La conexión emocional entre los seres humanos y sus animales de compañía ha dado un paso histórico en la legislación brasileña. El gobernador de São Paulo, Tarcísio de Freitas, promulgó esta semana la denominada “Ley Bob Coveiro” (Bob el Sepulturero).
Esta medida no solo autoriza el entierro de perros y gatos en tumbas y parcelas familiares, sino que reconoce legalmente el vínculo afectivo que trasciende la vida, honrando la memoria de un animal que conmovió a todo un país.
Una década de fidelidad absoluta
La historia que dio origen a la ley comenzó en 2011, en la localidad de Taboão da Serra. Tras el fallecimiento de su dueño, un perro mestizo de pelo largo y color marrón llamado Bob se negó a abandonar el cementerio. A pesar de los reiterados intentos de la familia por llevarlo de regreso a un hogar, el can siempre encontraba el camino de vuelta hacia la tumba de su antiguo compañero.
Con el tiempo, Bob fue adoptado por el personal del cementerio.
Con el tiempo, Bob fue adoptado por el personal del cementerio. Le construyeron una cucha, se encargaron de su salud y alimentación, y el perro pasó a formar parte del paisaje cotidiano del lugar. Sin embargo, su fama no solo creció por su permanencia, sino por su labor "pastoral": Bob solía acompañar otros cortejos fúnebres llevando una pequeña pelota en la boca, un gesto que los deudos interpretaban como un intento de consolar su dolor a través del juego.
Del accidente al precedente legal
El destino de Bob tuvo un final trágico en 2021, cuando fue atropellado por una motocicleta tras salir brevemente del predio. Su muerte generó una movilización popular sin precedentes. Ante el vacío legal de aquel entonces, el Ayuntamiento local debió emitir una autorización excepcional para que el perro fuera sepultado al lado de su dueño.
Hoy, una estatua instalada por la ONG Patre recuerda su legado en el cementerio desde 2022. La placa al pie del monumento resume la esencia de esta nueva ley: "Frente al dolor, Bob nos enseñó a ofrecer pelotas y atención cuando otros más lo necesitan".
El destino de Bob tuvo un final trágico en 2021, cuando fue atropellado por una motocicleta tras salir brevemente del predio.
Una alternativa digna ante la pérdida
El diputado estatal Eduardo Nóbrega, uno de los autores del proyecto, destacó que la ley busca ofrecer una alternativa "digna y accesible" para las familias. Hasta ahora, la única opción legalmente clara era la cremación, cuyos costos suelen ser prohibitivos para gran parte de la población, derivando muchas veces en una disposición inadecuada de los restos.
Con esta sanción, São Paulo se suma a los estados de Río de Janeiro y Santa Catarina, que ya cuentan con normativas similares. A nivel nacional, existe un proyecto de ley federal en la Cámara de Diputados que busca extender este derecho a todo el territorio brasileño, entendiendo que, como afirmó Nóbrega, "quien ha perdido una mascota sabe que não es solo un animal, es familia".
La sanción de la Ley Bob Coveiro no es solo un avance administrativo; es un acto de justicia poética. Refleja un cambio de paradigma social donde los animales ya no son considerados meros objetos, sino integrantes fundamentales del núcleo afectivo. Bob, que pasó su vida cuidando una tumba, hoy cuida el derecho de miles de ciudadanos a no separarse nunca de sus amigos más fieles.