Cómo se vive en Caracas tras la detención de Nicolás Maduro: un testimonio desde la ciudad
Sin electricidad desde las primeras explosiones, con colas para conseguir agua, alimentos y combustible, y con temor a una nueva escalada violenta, una periodista venezolana relató a este medio el escenario que atraviesa la capital tras los anuncios realizados por Estados Unidos. Por razones de seguridad, su identidad se mantiene en reserva.
Caracas, a oscuras. Apagones prolongados y calles semivacías tras las explosiones registradas en distintos puntos de la ciudad. Crédito: REUTERS
Caracas atraviesa horas de extrema incertidumbre. A más de doce horas de las primeras detonaciones registradas en la ciudad, amplios sectores continúan sin suministro eléctrico, mientras la población intenta abastecerse de bienes básicos en un clima marcado por el temor, la cautela y la memoria de episodios traumáticos del pasado reciente.
“En la zona donde estoy, en el suroeste de Caracas, la luz se fue inmediatamente después de la primera explosión, cerca de la 1.40. Son casi las seis de la tarde y seguimos sin electricidad”, relató a El Litoral una periodista venezolana en Caracas, quien remarcó que la falta de servicios básicos condiciona tanto la vida cotidiana como el trabajo informativo.
Según su testimonio, durante las horas posteriores a las explosiones se multiplicaron las colas en los pocos comercios que permanecieron abiertos. “Había mucha gente comprando en farmacias y supermercados. En algunos casos, atendían solo por ventanilla y terminaron vendiendo casi todo lo que tenían”, explicó.
Colas para conseguir agua, alimentos por unidades y combustible en medio de la incertidumbre y el temor a una escalada del conflicto. Crédito: Gentileza
La situación se repitió en las estaciones de servicio dolarizadas, donde se observaron largas filas para cargar combustible, y en los puntos de recarga de agua potable. Allí, advirtió, comenzaron a aparecer escenas de fuerte tensión: “Había colas de más de 100 o 200 personas con botellones esperando. En algunos casos llegaron funcionarios armados de cuerpos de seguridad que pidieron privilegios y se ubicaron al frente de la fila”.
Ese clima, señaló, se agrava con la llegada de la noche y la persistencia de los apagones. “La gente está tratando de resguardarse, de conseguir comida y agua, porque hay temor a que se produzca un segundo ataque”, afirmó.
Una ciudad cubierta de humo y silencio
La imagen que dejó el amanecer del 3 de enero quedó grabada en su memoria. “Caracas amaneció como una gran columna de humo. El olor era muy fuerte, distinto al de los fuegos artificiales de Año Nuevo. Era un humo de quemado, una atmósfera triste”, describió.
Tras las explosiones, en zonas cercanas a instalaciones militares, muchas personas buscaron refugio por miedo a la rotura de ventanas. “Después de eso hubo un silencio sepulcral. Ese contraste, entre el ruido de las explosiones y el silencio posterior, fue muy impactante”, señaló.
Una ciudad en vilo. Humo, silencio y movimiento limitado en Caracas, mientras la población sigue de cerca la evolución de los acontecimientos. Crédito: REUTERS
Expectativa contenida y temor a represalias
La periodista explicó que el clima social combina emociones contradictorias. Por un lado, “hay quienes sienten que se está haciendo justicia y que ocurre algo largamente esperado”. Pero, al mismo tiempo, predomina la cautela. “La gente recuerda que en otras oportunidades, cuando estas acciones no tuvieron un desenlace contundente, lo que siguió fueron nuevas olas represivas. Ese es el gran temor”.
En ese contexto, advirtió que no debe perderse de vista el riesgo de una escalada mayor. “Hay presencia de grupos irregulares en distintos puestos y eso puede derivar en situaciones más violentas si el conflicto se profundiza”, alertó.
Informar en medio de la incertidumbre
El trabajo periodístico, reconoció, está severamente limitado. A la falta de electricidad y conectividad se suma el control sobre emisoras y medios. “La mayoría de las radios AM y FM que se pueden sintonizar hoy transmiten información oficial. Eso deja a muchos con una visión sesgada de lo que está pasando”, explicó.
Además, el miedo a represalias condiciona la tarea. “Hoy cualquier periodista que hable de invasión o de estos escenarios se convierte en un posible blanco. Por eso muchas intervenciones se hacen sin identificación y con máximas precauciones”, señaló.
En ese vacío informativo, las redes sociales y el reporte ciudadano se volvieron clave. “Los primeros registros de explosiones en La Guaira y en zonas militares comenzaron a circular por videos de la propia gente. Luego, con verificación, eso se fue difundiendo en los medios”, contó.
En Caracas cargan sus teléfonos con un cable de extensión conectado a una farola luego del ataque. Crédito: REUTERS
Un escenario abierto y frágil
Finalmente, la periodista subrayó que el escenario político permanece abierto y frágil. “Hay mucha incertidumbre. El liderazgo que cohesionaba al poder está fuera del país y ahora hay muchos micropoderes. No está claro cómo van a reaccionar”, sostuvo.
Mientras tanto, Caracas permanece en vilo. “No es una ciudad paralizada, hay circulación de vehículos y movimiento, pero todo está atravesado por la expectativa y el temor. Los acontecimientos pueden cambiar muy rápido y es importante no perder de vista lo que está ocurriendo en el país”, concluyó.