Un devastador terremoto de magnitud 7,4 sacudió el suroeste de Colombia a las 7:34 de la mañana, dejando un saldo trágico de al menos 95 personas fallecidas, más de 900 heridos y 45 edificaciones totalmente destruidas solo en la ciudad de Cali. En diálogo exclusivo con El Litoral, la periodista colombiana Nicole Bravo relató la pesadilla vivida desde su hogar en el barrio El Guabal, el desesperado intento por poner a salvo a su madre en medio de los temblores y el crudo contraste entre la solidaridad ciudadana y la emergencia humanitaria que golpea a los sectores más vulnerables e incomunicados del país.
"Pensaba que nos pasaría lo de Venezuela": el testimonio de una periodista tras el sismo en Colombia
El terremoto de magnitud 7,4 dejó escenas de devastación en Cali y el suroeste colombiano. Con más de 900 heridos y hospitales evacuados, testimonios desde el lugar exponen la dimensión del desastre y la grave crisis de conectividad en los municipios más vulnerables.

"Yo estaba desayunando con mi mamá y me fui a mi cuarto. Dejé el celular, me puse a organizar y de repente escuché que la puerta del armario se azotaba duro y el ventilador se movía con una fuerza impresionante", recordó Nicole Bravo sobre los primeros segundos del movimiento telúrico. Aunque inicialmente pensó que se trataba de un sismo menor, la intensidad no tardó en escalar de forma escalofriante.

Su madre, quien se encontraba en el baño, salió corriendo atemorizada. Sin tiempo para calzarse adecuadamente, ambas descendieron a toda prisa desde un segundo piso hacia la calle. "Íbamos a pie limpio. Mi mamá se devolvió porque la estufa estaba prendida, yo alcancé a ponerme unas sandalias y salimos corriendo hacia la esquina. Todo el tiempo seguía temblando y el movimiento aumentaba. En cámara lenta se me venían las imágenes de los terremotos de Venezuela, México y Perú; pensaba: 'Dios mío, ahora nos está tocando a nosotros y necesito llegar a la esquina para que no se nos caiga algo encima'."

Al alcanzar la esquina, la violencia del impacto impidió que pudieran mantenerse en pie por sí solas. "Se movía tan fuerte que nos abrazamos para no caernos. En ese instante mi mamá se desmayó del impacto. La acosté en el suelo y le decía: 'Ma, levántate porque si esto empeora hay que salir corriendo'. A nuestro alrededor miraba con terror los postes de luz y las casas vecinas", relató Nicole.
Tras calmarse el temblor principal, los vecinos de El Guabal se volcaron a las calles e improvisaron un campamento en una cancha abierta del barrio. Allí, cientos de familias permanecieron más de tres horas sobre colchonetas y sábanas ante el temor a las réplicas, en un contexto de colapso absoluto de los servicios básicos: sin luz, sin agua y con las redes telefónicas e internet interrumpidas.

Un mapa de devastación desigual: hospitales evacuados y torres reducidas a escombros
Alrededor de las 11:00 de la mañana, Nicole salió a recorrer la ciudad en su rol periodístico. Aunque en varios barrios residenciales y en la ladera de la Comuna 20 los daños fueron menores o estéticos, al cruzar el puente vehicular de su zona se encontró con la verdadera magnitud de la tragedia: un edificio de siete pisos y un sótano había quedado convertido en una montaña de ruinas.

La destrucción en Cali se concentró fuertemente en dos puntos estratégicos:
- El sector de La Quinta (Tequendama): considerado el corazón de los servicios de salud de la ciudad. El impacto del sismo obligó a evacuar siete centros médicos. Hasta el momento, cuatro de ellos permanecen inoperativos por daños estructurales severos, entre ellos el Hospital Universitario del Valle —referente de alta complejidad para todo el Pacífico colombiano— y la Clínica Desa. Esta situación ha generado un cuello de botella crítico para la atención de la emergencia.
- El sector de La Luna: zona de alta actividad comercial donde edificaciones de entre cinco y ocho pisos colapsaron por completo o sufrieron el hundimiento de sus primeros niveles. Entre las estructuras derrumbadas figura el predio donde funcionaba una conocida discoteca (antiguo Hotel La Luna).
"Hay lugares donde caminas y parece que no pasó nada, pero te metes una cuadra hacia el barrio y encuentras un edificio totalmente colapsado con personas atrapadas bajo los escombros", explicó la cronista.

Búsqueda a contrarreloj y el angustioso pedido de silencio entre las ruinas
Según el último reporte oficial de la Alcaldía de Cali emitido por la mañana del martes, se contabilizan 95 personas muertas, más de 900 heridos graves atendidos en centros hospitalarios y 86 personas rescatadas con vida de entre los escombros.

Uno de los puntos de mayor tensión es el Edificio Vanessa, donde los equipos de socorro estiman que permanecen atrapadas entre 20 y 25 personas. "Es desgarrador estar ahí trabajando como periodista y escuchar a los rescatistas pedir silencio absoluto a la multitud para gritar: '¿Me escuchan?' esperando una respuesta o un eco desde las profundidades. Es una carga emocional durísima para todos", confiesa Bravo.
Pese a la llegada de brigadas internacionales y refuerzos provenientes de Bogotá, Medellín y Popayán, las manos no alcanzan. Por ello, la ciudadanía civil se ha volcado masivamente a los sitios de desastre provista de palas, picas, seguetas, tapabocas y guantes para colaborar en la remoción de escombros.

El drama invisible del epicentro y la brecha digital en el Chocó
Mientras la atención mediática se concentra en grandes urbes como Cali y Pereira, la situación en las zonas rurales del epicentro reviste un dramatismo incierto debido a la falta total de conectividad.
El epicentro se localizó en el municipio de San José del Palmar, ubicado en el departamento del Chocó, una de las regiones con mayores índices de pobreza multidimensional de Colombia. Con apenas 6.000 habitantes, la localidad enfrenta la catástrofe con recursos económicos alarmantemente escasos. De acuerdo con declaraciones de su alcalde, la Unidad de Gestión del Riesgo local contaba con un presupuesto de tan solo 32 millones de pesos colombianos (monto que no alcanza siquiera para adquirir una vivienda mínima).
Del mismo modo, poblados del norte del Valle del Cauca limítrofes con Chocó y Risaralda permanecen incomunicados, sin suministro eléctrico ni redes móviles, lo que impide precisar la cantidad de víctimas y daños materiales en esas comunidades.

Solidaridad desbordada y una fe intacta
A pesar del dolor y las pérdidas materiales, la respuesta humanitaria en Cali ha sido masiva. En la Plazoleta Jairo Varela, principal centro de acopio ubicado frente a la Alcaldía, las autoridades debieron solicitar una pausa temporal en la recepción de víveres debido al desbordamiento de donaciones entregadas por la población.

"A veces la frase 'la esperanza es lo último que se pierde' suena a cliché, pero hoy siento que no es lo último, sino lo único que nos queda", reflexionó Nicole Bravo. "Ver a cientos de personas esperando al lado de una montaña de polvo con la ilusión de que saquen a su familiar con vida te quiebra. Queremos y esperamos que ocurra un milagro para cada una de esas familias", concluyó la periodista.









