advierte un nuevo informe de la Organización de las Naciones Unidas, que sostiene que el mundo ya ingresó en una etapa de “bancarrota hídrica global”, con sistemas al límite de su capacidad de recuperación y consecuencias crecientes para la seguridad alimentaria, la estabilidad social y la paz internacional.
Según el informe elaborado por el Instituto de Agua, Medio Ambiente y Salud de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU-INWEH), el uso excesivo y la contaminación del agua dulce han llevado a numerosos sistemas hídricos a superar puntos críticos de no retorno. Ríos, lagos, acuíferos y humedales están siendo explotados a un ritmo mayor del que pueden regenerarse, mientras que el cambio climático agrava el escenario con sequías más prolongadas y episodios de lluvias extremas.
El autor principal del estudio, el profesor Kaveh Madani, advirtió que “muchos sistemas hídricos críticos ya están en quiebra” y que nadie puede predecir con precisión cuándo podría colapsar el sistema en su conjunto. El derretimiento de glaciares —reservas clave de agua dulce— y la creciente variabilidad climática profundizan una crisis que ya no es futura, sino presente.
La ONU advierte que la escasez hídrica se está convirtiendo en un factor clave de fragilidad social, desplazamientos forzados y tensiones entre países.
Cifras que explican la magnitud del problema
El informe ofrece datos contundentes que dimensionan la gravedad de la situación. Actualmente, el 75% de la población mundial vive en países con inseguridad hídrica o inseguridad hídrica crítica, mientras que alrededor de 2.000 millones de personas habitan zonas donde el suelo se hunde como consecuencia del colapso de acuíferos subterráneos.
Además, el 70% del agua dulce extraída por la actividad humana se destina a la agricultura, lo que genera una presión creciente sobre recursos cada vez más escasos. Más de la mitad de los alimentos que se consumen en el mundo se producen en regiones con reservas de agua inestables o en retroceso, lo que expone la estrecha relación entre agua, alimentos y economía global.
Uno de los ejes más preocupantes del informe es el impacto geopolítico de la crisis hídrica. Desde 2010, los conflictos vinculados al acceso y control del agua se multiplicaron, pasando de unas 20 situaciones registradas a más de 400 en 2024. Grandes ríos como el Colorado, en Estados Unidos, o el sistema Murray-Darling, en Australia, ya no logran llegar al mar de forma sostenida, mientras que ciudades como Chennai, Ciudad del Cabo o São Paulo enfrentaron emergencias de “día cero”, cuando el suministro de agua estuvo a punto de agotarse.
La ONU advierte que la escasez hídrica se está convirtiendo en un factor clave de fragilidad social, desplazamientos forzados y tensiones entre países, en un mundo cada vez más interconectado por el comercio y la migración. Incluso naciones con climas tradicionalmente húmedos enfrentan riesgos crecientes debido a su dependencia de importaciones de alimentos y productos intensivos en agua.
El derretimiento de glaciares y la creciente variabilidad climática profundizan una crisis que ya no es futura, sino presente. REUTERS/Hannibal Hanschke
Un llamado urgente a cambiar el rumbo
El informe sostiene que ya no es posible aspirar a restaurar muchos sistemas a su estado original, pero sí evitar daños mayores. Entre las medidas propuestas figuran la revisión de los derechos de extracción, la transformación de sectores de alto consumo —como la agricultura y la industria— y una gestión urbana más eficiente y equitativa.
“Gestionar la bancarrota hídrica requiere honestidad, valentía y voluntad política”, subrayó Madani. Para la ONU, el agua puede ser también una oportunidad estratégica: uno de los pocos temas capaces de generar consensos globales en un contexto internacional cada vez más fragmentado.